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    15 de agosto de 2026

Tur Torres

No es la primera vez, ni será la última. El presidente del Gobierno ya ha demostrado que es capaz de escaparse del laberinto de mentiras que él mismo ha creado. Lo hizo para conseguir los votos necesarios para ganar la moción de censura, lo volvió a hacer para sacar adelante su investidura y lo hará todas las veces que crea necesarias. Doce meses de pasión judicial y política le esperan. Una buena aplicación de “la paradoja de Condorcet” tal vez pueda salvarle.

El último fin de semana de junio, Pedro Sánchez intentará demostrar, con la celebración del Comité Federal del PSOE, que controla el partido y que su decisión de resistir hasta el final de la legislatura, pese a los ataques políticos y las actuaciones judiciales sobre posibles corrupciones de los antiguos responsables de la organización, está apoyada por la gran mayoría de los cerca de trescientos miembros que integran el órgano de gobierno de los socialistas.

El pasado que se resiste a quedarse en los libros de historia y fuera de la memoria de las nuevas generaciones, y el futuro que desea mantenerse en el poder autonómico que detenta, a la espera de “obligar” al PSOE a elegirle como nuevo líder, se han unido otra vez en su única petición en estos tiempos de cólera política: Pedro Sánchez debe inmolarse y entregar el poder a la derecha.

Ser presidente o presidenta de la Comunidad de Madrid, e incluso alcalde o alcaldesa de la capital, es un objetivo político que entraña un riesgo extremo. Se necesita una gran vocación, unas ganas enormes de detentar poder y sueños de empresas más grandes. Lo han sentido en sus carnes desde Joaquín Almunia y Enrique Tierno hasta Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. Lo sienten ahora Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida; incluso lo sienten quienes aspiran a sentarse en esos sillones desde la oposición.

El presidente de Castilla-La Mancha, quiera o no quiera en estos momentos, es la única alternativa que tiene el PSOE para salvarse como partido si las acusaciones que hace el juez Calama al expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, siguen adelante y precipitan su caída política y social. La judicial tardará muchos meses en resolverse y, antes de hacerlo, se habrán celebrado elecciones autonómicas, municipales y generales. El resultado final del caso, con condenas o absoluciones, ya no evitará las consecuencias electorales de los próximos meses.

Estaba condenada a bajar al infierno de la derrota al quedarse sin el suelo electoral que tuvo hace cuatro años su compañero Juan Espadas. Su misión era un imposible en la victoria y su máxima aspiración era impedir que Juanma Moreno consiguiera la mayoría absoluta. Si, de los resultados de este domingo, se quedan en los datos brutales de perder en todas las provincias y verse doblada en votos por su máximo adversario, ella y el PSOE tendrán que analizar su futuro político. El Senado y las listas de las próximas generales son dos salidas que estudiar.

Las derrotas tienen vencedores marginales y la del PSOE en Andalucía no podía ser la excepción. Me recuerda al más famoso concurso de la televisión en España. Todas las semanas, durante doce largos años, tres mujeres conocidas como “las Tacañonas” gritaban a los atemorizados concursantes: “Campana y se acabó”, mientras una de ellas la hacía sonar sobre sus cabezas. Convertidas hoy en el trío real que mueve a la izquierda rebelde española, ni Yolanda, ni Ione, ni Irene están dispuestas a dejar que el concursante Sánchez consiga el premio del apartamento. Aquel, el de la televisión, estaba en la playa. Este ha mejorado mucho y está en La Moncloa.

La balanza que decidirá el resultado final de las elecciones andaluzas tiene en sus dos platillos el peso de los temas que llevarán a Juanma Moreno a seguir gobernando con una mayoría absoluta o con un gobierno de coalición con Vox; o a una inesperada y muy poco probable derrota a manos de María Jesús Montero y el resto de la izquierda. En uno estarán los problemas de la Sanidad andaluza, con uno de los peores índice de España y los efectos de los cribados contra el cáncer; y en el otro los casos de corrupción a nivel nacional que llenan las páginas de los medios de comunicación y los informativos de las televisiones.

El ajedrez es un juego de estrategia, de audacia y de predicción sobre las capacidades del adversario. Nada nuevo si se quiere entender lo que está pasando en Irán y en Palestina. Un mero ajuste de la memoria: hace 70 años la Europa colonial que controlaban Gran Bretaña y Francia intentaron derribar el régimen del presidente Gamal Abdel Nasser en Egipto para volver a controlar el Canal de Suez, tal y como lo habían hecho hasta la revolución militar que acabó con el reinado de Faruq e instaló la República. En 1952 el país árabe se encontraba sumido en una doble crisis: externa, tras la derrota de 1948 frente al recién nacido Israel; e interna, con una crisis económica y social que hizo posible que la organización de los llamados “Oficiales Libres”, con el coronel Nasser al frente, se hiciera con el poder apoyados por una izquierda socialista.

