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    18 de agosto de 2018

RAUL HERAS

Sede central en la calle Génova con el sol de Madrid a 48 grados centígrados: sale Mariano Rajoy de su antiguo despacho y entra José María Aznar en el mismo antiguo despacho. Un día después lo hace Antonio Hernández Mancha, el presidente al que echaron del sillón por demasiado aperturista y por los celos que despertaba en Manuel Fraga la presencia de Adolfo Suárez en las inmediaciones de aquella Alianza Popular. Los tres representan el anuncio de los nuevos tiempos en el Partido Popular. Pablo Casado es el anfitrión que les debe mucho a los tres, al primero por dotarle de un discurso político desde Faes, alejado de los postulados oficiales del gobierno del segundo; a éste por haberle dotado de una imagen interna y externa desde su cargo de vicesecretario de Comunicación; y al también abogado del Estado y extremeño el haber sido el primero en ganar unas primarias en el centro derecha, algo que nunca le perdonaron los que habías apostado por Herrero de Miñón. Sin ellos y sin el apoyo final de María Dolores Cospedal - siempre hay que buscar a la mujer en toda ficción que se precie - no habría logrado encumbrarse a la presidencia del partido.
La mayor parte de los entierros en politica dejan al cadaver del perdedor insepulto. Si tienen la ambición y la paciencia suficientes vuelven y a veces consiguen vengarse. Lo vimos con Pedro Sánchez y el PSOE y los acabamos de ver, en una variante muy deportiva, con el Congreso del Partido Popular. La victoria en la primera “etapa” de la lucha por la presidencia no significaba que Soraya Sáenz de Santamría tuviera ganada la carrera, más bien todo lo contrario. Se adivinaba que al segundo, Pablo Casado, le iban a llover los apoyos y así ha sido.
Muchos debían ser los calores que asaltaron a la candidata Santamaría y a sus estrategas en la recta final de la lucha por el poder interno del PP pasa sacar a pasear a un objeto tan castizo como el abanico. Quería ser la metáfora hispana de la apertura política y no se dieron cuenta que representaba justamente lo contrario. El abanico se cierra cuando ha cumplido su objetivo y Soraya quería mantenerlo abierto, que era como decir que nunca iba a conseguirlo.
Entre las varias batallas que se están produciendoi en la guerra por la presidencia del Partido Popular hay una que no aparece en el guión pero que es de las importantes, quizás crucial en el resltado final: la religiosa, la que mantienen dos sectores de la iglesia española tan fuertes como son el Opus Dei, apoyado por los Legionarios de Cristo y los “kikos”, y los vaticanistas democristianos y los jesuitas, por otro
Tras el Congreso del PP del que saldrá un nuevo líder y un nuevo “gobierno” del partido, habrá “cierta piedad” por arriba, ninguna por abajo
Con su llegada al poder y la formación de su primer gobierno - con muchas sorpresas para todo el arco político, incluidos los suyos - Pedro Sánchez ha logrado que su partido se coloque en cabeza y recupere “imagen” entre los votantes de izquierdas, en deterioro de Podemos, pero también de Ciudadanos y PP
Desde el principio de la guerra interna del Partido Popular, sus dos expresidentes han trabajado en la sombra. José María Aznar apoyando a Pablo Casado, Mariano Rajoy haciendo lo propio con Soraya Sáenz de Santamaría. Huérfana de esos apoyos, María Dolores de Cospedal
Nuestro actual presidente es un adicto a la tecnología, habla ingles y sabe que “blockchain” es la base del nuevo monetarismo, del universo oscuro de las cripotomonedas. Recibió una, digamos “clase magistral” por parte de dos de los gurús de nuestra inteligencia patria, ambos unidos por fuertes lazos laborales
La traición y la mentira son dos de los elementos básicos de la política, sobre todo cuando se trata de combatir entre compañeros. Si las hemos visto a lo largo y ancho de nuestra historia patria cómo no las íbamos a encontrar en este penúltimo acto de la larga y dramática guerra de sucesiones del Partido Popular.
La primera de las batallas en el interior del Partido Popular ya tiene una ganadora: Soraya Sáenz de Santamaría ( 21.503 votos ), con mil quinientos votos de diferencia sobre el segundo, Pablo Casado ( 19.907 votos). Una diferencia tan exigua ( un 2,5% de un total de 58.305 votos ) que el resultado final, tras la segunda de las batallas, la que tendrá lugar en el Congreso extraordinario de los días 20 y 21 de este mismo mes, puede hacer que el presidente del partido y candidato a las futuras elecciones generales sea Pablo Casado.
Mientras en Barcelona han apostado por la dureza de la fuerza bruta en sus declaraciones, en Madrid Pedro Sánchez está utilizando el juego de piernas para evitar los golpes
La ruleta del futuro del centro derecha español terminará de girar cuando el candidato que salga de este proceso urgente en el que le han metido con la moción de censura y su triunfo se enfrente a las urnas
Con el presidente Sánchez conversando en inglés con sus colegas europeos en Bruselas y con la presencia de María Jesús Montero, su sucesora como ministra de Hacienda, en el Hemiciclo a Cristobal Montoro le llovieron las felicitaciones de sus compañeros de partido y de gobierno, desde Rafael Catalá a Ignacio Zoido pasando por la incombustible Celia Villalobos - a la que hay que admirar por su tenacidad incluso cuando se equivoca y mucho - y José Luís Ayllón, que eran los más próximos al hombre que ha controlado nuestra finanzas durante seis largos años.
Si el entusiasmo de Podemos en el hemiciclo del Congreso tras ganar Pedro Sánchez la moción de censura pudo parecer tan exagerado que hasta los propios socialistas se miraban entre sí con evidente desconcierto, lo que ha ocurrido después invita a pensar que entre los dos líderes de la izquierda existe algo más que amistad interesada, existe un acuerdo político.
Es una carrera de baja intensidad o lo que es lo mismo, una carrera con poco público y menos interés. La batalla interna del Partido Popular por elegir un presidente y candidato a la Moncloa es aburrida, previsible, sin alma. Los tres candidatos con aspiraciones se hartan de repetir sus slogans ante los militantes que consiguen reunir en sus desplazamientos - que cada vez son menos - sin que se sepa ni bien ni mal qué quieren hacer con el partido si ganan, y menos aún con la España que perdieron el 1 de junio de las manos de Mariano Rajoy. En apenas un mes parece que ha pasado una Legislatura.
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