www.cronicamadrid.com
    30 de septiembre de 2020

RAUL HERAS

Con gobierno conseguido in extremis o con elecciones generales convocadas por cuarta vez en cuatro años, esta España que los dirigentes políticos se empeñan en presentar como ingobernable tendrá que ver y encajar una sentencia histórica: la que emita el Supremo sobre los dirigentes independentistas catalanes.
O cambio o muerte. Este puede ser el slogan que Pablo Casado ha impuesto en el Partido Popular tras el desplome del partido en las elecciones del 28 de abril y del 26 de mayo. Y el camino de ese cambio es el mismo que utilizó José María Aznar en 1990 tras el Congreso de Sevilla.
Entre el 22 y el 25 de julio de 2019 las nunca cerradas heridas entre socialistas y comunistas se abrieron ante los ojos de 350 diputados y unos cuantos millones de españoles
De los diez pasos que debían darse para llegar a ser un gran actor, los dos principales los siguieron al pie de la letra Pablo Iglesias y Pablo Casado: hicieron suyo al personaje que representaban en el Congreso y le trasladaron a éste su propia verdad. Por eso triunfaron frente al resto de protagonistas de la obra en varios actos: “Investidura”.
Convertido en el mejor portavoz del Ibex 35, Pedro Sánchez convirtió la abstención en el mejor y más repetido de sus argumentos para lograr la investidura. El único debate real lo protagonizó Pablo Iglesias y lo ganó.
Los hijos mitológicos del dios Marte quisieron imponer su modelo de estado y llevó a la muerte del segundo a manos del primero
Sin Podemos en el Gobierno, Pedro Sánchez no puede lograr su investidura, ni el día 23, ni el día 25 de este julio. Sus 42 escaños son esenciales, aunque el presidente en funciones acepte los de Bildu y los de todo el bloque catalán. Una decisión con mucho riesgo. Los números no salen sin Iglesias.
Sin cerrar las elecciones de abril y mayo de este inacabable 2019 ya estamos (están los políticos ) hablando de las que parecen venir por el camino. Puede que se repitan las generales el 10 de noviembre. Puede que se repitan las autonómicas en esas fechas en Murcia y Madrid. Y en el cada vez más cerca 2020 les toca acudir a las urnas a los vascos y a los gallegos.
Ya tenemos a dos autonomías en tiempo de descuento. Dos fracasos en los Parlamentos autonómicos para el PP, y de rebote para Ciudadanos, y un partido, Vox, que podrá sobrevivir tras los cuatro años de Legislaturas, y que desaparecerá si dice si tras lanzar dos órdagos político al máximo nivel.
Convencidos de que con la Ley D´Hont no basta para controlar la elección de presidente de gobierno a través del bipartidismo, los dos grandes partidos que se han alternado en el poder desde 1979 hasta hoy están de acuerdo en el siguiente paso para mantener su dominio: reformar la Constitución aprobada en año antes en referendum, y el sistema electoral.
Frente a la necesidad de construir, la voluntad de destruir. Ese es el espacio en el que se mueven nuestros líderes políticos. España necesita un gobierno con plena capacidad de actuación y poderes para afrontar los próximos cuatro años. Y lo necesita con urgencia. Y es posible bajo 3 fórmulas.
Si quiere y se atreve, Pedro Sánchez puede conseguir el próximo día 23 una mayoría absoluta de 199 votos, lo que le convertiría en el segundo presidente más votado de nuestra democracia, sólo superado por los 202 que logró Felipe González en 1982.
Es posible y deseable que Pedro Sánchez consiga salir investido como presidente del gobierno o el día 23 o el día 25 de este mes de julio. Si es por mayoría absoluta o mayoría simple carecerá de importancia cuando regrese del Congreso al palacio de La Moncloa y se ponga a cerrar la lista de su nuevo gobierno.
El presidente de la Asamblea de Madrid, Juan Trinidad, está haciendo trampas y de la forma más burda que se puede. Quiere impedir que el candidato del PSOE, Angel Gabilondo, se presente a la investidura. Y para ello invoca un artículo que no contiene ningún mención a la necesidad de contar previamente con todos los votos.
Por encima de la ideología están los países y sus intereses. Pedro Sánchez defendió la ideología socialdemócrata para la presidencia de la Comisión Europea y ha terminado defendiendo el tercer lugar del podio para España.
0,5458984375