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24 de junio de 2026
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Con cuatro años y medio de condena, de los que solo cumplirá uno en servicios sociales, y con sus tres millones setecientos mil euros en los bolsillos, Víctor de Aldama dio, al salir de la sede del Tribunal Supremo, la clave final de la misma: que los que vienen detrás aprendan. Traducido para que todo el mundo lo entienda: si colaboras con la Justicia tienes premio, no entras en la cárcel y te puedes quedar con el dinero que has conseguido con la compra de mascarillas durante la pandemia del Covid.
La Comisión Permanente del CGPJ ha acordado abrir un expediente disciplinario al juez Peinado por sus presunciones sobre el comportamiento de los escoltas de la mujer de Pedro Sánchez, a la que podrían “ayudar” a fugarse de España, y que aparecen en el último auto que dio a conocer la semana pasada. Un expediente que, cuando se termine, no tendrá ninguna importancia, ya que el magistrado estará jubilado.
El 12 de mayo, el presidente del Real Madrid convocaba una inesperada rueda de prensa y, ante un centenar de periodistas, afirmaba, con evidente enfado y mucha tensión, que no estaba enfermo, que no padecía cáncer, que no pensaba dimitir y que convocaba elecciones para que los 75.000 socios del club eligieran al candidato que quisieran. Y que él se iba a presentar: su respuesta en caliente a los que consideraba dirigentes de la conjura para echarle.
Hablaba hace cien años del calor y la sequía de su tierra murciana el poeta Vicente Medina; también de no mandar a los niños a la escuela. Están allí, en los 35 versos de “La cansera” republicana del hombre que votó al Frente Popular en la II República y se marchó a morir al Rosario argentino en agosto de 1937. El consejero de Cultura de la Comunidad de Madrid, que sonríe siempre, le pregunten lo que le pregunten, dispuesto a meterse en los charcos propios y en los ajenos, que por algo admira sin medida a su súper jefa, la presidenta Díaz Ayuso, lo ha rescatado del olvido literario. Flaco favor le hace al sacar a los caminos tumultuosos de estos tiempos al Rocinante de Alonso Quijano, el rocín huesudo y cansado como su amo.
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No es la primera vez, ni será la última. El presidente del Gobierno ya ha demostrado que es capaz de escaparse del laberinto de mentiras que él mismo ha creado. Lo hizo para conseguir los votos necesarios para ganar la moción de censura, lo volvió a hacer para sacar adelante su investidura y lo hará todas las veces que crea necesarias. Doce meses de pasión judicial y política le esperan. Una buena aplicación de “la paradoja de Condorcet” tal vez pueda salvarle.
El último fin de semana de junio, Pedro Sánchez intentará demostrar, con la celebración del Comité Federal del PSOE, que controla el partido y que su decisión de resistir hasta el final de la legislatura, pese a los ataques políticos y las actuaciones judiciales sobre posibles corrupciones de los antiguos responsables de la organización, está apoyada por la gran mayoría de los cerca de trescientos miembros que integran el órgano de gobierno de los socialistas.
El pasado que se resiste a quedarse en los libros de historia y fuera de la memoria de las nuevas generaciones, y el futuro que desea mantenerse en el poder autonómico que detenta, a la espera de “obligar” al PSOE a elegirle como nuevo líder, se han unido otra vez en su única petición en estos tiempos de cólera política: Pedro Sánchez debe inmolarse y entregar el poder a la derecha.
Ser presidente o presidenta de la Comunidad de Madrid, e incluso alcalde o alcaldesa de la capital, es un objetivo político que entraña un riesgo extremo. Se necesita una gran vocación, unas ganas enormes de detentar poder y sueños de empresas más grandes. Lo han sentido en sus carnes desde Joaquín Almunia y Enrique Tierno hasta Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. Lo sienten ahora Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida; incluso lo sienten quienes aspiran a sentarse en esos sillones desde la oposición.
El presidente de Castilla-La Mancha, quiera o no quiera en estos momentos, es la única alternativa que tiene el PSOE para salvarse como partido si las acusaciones que hace el juez Calama al expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, siguen adelante y precipitan su caída política y social. La judicial tardará muchos meses en resolverse y, antes de hacerlo, se habrán celebrado elecciones autonómicas, municipales y generales. El resultado final del caso, con condenas o absoluciones, ya no evitará las consecuencias electorales de los próximos meses.
Estaba condenada a bajar al infierno de la derrota al quedarse sin el suelo electoral que tuvo hace cuatro años su compañero Juan Espadas. Su misión era un imposible en la victoria y su máxima aspiración era impedir que Juanma Moreno consiguiera la mayoría absoluta. Si, de los resultados de este domingo, se quedan en los datos brutales de perder en todas las provincias y verse doblada en votos por su máximo adversario, ella y el PSOE tendrán que analizar su futuro político. El Senado y las listas de las próximas generales son dos salidas que estudiar.
Las derrotas tienen vencedores marginales y la del PSOE en Andalucía no podía ser la excepción. Me recuerda al más famoso concurso de la televisión en España. Todas las semanas, durante doce largos años, tres mujeres conocidas como “las Tacañonas” gritaban a los atemorizados concursantes: “Campana y se acabó”, mientras una de ellas la hacía sonar sobre sus cabezas. Convertidas hoy en el trío real que mueve a la izquierda rebelde española, ni Yolanda, ni Ione, ni Irene están dispuestas a dejar que el concursante Sánchez consiga el premio del apartamento. Aquel, el de la televisión, estaba en la playa. Este ha mejorado mucho y está en La Moncloa.
La balanza que decidirá el resultado final de las elecciones andaluzas tiene en sus dos platillos el peso de los temas que llevarán a Juanma Moreno a seguir gobernando con una mayoría absoluta o con un gobierno de coalición con Vox; o a una inesperada y muy poco probable derrota a manos de María Jesús Montero y el resto de la izquierda. En uno estarán los problemas de la Sanidad andaluza, con uno de los peores índice de España y los efectos de los cribados contra el cáncer; y en el otro los casos de corrupción a nivel nacional que llenan las páginas de los medios de comunicación y los informativos de las televisiones.
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