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1 de marzo de 2026
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Perder más de cien mil votos y diez escaños es motivo más que suficiente para que el candidato del PSOE al Gobierno de Extremadura dimita de forma inmediata, algo que Miguel Angel Gallardo no parece muy dispuesto a hacer. Su derrota estaba escrita al igual que estaba escrito que era un mal líder para ir a las urnas. Lo sabía él, lo sabía Pedro Sánchez y lo sabía todo el espectro político. El secreto de su permanencia estaba en el juzgado de Badajoz que lleva el caso del hermano del presidente. Ser aforado y mantenerse durante año y medio más era primordial, una condición innegociable para el inquilino de La Moncloa.
El año más duro para la política española va a ser 2026. Más ataques , más descalificaciones, más adjetivos uno detrás de otro, los mismos slogans, y una larga cadena de sumarios que se mandarán a juicio y otros que esperar a que les fijen las fechas para celebrarlos. Los dos grandes partidos caminarán en paralelo por las sedes judiciales, con ventaja inicial para el PP dada la dispar potencia de fuego que existe en ambas formaciones a través de los medios de comunicacíón. Un simple vistazo, con criterio profesional permite “colocar” al lado de los populares al setenta u ochenta por ciento de los grandes y clásicos medios periodísticos, desde las cabeceras digitales a las televisiones, y no tanto a las redes sociales.Son el mejor de los apoyos para que Feijóo pueda conseguir ese objetivo ya que forman la primera línea de combate contra las trincheras en la que se están refugiando la mayor parte de los dirigentes socialistas.
El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, estaba detrás del telón y con una entrevista en La Vanguardia ha decidido colocar a la Iglesia española en pleno centro del escenario. No pasaba desde el año 1977 con el cardenal Enrique Tarancón de protagonista. Entonces se trataba de iniciar la transición democrática ; ahora se trata de dar un nuevo empujón a Pedro Sánchez y al PSOE para que abandonen el poder y se autodestruyan. No hay medias tintas, ni falta de conocimiento político. Argüello es culto y conoce a la perfección el efecto que producen las palabras cuando salen de la boca de un dirigente de la Iglesia, en un país que es mayoritariamente católico pese a que no sea muy practicante.
Si se cumplen las previsiones de todos los sondeos electorales, incluido el del CIS, y las sensaciones internas que existen en el PSOE por parte de la mayoría de sus dirigentes, dentro de diez días los socialistas van a sufrir en Extremadura la primera de sus grandes derrotas electorales, al quedar la candidatura que encabeza el procesado Miguel Angel Gallardo por detrás de la popular María Guardiola y del portavoz de Vox, Óscar Fernández. Puede que la candidata de Unidas por Extremadura, la coalición en la que están Podemos, Izquierda Unida y Alianza Verde, Irene de Miguel se salve del derrumbe general de la izquierda pero quedará de forma testimonial ante una derecha que tendrá que unirse para formar gobierno.
El cansancio físico, el derrumbe mental se percibe con claridad en el rostro y en los movimientos de Volodomir Zelensky en su última reunión con los dirigentes de Francia, Gran Bretaña y Alemania, que se han adueñado del discurso belicista de Europa cuando en sus respectivos países están más cuestionados que nunca.
Hace 47 años los llamados “padres de la Constitución” redactaron nuestra Carta Magna con un ojo mirando a los cuarteles y otro a la II República. Todos los partidos que habían conseguido representación parlamentaria en las elecciones de 1977 se pusieron de acuerdo para sentar las bases de un texto que debía unir a los españoles en una meta común y evitar más golpes de estado y más dictaduras, ya fuese blandas, como la de los generales Primo de Rivera y Berenguer, o duras como la de Francisco Franco. Partieron de un principio básico e intocable, sore el que se construyó el resto: España sería una Monarquía parlamentaria o no sería, con el Rey como jefe de las Fuerzas Armadas, un “pequeño detalle” que parece que más de un político de hoy ha olvidado.
El domingo, 21 de diciembre, la lotería política se adelantará en 24 horas a la que cantan todos los años los Niños de San Ildefonso. Los 65 escaños de la Asamblea Extremeña representan el primer asalto electoral - con votos y no con proyecciones de sondeos electorales - entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo: combate en las urnas que tendrá consecuencias en las dos siguientes citas electorales y, también, en las guerras que se libran en los juzgados, desde Badajoz a Tarragona, y que afectan de forma muy directa a los dos grandes partidos.
Con veinte años, el Carles Puigdemont que consiguió convertirse en presidente de la Generalitat el 11 de enero de 2016 militaba en el partido que tenía como jefe a Jordi Pujol, y trabajaba como periodista en el diario “El Punt”. Quería lo mismo que desea ahora y defendía la independencia de Cataluña de la misma forma que lo hizo años más tarde su antecesor al frente del gobierno catalán, Artur Más, con los cuatro puntos que le darían a Cataluña la condición de Estado y fuera de la estructura territorial de España. El no ha cambiado, lo han hecho los otros, los socialistas que encabezan Pedro Sánchez y Salvador Illa, y los populares que tienen a Alberto Núñez Feijóo y a Alejandro Fernández como referencia de la “españolidad” que defendieron de forma tan equivocada Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidente que puso despacho en Barcelona para intentar la misión imposible de convencer al independentismo de renunciar a sus exigencias.
