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    21 de enero de 2020

RAUL HERAS

Incorporado el 15-M al “sistema” con sus cinco representantes en el Consejo de Ministros, Pedro Sánchez puede presumir, y lo hace, de controlar el centro político, desde el que se ganan las elecciones y se gestiona el poder. Un centro del que se desplazaron el PP y Ciudadanos, arrastrados por Vox, y al que quieren volver tanto Casado como Arrimadas.
Si con 167 escaños Pedro Sánchez tuvo suficiente para lograr la investidura y seguir de presidente del Gobierno, venciendo a la dura oposición de la derecha; para la nueva y crucial batalla que le espera tiene que conseguir 43 votos más. Y esa cifra no se alcanza sin la firma de un acuerdo de paz con Pablo Casado.
Don dinero hace extraños compañeros de cama. Ciudadanos y el PP se han hartado de criticar con la máxima dureza posible y hasta imposible al partido de Carles Puigdemont y al mismo ex presidente. Uno y otro representan todo lo malo que puede haber en Cataluña y no se puede ir con ellos ni a tomar café. Pero...aparece don dinero y el aumento de los sueldos para los parlamentarios y todo cambia.
La política va por delante de la economía en cuanto al poder que ostentan las mujeres

Terminada la primera de las batallas, la guerra continúa. Se van a ampliar los frentes y serán especialmente duros los combates de los primeros cien días de la coalición en el gobierno. Tras los intentos de conseguir desertores entre las filas de los que apoyaban la investidura, los tres ejércitos que integran el gran bloque de la derecha nacional van a cuestionar todas y cada una de las medidas que se tomen desde el Consejo de Ministros.
Cuarenta años después, el marxismo que el PSOE abandonó por imposición del entonces secretario general, Felipe González, entrará en el Gobierno de España por imposición del hoy secretario general, Pedro Sánchez. Aquel partido socialista, que fue segundo con 121 escaños en las elecciones generales de marzo de 1979, no se parece en nada al que acaba de ganar las suyas con 120 parlamentarios. González tuvo que abandonar a Marx para llegar al poder tres años más tarde. Sánchez lo ha recuperado para mantenerlo.
Inalcanzable Felipe González y sus 202 apoyos en 1982, los sueños parlamentarios de Pedro Sánchez se dirigían, desde el 10 de Noviembre, a conseguir el sí de 189 escaños en el Congreso. Adelantaría a José María Aznar ( 183 en el año 2000 ) y a Mariano Rajoy ( 186 en 2011 ) pero la realidad le puede llevar a tener que conformarse con menos de 170 en la primera votación y tener que esperar a la segunda.
Tiempo de regalos para todos. Tiempo de sueños cumplidos y esperanzas anheladas. Se pide a Papá Noel y a los Reyes Magos. Siempre hay intermediarios que llevan las cartas de un sitio para otro. Son los elfos o los pajes, que tanto sirven unos como los otros. Pedro Sánchez hizo públicos sus deseos y parece que se los concederán.
El expresidente del Gobierno ejerce de gran consejero en la sombra, tanto de Pablo Casado como de isabel Díaz Ayuso y José Luís Martínez Almeida. Es el tutor invisible que protege los intereses del partido y los suyos propios, con los de Ana Botella en primer lugar. Defender a la presidenta y al alcalde capitalino puede, que al final, sea una cuestión financiera más que política.
En nada se parece el discurso de Felipe VI de este 24 de diciembre de 2019 del que dirigió a los españoles el 3 de octubre de 2017. Son dos imágenes muy distintas de España las que aparecen en ambos. La última está basada en la moderación; la otra en la dureza. Les une la llamada a la unidad, a la solidaridad y a la libertad. Podía haber mencionado otras tres palabras que sí estuvieron presentes hace dos años.
La sentencia del TJUE sobre el recurso de Oriol Junqueras es la esperada. Gana el líder de ERC y abre el camino para las “victorias” de Puigdemont, Comín y Ponsatí por los mismos motivos. Lo que ahora necesita Pedro Sánchez, en plena negociación política son diez respuestas clave de nuestro Tribunal Supremo.
El Partido Popular de la Gurtel no estaba, ni está sólo. Tampoco lo estaba Filesa, ni lo estaba el tres por ciento que denunció Maragall en el Parlament. Aquí están salpicados por la corrupción los ERE, está el gobierno del PNV, el gobierno de Puigdemont-Torra, la administración madrileña de Esperanza Aguirre y sus sucesores. Horas y horas invertidas en buscar un gobierno y se deja a un lado el virus que pude destruir todo un sistema.
En mitad de esta semana, el jueves 19 está marcado en rojo. Ese día se sabrá si Junqueras gana al Tribunal Supremo español y abre la puerta para una triple victoria del independentismo catalán. El árbitro está en Luxemburgo y lleva funcionando desde 1952. Lo preside un belga y es un polaco el que enseñó la tarjeta amarilla a España.
Mayoría absoluta conservadora en las elecciones británicas y caída histórica del laborismo que no conocía una derrota así desde hace ochenta años. Boris Johnson ya es el mayor tsunami populista que golpea a la renqueante Europa. Mayor que el del italiano Salvini o el polaco Urban a los que, sin duda, va a apoyar en sus posiciones dentro de la UE.
Los cuatro se han sentado en el despacho de la Presidencia de la Generalitat catalana. Les separan sus orígenes familiares, sus fortunas personales y sus edades. Les une su deseo de lograr la independencia y su pasión por el cine. Allí están, en el comedor privado de la Plaza de San Jaime. Dispuestos a representar una de sus películas favoritas: “La Grande Bouffe”.
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