Ni el laborista británico Anthony Eden, que era el primer ministro de Isabel II; ni el republicano francés, Guy Mollet, consiguieron su objetivo. El principal obstáculo para que aquella intervención bélica y económica tuviera éxito se llamaba Estados Unidos y su presidente, Dwight Eisenhower, que ya reclamaban su condición de nuevo Imperio global tras la II Guerra Mundial y su apoyo a David Ben-Gurión, el sucesor de Jaim Weizmann. La historia había cambiado y la vieja Europa se resistió a representar si papel de escudera de Washingtón. Hoy, el Estrecho de Ormuz ha sustituido a Suez como gran ruta comercial del petroleo que se extrae de las Monarquías del Golfo y de Irán, pero los deseos de control son los mismos; y los actores, también. Ni Starmer es Eden, pero se le parece; lo mismo que ocurre con Macron y Mollet.
El gran enemigo a batir en este siglo XXI es Irán y su régimen teocrático, con la disuasión nuclear como objetivo. Los ayatollah saben, al igual que el resto de los países árabes, que no pueden enfrentarse a Israel, al ser éste el único país que posee la bomba atómica. Y al otro lado de esa red de intereses estratégicos y económicos está el gobierno de Benjamín Netanyahu, que encarna los deseos historicos del pueblo judio de reconstruir el Gran Israel que se extendía por la actual Palestina, el sur del Líbano, una parte de Siria y de Jordania y que llegaba hasta los Altos del Golán, en la frontera con Egipto. Petroleo e historia unidos para afrontar la gran batalla del Siglo XXI, la que ya están librando Estados Unidos y China.
Bombardear la isla de kharg, “por diversión” si hacemos caso al las palabras de Donald Trump, el lugar más estratégico para Iran y su petroleo, del que el 80% se envía a China, es una oferta de intercambio entre Washingtón y Teherán, con Pekín al fondo: si no abres por completo Ormuz, yo te anulo la capacidad de envío de petroleo, pero no la producción del mismo. Este pulso entre Trump y Jamenei, hasta ahora con un final previsible pero a un plazo inaceptable para Europa y el desarrollo de Occidente, necesitabq la “ayuda” de las antiguas potencias, Gran Bretaña y Francia. La presencia de Japón y la invitación a China le sirven a Estados Unidos y a Israel para avanzar en sus otras grandes apuestas y necesidades en Oriente Medio: solo un país amigo puede tener el arma atómica y el crecimento geográfico de Israel no puede pararse en las actuales Gaza y Cisjordania.
El gran desafio para España está en su presencia o ausencia de ese escenario bélico que es Ormuz. La “reubicación” de las tropas españolas que están en Irak es otro paso atrás que aleja a nuestro país del bloque europeo y aún más de USA e Israel. El Gobierno de Sánchez y su estrategia política fundada en el múltiple periodo electoral al que nos enfrentamos, tendrá que definirse con una única salida para quedarnos en el Mediterráneo y no trasladarnos al Indico: alguien tiene que permanecer a este lado de Suez y los Dardanelos para proteger a Europa de ese otro enemigo que es la Rusia de Putin. Los escenarios bélicos y estratégicos se complementan y así parece que se van a prolongar hasta las elecciones generales. Pase lo que pase en las cuatro Autonomías que han ido o van a ir a las urnas, en las que la derecha en conjunto ha barrido a toda la izquierda
El gran desafio para España está en su presencia o ausencia de ese escenario bélico que es Ormuz. El Gobierno de Sánchez y su estrategia política fundada en el múltiple periodo electoral al que nos enfrentamos, tendrá que definirse con una única salida para quedarnos en el Mediterráneo y no trasladarnos al Indico: alguien tiene que permanecer a este lado de Suez y los Dardanelos para proteger a Europa de ese otro enemigo que es la Rusia de Putin. Los escenarios bélicos y estratégicos se complementan y así parece que se van a prolongar hasta las elecciones generales.