www.cronicamadrid.com
    9 de marzo de 2021

RAUL HERAS

Enterrado a toda prisa el “cadaver político” de Albert Rivera tras perder en siete meses dos millones y medio de votos y 47 escaños, Inés Arrimadas, la actual líder de Ciudadanos, con la interesada ayuda de Pedro Sánchez, ha conseguido que el miedo a perder cuatro gobiernos autonómicos se haya instalado en el PP de Pablo Casado.
El choque es inevitable y Pedro Sánchez tendrá que aceptar que las ideas de Pablo Iglesias chocan con los planes de la misma Europa
A la quinta va la vencida o lo que es lo misma, a la quinta petición del Gobierno de mantener el Estado de Alarma, Pablo Casado y el resto de los 88 parlamentarios del PP tendrán que decir:no.
Puede que Pedro Sánchez y Quim Torra hayan leído a Pio Baroja. No está de moda pese a que algunos de sus personajes parecen haberse reencarnado en nuestros dirigentes políticos de hoy. El escritor vasco, que quiso enseñar a España a vivir en libertad y sin sumisión, escogió una frase grabada en la hoja de una espada para una de sus mejores obras: “ Aut Caesar aut nihil “, Cesar o nada.
Inés Arrimadas ha roto amarras con la herencia, mala herencia, que le dejaron Albert Rivera y algunos d sus más fieles. Desde la presidencia de Ciudadanos ha dejado de estar en el lado del tripartito de la derecha y quiere que su partido vuele más libre en el centro.
Tras la decisión de ERC de votar no a la nueva ampliación del estado de alarma y las dudas del PP, las únicas fichas que puede mover Sánchez son las de Ciudadanos y el PNV. Arrimadas, tras su apabullante victoria en el Congreso de su partido, parece decidida a situarse en el centro. Las dudas surgen en el nacionalismo vasco y en sí la postura que decidan Urquiza y Urkullu esté unida a la de Junqueras y Rufián por un hilo religioso que llega al Vaticano del Papa Francisco.
Podía haber sido más castizo el presidente del Gobierno y recurrir a las lentejas en lugar de negar que haya un “Plan B” frente al Covid 19. La oposición, que encabeza Pablo Casado y que tendrá que votar la nueva ampliación del estado de alarma, ha recibido el mensaje de la forma habitual, por la televisión: “ esto son lentejas, si quieres las votas y sino atente a las consecuencias”.
Llegada la hora de aplicar cada norma y cada exigencia de control nos vamos a encontrar con que haría falta que todos los cuerpos de seguridad del estado se dedicaran a vigilar ese largo camino de las ocho semanas, provincia por provincia.
Este año, negro como la pez, que se nos cae a pedazos va a quedar reflejado en los libros de historia como el peor desde que la democracia regresó a España en 1977. Y el que viene no parece que vaya a mejorar mucho. A la crisis sanitaria por la pandemia le va suceder la crisis económica y dentro de las dos la guerra política.
Antes de que llegara la pandemia nuestra Constitución ya había envejecido mucho más deprisa de lo previsto. Lo que ha puesto de manifiesto la crisis del coronavirus es que los cambios son más urgentes y necesarios.
El lendakari vasco quiere elecciones autonómicas en julio para evitar que el coronavirus pueda volver en otoño y tenga que suspender la cita con las urnas como ocurrió en marzo. Si Urkullu logró y pacto con el presidente gallego un mismo calendario hace unos meses, lo más lógico es que Feijóo le imitara.
Ya estamos en el día después de la pandemia. Los gobiernos de toda Europa comienzan a dar los primeros pasos para que el banco Central asuma la emisión a fondo perdido de un billón y medio de euros. Es lo que quiere España, que necesita su parte. Y sólo hay un camino, llamar a Angela Merkel y convencerla.
El presidente del Gobierno lo ha dicho ya en varias ocasiones: España necesita cientos de miles de millones de euros para salir del agujero económico en el que estamos metidos y que aparecerá en toda su dimensión en el mismo momento en que termine el “estado de alarma”.

El “Día del Trabajo, viernes primero de mayo, se presenta como el último eslabón que debe tener cerrado el Gobierno antes de empezar a eliminar, paso a paso, el “Estado de Alarma”. Sería una locura adelantar las salidas a la calle. Con la alargada sombra de tres elecciones esperando en otoño. Con sus listas de aspirantes esperando.

La técnica del poder ( y 2 )

Nuestra actual democracia tuvo que esperar siete años para que aparecieran mujeres en el Consejo de Ministros. Durante los 14 siguientes aparecieron otras cinco. Hoy representan la mitad del Gobierno. Ninguna de ellas tuvo impacto en la lucha interna de sus compañeros hasta que lo consiguen con Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez.
0,34375