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    23 de septiembre de 2019

RAUL HERAS

Sin ningún misterio que desvelar y sin ningún programa propio que ofrecer, Iñigo Errejón ha preferido quedarse en la sombra durante 48 horas, las que necesita su equipo en la Comunidad de Madrid para “elegir “ al líder. Para no atacar al PSOE, ni a Podemos han encontrado la clave de su estrategia: son el centro de la izquierda.
La España política, la de los partidos y sus dirigentes, tiene una obligación principal que está por encima de cualquier otra: organizar la convivencia. Evitar la fragmentación social y los enfrentamientos
Socialistas y populares creen que van a mejorar sus resultados del 28 de abril. Pedro Sánchez pretende sumar veinte escaños de izquierdas y otros diez del centro derecha a los conseguidos en primavera. Sus víctimas: Podemos y Ciudadanos. Pablo Casado, por su parte, cree que también puede pasar de 66 a ochenta escaños. Un trozo de Ciudadanos y otro trozo de Vox. Los dos buscan lo mismo: volver al bipartidismo.
Las tres condiciones que Albert Rivera ha puesto a Pedro Sánchez para que los 57 parlamentarios de Ciudadanos se abstengan en una sesión de investidura son tan posibles de cumplir por parte del líder del PSOE que puede que estemos asistiendo a los primeros pasos hacia un gobierno de coalición en Primavera.
Salvo que los dirigentes políticos estén jugando al “mentiroso”, el 10 de noviembre España volverá a votar para elegir a un presidente del Gobierno. Un fracaso que debería avergonzar a los protagonistas. No de igual manera, ni con las mismas consecuencias si los ciudadanos deciden darles una lección.
Si el martes 17 de septiembre Pedro Sánchez llega al palacio de La Zarzuela para cerrar con el Rey los dos días de consultas que ha fijado con la presidenta del Congreso, y sigue sin contar con los 176 votos necesarios para sacar adelante su investidura por mayoría absoluta, colocará a Felipe VI en una situación comprometida para la Corona.
Son clásicos y antiguos hasta para establecer el cortejo y las condiciones de la boda. Ya se hacía desde siglos antes de que nacieran, y ellos, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, convencidos de la bondad de aquellos usos para que el posterior matrimonio funcione, han escogido la fórmula de la negociación familiar de la dote que debe aportar cada uno antes de sentarse ellos a cerrar el compromiso.
Si Pedro Almodovar contó hace diez años una historia de complejos personales y de celos, pero sobre todo de poder, bajo el título de “ Los abrazos rotos”, esas mismas tres palabras encajan como un guante en la situación política que estamos viviendo en España.
Fueron juntos pero no revueltos en busca de una quimérica independencia de Cataluña, que se conseguiría a través de las resoluciones políticas del Parlament, el control del gobierno de la Generalitat y la presión ciudadana desde las organizaciones sociales como la ANC y la CUP.
Si no hay investidura antes del 28 de este mes de septiembre la culpa será de Pablo Iglesias al que le están cercando políticamente por los cuatro costados. Al líder de Podemos le piden negociar los mínimos que le ofrece Pedro Sánchez y aceptarlos desde la izquierda y la derecha, desde dentro y desde fuera de la coalición.
El tiempo, cuando se junta con la memoria puede convertirse en un arma cruel y de doble filo. En la naciente Primavera de 2012, la presidenta de la Comunidad de Madrid se sentía más libre que nunca para decir y hacer aquello que sentía y pensaba. Esperanza Aguirre, que debía pasar exámenes trimestrales tras su operación de extirpación de un tumor en el pecho, hizo tras las elecciones autonómicas de un año antes un gobierno a su medida, sin pensar que su exhibición de poder se iba a convertir en pruebas en su contra.
Con gobierno conseguido in extremis o con elecciones generales convocadas por cuarta vez en cuatro años, esta España que los dirigentes políticos se empeñan en presentar como ingobernable tendrá que ver y encajar una sentencia histórica: la que emita el Supremo sobre los dirigentes independentistas catalanes.
O cambio o muerte. Este puede ser el slogan que Pablo Casado ha impuesto en el Partido Popular tras el desplome del partido en las elecciones del 28 de abril y del 26 de mayo. Y el camino de ese cambio es el mismo que utilizó José María Aznar en 1990 tras el Congreso de Sevilla.
Entre el 22 y el 25 de julio de 2019 las nunca cerradas heridas entre socialistas y comunistas se abrieron ante los ojos de 350 diputados y unos cuantos millones de españoles
De los diez pasos que debían darse para llegar a ser un gran actor, los dos principales los siguieron al pie de la letra Pablo Iglesias y Pablo Casado: hicieron suyo al personaje que representaban en el Congreso y le trasladaron a éste su propia verdad. Por eso triunfaron frente al resto de protagonistas de la obra en varios actos: “Investidura”.
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