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    6 de abril de 2020

RAUL HERAS

La sentencia del TJUE sobre el recurso de Oriol Junqueras es la esperada. Gana el líder de ERC y abre el camino para las “victorias” de Puigdemont, Comín y Ponsatí por los mismos motivos. Lo que ahora necesita Pedro Sánchez, en plena negociación política son diez respuestas clave de nuestro Tribunal Supremo.
El Partido Popular de la Gurtel no estaba, ni está sólo. Tampoco lo estaba Filesa, ni lo estaba el tres por ciento que denunció Maragall en el Parlament. Aquí están salpicados por la corrupción los ERE, está el gobierno del PNV, el gobierno de Puigdemont-Torra, la administración madrileña de Esperanza Aguirre y sus sucesores. Horas y horas invertidas en buscar un gobierno y se deja a un lado el virus que pude destruir todo un sistema.
En mitad de esta semana, el jueves 19 está marcado en rojo. Ese día se sabrá si Junqueras gana al Tribunal Supremo español y abre la puerta para una triple victoria del independentismo catalán. El árbitro está en Luxemburgo y lleva funcionando desde 1952. Lo preside un belga y es un polaco el que enseñó la tarjeta amarilla a España.
Mayoría absoluta conservadora en las elecciones británicas y caída histórica del laborismo que no conocía una derrota así desde hace ochenta años. Boris Johnson ya es el mayor tsunami populista que golpea a la renqueante Europa. Mayor que el del italiano Salvini o el polaco Urban a los que, sin duda, va a apoyar en sus posiciones dentro de la UE.
Los cuatro se han sentado en el despacho de la Presidencia de la Generalitat catalana. Les separan sus orígenes familiares, sus fortunas personales y sus edades. Les une su deseo de lograr la independencia y su pasión por el cine. Allí están, en el comedor privado de la Plaza de San Jaime. Dispuestos a representar una de sus películas favoritas: “La Grande Bouffe”.
Los sueños de otoño de Pedro Sánchez son eso, sueños, que se desvanecen con el paso de los días convertidos en pesadillas. No miró bien el calendario y comprendió mal los objetivos y las necesidades de aquellos a los que necesitaba para mantenerse en la Moncloa. No se puede permitir el lujo de ir a unas terceras elecciones. Lo sabe y lo saben todos.
El presidente del PP o su secretario general deberían programar una sesión de cine fórum “documental” basado en las memorias de Mariano Rajoy, José Manuel García Margallo y Jorge Fernández Díaz, con Cristobal Montoro como comentarista de las imágenes, y con debate previo entre María Dolores Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría. Invitados: todos los actuales dirigentes del partido.
La aritmética parlamentaria se basa en números, y con escaños convertidos en números el candidato socialista a presidente le ha dado a Santiago Abascal un medido triunfo ante Pablo Casado. La víctima ha sido Inés Arrimadas, a la que no sólo le desalojan de los mejores y más visuales escaños, también de la deseada Mesa del Congreso.
Desde que se sentaron a firmar el pre acuerdo entre el PSOE y Podemos para formar el primer gobierno de coalición desde los años de la II República, no hemos vuelto a ver juntos a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Repartieron las cartas entre el resto de jugadores y son éstos, desde Adriana Lastra y Carmen Calvo a Irene Montero y Pablo Echenique, los que están disputando el tan temido torneo de poker descubierto.
El problema que nos afecta a todos, cada día y en los momentos más inesperados, está dentro de la propia memoria: ella misma cambia a su antojo, y cuando no lo hace, por pereza o malicia, deja que la podamos cambiar a voluntad
Sin rivales que le disputen el liderazgo en Ciudadanos, Inés Arrimadas tiene tres meses para “enterrar” la herencia que le ha dejado Albert Rivera. Desde la gestora que dirigirá el partido hasta el Congreso de marzo pueden hacerle una parte del trabajo. Para salvar a la formación tiene un tiempo tasado: la Legislatura.
Diez años para que apenas se noten los cambios en Cataluña. Las caras y los nombres de las formaciones políticas, sí, pero las ideas que se presentan a su aprobación en las urnas, no. Se defiende de forma muy mayoritaria el concepto de nación y el federalismo, ya sea con Artur Más en 2010 o Quim Torra en 2019.
Tiene que irse”. Estas tres palabras pronunciadas por Teodoro Garcia Egea nada más terminar el recuento electoral del 10N despejaron las escasa dudas que le quedaban al candidato Pedro Sánchez sobre lo que tenía que hacer. No estaba en juego la gobernabilidad de España, encima de la mesa de negociaciones quien estaba en peligro eran él y su futuro político.
La espesa red de intereses partidistas y personales que se ha tejido durante los últimos 40 años entre el mundo político y el mundo empresarial está en el centro de los problemas de corrupción que aparecen en los juzgados y en los medios de comunicación. Se empeñan los dirigentes de ambos lados en mirar hacia el pasado, y así hemos resucitado a Fernando VII y su “senda constitucional”.
La historia de poder del socialismo andaluz durante los últimos 37 años no se entiende ni sería posible sin la existencia de los ERE y su utilización para ganar 10 elecciones autonómicas y ayudar de forma muy importante a que el PSOE lo hiciera de igual forma a nivel nacional en las generales desde el año 1982.
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