Con seguridad, la gran mayoría de los manifestantes, que pedían hasta la cárcel para el presidente del Gobierno y la convocatoria de elecciones generales, a un tiro de piedra de la sede del PSOE y en la meseta del Paseo del Pintor Rosales desde la que se domina ese viejo aprendiz de rio que es el Manzanares, no sabían dónde está la pequeña ciudad de Debod, en Egipto y mucho menos quienes eran los dioses a los que estaba dedicado: Isis, que representaba la magia, y Amón, que logró convertirse en el rey de los dioses. Cualquier comparación que se pretenda hacer con Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo, sería una mera coincidencia, pese a reconocer que la presidenta de la Comunidad de Madrid posee una considerable dosis de magia política y que el presidente del PP aspira a sentarse en el trono de La Moncloa.
El homenaje al ex presidente de Aragón , Javier Lambán, celebrado en el Senado, unió al “otro PSOE”, el que encabezan Felipe González y Emiliano García Page, con el actual PP de Alberto Nuñez Feijóo. Mientras José Luís Abalos y Koldo García entraban en la cárcel de Soto del Real, la disidencia socialista se unía al presidente del PP, al presidente del Senado y al actual presidente de Aragón para honrar la memoría del dirigente que se opuso a la política de pactos de Pedro Sánchez con el independentismo catalán y las negociaciones con Carles Puigdemont.
El presidente norteamericano no quiere desatar una guerra en la que participen soldados de su país, en la que tendrían un número indefinido de bajas con los correspondientes féretros llegando a suelo americano, homenajes y familias llorando con la bandera de las barras y las estrellas en sus brazos. Trump quiere, necesita mantener el discurso de la paz, pese a que sea una paz falsa y se mantengan los bombardeos. Es lo que está ocurriendo en Gaza, Cisjordanía y en el Líbano, mientras no consigue que esa paz se firma en Ucrania, y que el presidente venezolano salga de Caracas, deje a la oposición de Corina Machado tomar el poder y evitar una intervención directa de la enorme flota que está anclada frente a la costa del país Sudamericano.
La obligada dimisión del Fiscal General , García Ortíz, tras su condena por la Sala Segunda del Supremo, le está sirviendo al PSOE para recuperar una parte del pulso político que lleva perdiendo desde los casos judiciales por corrupción del “equipo” que formaron José Luís Abalos, Koldo Garcia y sobre todo Santos Cerdán. Los militantes y votantes del Partido Socialista encuentran en la decisión del tribunal que ha juzgado a García Ortiz una base de crítica y resistencia frente a lo que consideran operación de la derecha política o para obligar a Pedro Sánchez a dimitir o convocar elecciones generales. Dicen desde el Gobierno y desde la dirección de Ferraz que la “victoria” de Isabel Díaz Ayuso terminará volviendose en contra de los intereses de Núñez Feijóo cuando se vaya a las urnas.
Los tres mosqueteros que creó Alejandro Dumas para que defendieron al Rey y a la veleidosa Reina de Francia contra el malvado Richelieu se han quedado encerrados en el universo de las obras literarias, en el cine y hasta en las versiones perrunas de las series de dibujos animados de la televisión. Los tres eran espadachines consumados y dispuestos a batirse en duelo con las guardia pretoriana del cardenal, el intrigante y poderoso primer ministro. Athos, Porthos y Aramis ya existían antes de que llegara D´Artagnan, pero es gracias al joven gascón cuando alcanzan la gloria. Todo ese universo de ficción novelesca se escribió por capítulos en el diario “Le Siecle” entre marzo y julio de 1844. Salvaron a la Corona y taparon las infidelidades de Ana de Austria. Héroes para el poder y para el pueblo.
A las ocho y media de la tarde del 23 de febrero de 1981 dos hombres hablan por teléfono. Uno, el Rey, está en el palacio de La Zarzuela; otro, el presidente de la Generalitat, está en Barcelona. Una frase queda grabada para la Historia de este país: “tranquilo Jordi, tranquilo”. Juan Carlos I intenta que el político que apenas lleva un año al frente del Gobierno catalán deje a un lado el miedo ante el intento de golpe de estado que está protagonizado el teniente coronel Tejero con su asalto al Congreso de los Diputados. Tardaría cinco horas más en tranqulizarse España.
El próximo día 22 de noviembre se cumplirán los 50 años del regreso de la Monarquía a España, pero no de la Democracia. Para que eso sucediera tuvimos que esperar otros 19 meses, hasta que el 15 de junio de 1977 se celebraran las prmeras elecciones con presencia de todos los partidos, incluído el Partido Comunista que encabezaban Dolores Ibarruri, como presidenta, y Santiago Carrillo como Secretario General. Ese tiempo es el que empleó Juan Carlos I para comenzar a construir el futuro de una Monarquía parlamentaria y constitucional y de una Democracia liberal basada en un texto que votaron la mayoría de los españoles.
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