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    17 de julio de 2019

RAUL HERAS

Sin cerrar las elecciones de abril y mayo de este inacabable 2019 ya estamos (están los políticos ) hablando de las que parecen venir por el camino. Puede que se repitan las generales el 10 de noviembre. Puede que se repitan las autonómicas en esas fechas en Murcia y Madrid. Y en el cada vez más cerca 2020 les toca acudir a las urnas a los vascos y a los gallegos.
Ya tenemos a dos autonomías en tiempo de descuento. Dos fracasos en los Parlamentos autonómicos para el PP, y de rebote para Ciudadanos, y un partido, Vox, que podrá sobrevivir tras los cuatro años de Legislaturas, y que desaparecerá si dice si tras lanzar dos órdagos político al máximo nivel.
Convencidos de que con la Ley D´Hont no basta para controlar la elección de presidente de gobierno a través del bipartidismo, los dos grandes partidos que se han alternado en el poder desde 1979 hasta hoy están de acuerdo en el siguiente paso para mantener su dominio: reformar la Constitución aprobada en año antes en referendum, y el sistema electoral.
Frente a la necesidad de construir, la voluntad de destruir. Ese es el espacio en el que se mueven nuestros líderes políticos. España necesita un gobierno con plena capacidad de actuación y poderes para afrontar los próximos cuatro años. Y lo necesita con urgencia. Y es posible bajo 3 fórmulas.
Si quiere y se atreve, Pedro Sánchez puede conseguir el próximo día 23 una mayoría absoluta de 199 votos, lo que le convertiría en el segundo presidente más votado de nuestra democracia, sólo superado por los 202 que logró Felipe González en 1982.
Es posible y deseable que Pedro Sánchez consiga salir investido como presidente del gobierno o el día 23 o el día 25 de este mes de julio. Si es por mayoría absoluta o mayoría simple carecerá de importancia cuando regrese del Congreso al palacio de La Moncloa y se ponga a cerrar la lista de su nuevo gobierno.
El presidente de la Asamblea de Madrid, Juan Trinidad, está haciendo trampas y de la forma más burda que se puede. Quiere impedir que el candidato del PSOE, Angel Gabilondo, se presente a la investidura. Y para ello invoca un artículo que no contiene ningún mención a la necesidad de contar previamente con todos los votos.
Por encima de la ideología están los países y sus intereses. Pedro Sánchez defendió la ideología socialdemócrata para la presidencia de la Comisión Europea y ha terminado defendiendo el tercer lugar del podio para España.
España se ha convertido en la aguja necesaria para recoser esta Europa que amenaza con romperse en pedazos. Sólo tenemos que abordar nuestra posición desde un acuerdo de estado entre los líderes políticos.
El líder del PSOE confía en salir elegido presidente a mediados de julio. De no conseguirlo “convencerá” al Rey para que firme el decreto de disolución de la Legislatura más corta de nuestra democracia. Mejor ir a las urnas en septiembre que en noviembre. La sombra de los exámenes estudiantiles es alargada.
Los sueños políticos de Albert Rivera son sueños de verano. Están situados en esos últimos días que lo alargan antes de que comiencen de verdad los cursos políticos, económicos y educativos. Para ese reloj necesita dos manecillas con los nombres de Pablo Iglesias y Santiago Abascal.
Si vas de segundo, o lo que es lo mismo, de gregario de lujo, nunca serás el primero. Vale la afirmación para los deportes, para las finanzas y las empresas y para la política. Por eso, Albert Rivera tiene muy difícil sentarse un día en la silla de presidente del Gobierno.
Es la gran pregunta que queda por contestar: ¿Puede impedir Sánchez tener mayoría absoluta en su investidura?. De forma rápida: no puede. El presidente en funciones quiere ganar por goleada en el Congreso, y dos meses de silencio entre teatrales representaciones llevan a pensar que lo logrará. Busca 195 votos en el Congreso a la primera.
Los ciudadanos votan e indican a los dirigentes políticos lo que quieren pero luego, esos mismos dirigentes, negocian en secreto y cambian la voluntad de las urnas con enorme facilidad. En Madrid y en Barcelona. En Navarra y en Andalucia. Mandan los sillones y no los programas. A lo mejor está en Shakespeare la solución.
PSOE y PP serían los grandes beneficiarios, con el regreso de miles de votos, si hubiera que repetir las elecciones generales
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