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    21 de septiembre de 2020

RAUL HERAS

Teresa Rodríguez y José María González Santos se sentían como los siervos rusos de la novela de Nicolai Gogol, listos para ser ignorados, cambiados y hasta vendidos por un Pablo Iglesias convertido en el moderno Pavel Chichikov de la política española.
Quien puede quitarle la presidencia el líder autonómico del PP se llama Santiago Abascal. Basta con mirar los resultados de los comicios de 2015, 2016 y 2019 para comprobarlo.
La obsesión que parece embargar a Inés Arrimadas y, en menos medida, a Pablo Casado para presentarse de forma conjunta en Cataluña, Euskadi y Galicia tiene mucho de “salvavidas” y muy poco de análisis riguroso.
Cuatro de cada cinco ciudadanos catalanes no votarían ni a Ciudadanos, ni al Partido Popular, ni a Vox. La España dura se ha hundido en esa autonomía mientras que las formaciones independentistas avanzan de la mano de la CUP, la izquierda más radical. Eso dicen siete encuestas.
Con 54 años, cumplidos el cuatro de febrero, la “biministra” Montero tiene su gran historia por escribir, con parada en Madrid y regreso triunfal a Sevilla
Tienen todo el derecho los 49 parlamentarios que no han asistido a la inauguración formal de la Legislatura de declararse republicanos y defender la República frente a la Monarquía. Ventajas de la democracia.
Es muy posible que ni Pedro Sánchez, ni Ivan Redondo, ni Felix Bolaños, ni Francisco Salazar, ni Miguel Angel Oliver tengan en su memoria a los “40 de Ayete”. Si hubieran contado con esa cifra política habrían añadido o quitado un cargo a la superestructura que ha creado el presidente en el complejo de La Moncloa para evitar recuerdos incómodos y comparaciones odiosas.
Convertidos en presidentes siameses, uno dentro y otro fuera y ambos apoyados por los 36 escaños que consiguió JxCat en las últimas elecciones autonómicas, Puigdemnt y Torra han convertido sus problemas personales en un problema nacional, más allá de sus deseos independentistas. Cita presidencial con las urnas a la vuelta de la esquina.
Abandonar la acción política y las decisiones, siempre polémicas y controvertidas que implica, para trasladarlas a,os jueces, es muy mala decisión. Basta con leer, oír o ver los medios de comunicación cada día para comprobar que España lleva está sometida, todavía de manera indirecta, al gobierno de los jueces. Toda la estructura del estado, todas las instituciones del estado están en los tribunales, desde miembros de la Casa Real a los Sindicatos, pasando por los partidos políticos, los empresarios, las entidades financieras y hasta la mismísima judicatura.
¿Se llevan bien Felipe VI y Pedro Sánchez?. La pregunta admite todas las contestaciones. Para unos las relaciones son buenas y hasta muy buenas. Para otros son malas y hasta muy malas. En medio todo el abanico de grises. Es un tema tan viejo como la actual democracia. Afectó a Juan Carlos I y a todos los presidentes.
El ex-ministro de Hacienda de los gobiernos de Mariano Rajoy sigue vivo. El presidente quería “matarlo” antes de la Primavera. Le va a resultar imposible. No cuenta con los votos necesarios para aprobar unos nuevos Presupuestos y Cristobal Montoro, desaparecido de la vida pública, vive en la vida económica y administrativa. Sus Presupuestos se siguen utilizando y puede que duren hasta finales de este año, a menos que los independentistas de ERC se decidan por un sí.
Incorporado el 15-M al “sistema” con sus cinco representantes en el Consejo de Ministros, Pedro Sánchez puede presumir, y lo hace, de controlar el centro político, desde el que se ganan las elecciones y se gestiona el poder. Un centro del que se desplazaron el PP y Ciudadanos, arrastrados por Vox, y al que quieren volver tanto Casado como Arrimadas.
Si con 167 escaños Pedro Sánchez tuvo suficiente para lograr la investidura y seguir de presidente del Gobierno, venciendo a la dura oposición de la derecha; para la nueva y crucial batalla que le espera tiene que conseguir 43 votos más. Y esa cifra no se alcanza sin la firma de un acuerdo de paz con Pablo Casado.
Don dinero hace extraños compañeros de cama. Ciudadanos y el PP se han hartado de criticar con la máxima dureza posible y hasta imposible al partido de Carles Puigdemont y al mismo ex presidente. Uno y otro representan todo lo malo que puede haber en Cataluña y no se puede ir con ellos ni a tomar café. Pero...aparece don dinero y el aumento de los sueldos para los parlamentarios y todo cambia.
La política va por delante de la economía en cuanto al poder que ostentan las mujeres
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