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6 de septiembre de 2026
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Camino de sus 48 años y presidenta de la Comunidad de Madrid desde 2019, la avispa que estudió Periodismo y esperó con paciencia su tiempo de crisálida política, en la que la colocó Esperanza Aguirre, ha pasado de ser ninguneada a ser temida, de verla como prescindible a considerarla indispensable, de no tener imagen política a explotar su imagen mejor aún de lo que hizo en sus inicios Pedro Sánchez. Surgió como un volcán desafiante e inesperado, cargado de lava y cenizas que asustan. Estas son sus diez fases de larva curiosa a velutina furiosa:
Sin la Ley de Memoria Histórica de 2007, que impulsó el Gobierno de Rodríguez Zapatero y que Pedro Sánchez amplió y transformó en Ley de Memoria Democrática en 2022, los miedos de Feijóo y Abascal a no conseguir el poder en las próximas elecciones generales no existirían.
Convertido el último Comité Federal del PSOE en el primer gran acto electoral del largo año que nos espera hasta los comicios municipales y autonómicos de 2027, los dirigentes socialistas, los que aplaudieron al líder con el miedo en el cuerpo ante las noticias que se sucedan en los tribunales sobre las corruptelas de quienes fueron sus compañeros desde la sede central de la madrileña calle Ferraz, van a vivir durante los próximos meses con la duda de si su secretario general y presidente del Gobierno hará que las elecciones generales coincidan el 23 de mayo con las que ya están fijadas por ley.
Los escándalos de corrupción que afectan al Gobierno y al PSOE se irán tramitando en los distintos juzgados y tardarán años en terminar con las condenas o absoluciones que dictaminen los jueces. Ese es el camino de la Justicia, que se encontrará con la autopista de la política y las elecciones, con cambios en los gobiernos que salgan de las urnas.
En una semana, el presidente del Gobierno tendrá que enfrentarse al más duro de los Comités Federales de su partido. Más agrio, más dividido y con más miedo entre sus miembros que el que tuvo que afrontar en el mes de julio de 2025, ya con los escándalos de Ábalos, Koldo, Cerdán, Leire, su mujer y su hermano en los tribunales y en las portadas de todos los medios de comunicación cada día. La presidenta, Cristina Narbona, debe moderar una batalla en la que ella misma está implicada “gracias” a esas agendas de la “fontanera”, tan bien guardadas sobre su mesa.
Cada día, la petición de las varias derechas de este país es la misma: queremos que se celebren elecciones generales. Se lo dicen al único que puede convocarlas, que es quien no quiere. Y reciben la misma respuesta: se celebrarán en 2027, cuando haya terminado la actual legislatura.
Miguel Ángel Calama era en 2011 director general de Banesto en Cataluña. Tuvo la suerte de que uno de los últimos actos del Gobierno de Rodríguez Zapatero, antes de entregarle el poder a Mariano Rajoy como vencedor de las elecciones, fuese conceder el indulto a quien en esos momentos era el consejero delegado del Santander y había sido presidente de Banesto tras la intervención del banco por el Gobierno de Felipe González y su posterior venta a Emilio Botín. Esa es la clave.
La secretaria general de Podemos, exministra de Derechos Sociales y psicóloga de profesión, ya ha decidido que será la candidata de su partido en las elecciones autonómicas de la Comunidad de Madrid el 27 de mayo del año próximo. Antes que ella hizo lo mismo la actual ministra de Sanidad y líder de Más Madrid, para competir ambas contra la clara favorita, Isabel Díaz Ayuso, que quiere repetir la mayoría absoluta que tiene el Partido Popular en la Asamblea, y contra el actual ministro de Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López.
La realidad de las matemáticas se impone a los deseos de las buenas obras. Eso, al menos, es lo que se desprende de las palabras del actual presidente del Ateneo de Madrid y portavoz oficioso del expresidente Zapatero. Con la mejor de las intenciones y el peor de los criterios, Luis Arroyo cifró en cincuenta mil euros el valor de las joyas que se encontraron en una de las cajas fuertes del expresidente. Ha pedido perdón y habrá que dárselo ante su evidente desconocimiento del mundo del lujo y la ostentación. Ayudar a los amigos en sus peores momentos merece un reconocimiento; para los buenos, sobran los halagos.
Nada ha cambiado en la vida política de España tras la visita de León XIV. Gobierno y cúpula del PSOE mantienen su defensa cerrada del presidente y secretario general, y la oposición sigue pidiendo su dimisión y la convocatoria de elecciones. Llega la Semana de Pasión para Pedro Sánchez y un auténtico vía crucis para los socialistas, con la presencia de Begoña Gómez ante el juez Peinado y la posibilidad de que adopte medidas cautelares sobre la mujer del presidente, tal y como señaló en su citación, mientras la acusación particular de Hazte Oír pide 24 años de cárcel para ella.
Ningún parlamentario ha querido dejar de aplaudir al Papa. Ni desde la izquierda ni desde la derecha. León XIV ha conseguido que la España católica y la España atea se unan en una imagen desconocida en estos tiempos: la de asumir que el diálogo y la generosidad son los únicos caminos para evitar el dolor y los enfrentamientos; para aceptar que quienes no son o no piensan como uno mismo tienen los mismos derechos. La mayor reivindicación del papel de la Iglesia católica en la vida cotidiana. Ovación merecida hacia un hombre que encarna, en su puesto de vicario de los cristianos, las virtudes del respeto y el perdón.
Desde la felicitación de Mariano Rajoy a Pedro Sánchez como vencedor en la moción de censura de junio de 2018 y su posterior adiós del hemiciclo en busca de una comida reparadora en el restaurante de uno de sus mayores defensores, justo al lado de la plaza de la Independencia, mientras el bolso de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría hacía visible el futuro del Partido Popular, al dirigente socialista que lleva ocho años sentado al frente del Gobierno le persigue la obsesión enfermiza que tienen sus adversarios para que se marche.
El presidente de Castilla-La Mancha y secretario general del PSOE en esa comunidad no descansa ni un día en sus ataques a Pedro Sánchez, al Gobierno que dirige y a la cúpula del Partido Socialista. Mantiene su petición de elecciones generales anticipadas, que deberían ser la consecuencia de una moción de confianza que da por perdida.
Con enorme claridad se lo ha dicho a Núñez Feijóo la portavoz de Junts en el Congreso: si quiere los votos de sus siete parlamentarios, tiene que ir a negociar un posible acuerdo con Carles Puigdemont en su “residencia” de Waterloo. Un intento de humillar al presidente del PP ante la insistencia de este en que apoye su posible moción de censura. Feijóo no debe ir, no puede ir ni le interesa ir. Volvería con el mismo no que tiene ahora y aparecería, a los ojos de sus militantes y votantes, como un dirigente débil y con prisas por echar a Pedro Sánchez del poder.
El secretario general del PSOE, con uniforme vaquero de campaña, les ha dicho a los futuros dirigentes del partido que todos aquellos que le piden, en su papel de presidente del Gobierno, que disuelva las Cortes y convoque elecciones generales antes de que se acabe el año son unos “marrulleros”.
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