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    30 de septiembre de 2020

RAUL HERAS

Desde que se sentaron a firmar el pre acuerdo entre el PSOE y Podemos para formar el primer gobierno de coalición desde los años de la II República, no hemos vuelto a ver juntos a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Repartieron las cartas entre el resto de jugadores y son éstos, desde Adriana Lastra y Carmen Calvo a Irene Montero y Pablo Echenique, los que están disputando el tan temido torneo de poker descubierto.
El problema que nos afecta a todos, cada día y en los momentos más inesperados, está dentro de la propia memoria: ella misma cambia a su antojo, y cuando no lo hace, por pereza o malicia, deja que la podamos cambiar a voluntad
Sin rivales que le disputen el liderazgo en Ciudadanos, Inés Arrimadas tiene tres meses para “enterrar” la herencia que le ha dejado Albert Rivera. Desde la gestora que dirigirá el partido hasta el Congreso de marzo pueden hacerle una parte del trabajo. Para salvar a la formación tiene un tiempo tasado: la Legislatura.
Diez años para que apenas se noten los cambios en Cataluña. Las caras y los nombres de las formaciones políticas, sí, pero las ideas que se presentan a su aprobación en las urnas, no. Se defiende de forma muy mayoritaria el concepto de nación y el federalismo, ya sea con Artur Más en 2010 o Quim Torra en 2019.
Tiene que irse”. Estas tres palabras pronunciadas por Teodoro Garcia Egea nada más terminar el recuento electoral del 10N despejaron las escasa dudas que le quedaban al candidato Pedro Sánchez sobre lo que tenía que hacer. No estaba en juego la gobernabilidad de España, encima de la mesa de negociaciones quien estaba en peligro eran él y su futuro político.
La espesa red de intereses partidistas y personales que se ha tejido durante los últimos 40 años entre el mundo político y el mundo empresarial está en el centro de los problemas de corrupción que aparecen en los juzgados y en los medios de comunicación. Se empeñan los dirigentes de ambos lados en mirar hacia el pasado, y así hemos resucitado a Fernando VII y su “senda constitucional”.
La historia de poder del socialismo andaluz durante los últimos 37 años no se entiende ni sería posible sin la existencia de los ERE y su utilización para ganar 10 elecciones autonómicas y ayudar de forma muy importante a que el PSOE lo hiciera de igual forma a nivel nacional en las generales desde el año 1982.
La verdad en este final de 2019 es que todos los líderes políticos siguen atrapados en el Laberinto catalán y tendrán que ver como sale cada uno de ellos del mismo, lo digan o lo callen, lo quieran o no, desde Pedro Sánchez en La Moncloa a Carles Puigdemont en su dorado autoexilio. La pregunta: ¿quién puede matar al Minotauro?
Se acabó el insomnio nocturno para el presidente en funciones. Acepta al líder de Podemos de vicepresidente y ambos se disponen a poner en marcha un gobierno “progresista”. Parece, tras el rápido anuncio, que con acuerdos previos con otras fuerzas para acara adelante la investidura. Lo imposible en julio se ha hecho realidad en noviembre.
Sin ninguna duda. El sistema de producción electoral del ex-fundador y disidente de Podemos es el más caro de todo el sistema político. Cada uno de los tres parlamentarios de Más País ha “costado” 198.420 votos, cantidad que aumenta si dejamos a un lado el escaño de Compromís. La clave de un cambio en la Ley electoral no está en la propuesta de Sánchez, está en el cambio de las circunscripciones electorales: pasar de la provincia a la autonomía.
Siete meses más tarde España es más de derechas y menos gobernable. El gran vencedor se llama Santiago Abascal, que alcanza el tercer puesto, y el gran perdedor Albert Rivera, que cae hasta la sexta posición, pero existen otros tres perdedores, medio escondidos entre los números de las urnas.
El tesoro oculto que guarda la Generalitat de Cataluña se llama Mare Nostrum. Es un superordenador capaz de procesar cuatrillones de datos en segundos. No es el Skynet de la serie “Terminator” pero comienza a parecerse. Si Felipe VI le hubiera preguntado por los resultados electorales de este domingo y por la salida al laberinto político en el que vamos a seguir, ya tendría una respuesta con el 95% de acierto.
La base más sólida de Pedro Sánchez no está en los 123 escaños que consiguió el 28 de abril, hay que reducirla en 17, que son los que el PSOE logró en el último reparto en cada provincia. Lo mismo les ocurre a los 42 de Pablo Iglesias con sus siete, y sobre todo a los 57 de Albert Rivera con sus ocho. Los 3 con el miedo en el cuerpo y la vista puesta en Santiago Abascal quien, junto con la abstención, es su “bestia negra”.
Nuevo debate y nueva decepción. Encorsetado, monogolista, con cada uno de los cinco protagonistas más dispuesto a defender su posición y el lugar en el que les deja las encuestas que a debatir de verdad con sus oponentes. El voto del 90% de los españoles estaba decidido y así va a seguir. El presidente en funciones no quiso ni mirar al resto y Abascal prosiguió su ascenso al estrellato.
El presidente en funciones está a punto de conseguir los objetivos que se marcó tras las elecciones del 28 de abril y su fracasada negociación con Unidas Podemos
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