Durante todo el pasado fin de semana, mientras los bombardeos sobre Iran y sobre el sur del Libano se intensificaban por parte de Estados Unidos e Israel, Donald Trump reunía en una de sus campos de golf en Miami a los dirigentes de doce países latinomaericanos que están gobernados por la derecha más afín a sus intereses. Desde la Argentina de Javier Milei al Paraguay de Santiago Peña, todos los mandatarios han pasado por el examen de fidelidad a la doctrina del “right golf”, esa forma de ver el nuevo mundo que pretende imponer el presidente USA desde su afición favorita, el golf.

Sin la inicial acusación en el Tribunal Supremo de Burgos por una supuesta venta fraudulenta de la empresa textil Pekas, en 1986, el presidente de Castilla y León en aquel año, el socialista Demetrio Madrid, no habría dimitido, no se habrían celebrado nuevas elecciones autonómicas en 1987 y José María Aznar no habría llegado a la presidencia de esa Comunidad, la gran baza que le permitió ser elegido por Manuel Fraga para que le sucediera al frente de la entonces Alianza Popular, rechazando la elección de Isabel Tocino.

Sin el Movimiento Sumar de Yolanda Díaz, la unión de Podemos, Izquierda Unida y los Verdes han conseguido site escaños (tuvieron cuatro en 2023) y ocho mil votos más. Irene de Miguel ha sido la encargado de consumar la vengan de Ione Belarra y Pablo Iglesias contra su excompañera y actual vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz. Ha perdido y tiene aún menos fuerza de cara a sus exigencias hacia el presidente y mucha menos respecto al resto de los socios que mantienen a la coalición de izquierdas e independentistas en el poder. En Extremadura se ha celebrado el primero de los asaltos de cara al combate final que serán las elecciones generales. Habrá que ver cómo transcurren los otros tres asaltos que están previsto en Aragón, Castilla y León y Andalucía. Sumar no suma y parece que el “Unidas por…” tiene recorrido.
El escándalo de la italiana y ex responsable de los asuntos internacionales de la Unión Europa, Federica Mogherini, coloca, otra vez, sobre la mesa la estructura de mando de la propia UE frente a los 27 socios que la componen, justo en el momento en el que la paz de Ucrania está más cercana y las conversaciones entre USA y Rusia, Entre Trump y Putin, dejan de nuevo en la marginalidad a la Europa empeñada en invertir quinientos mil millones de euros en ayudas de armamento al gobierno de Volodomir Zelensky. Mal momento para reivindicaciones por más que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, intente navegar entre dos aguas.
En los diez primeros meses de este año, la empresa Indra y los seis principales bancos españoles han aumentado un noventa por ciento su valor medio en Bolsa. Todo un récord de ganancias que tienen a Ana Botín y Angel Escribano como sus claros ganadores. El Santander ya ocupa el segundo lugar en el Ibex 35, tras el, por hasta ahora inabordable, Inditex de Amancio Ortega, con una subida del 103%, seguida en ese porcentaje, pero muy lejos del valor de la entidad cántabra, por el Unicaja que preside José Sevilla. El tercer puesto en esa escalada bursatil lo consigue el BBVA de Carlos Torres, con un 98% pese a la derrota en su OPA sobre el Sabadell de Josep Oliu, la entidad que junto al Bankinter de María Dolores Dancausa, ambos con un setenta y cinco por ciento de aumento sobre lo que aparecía a primeros de año.
Lo que parece evidente siempre merece explicación. Pedro Sánchez ha negociado la amnistía con Carles Puigdemont por la imperiosa necesidad de los siete votos que Junts tiene en el Congreso. Si no fuera así no estaría hablando nadie de la amnistía, ni siquiera ERC, el PNV, Bildu, el BNG o la Cup. El presidente del Gobierno miente por necesidad, al igual que lo hacen la inmensa mayoría de los líderes políticos a lo largo de su vida como tales. Es un hecho, no una crítica moral. Hacen de la necesidad, virtud. Es una de las servidumbres o cualidades que primero aprenden los que hacen de la política su vida. Tiene un precio, a veces muy alto. Los líderes están dispuestos a pagarlo.
El primer ministro de Israel aprovechó unos disparos contra sus soldados y un error en la devolución del cadaver de un secuestrado para volver a bombardear Gaza. No hay paz en la Franja y en Cisjordania cada vez hay más kibutz (colonias agrícolas de judios) acupando más territorio. Netanyahu va a mantener la guerra todo el tiempo que pueda y le dejen para evitar que le juzguen los tribunales de Tel Aviv. La expansión inevitable del Estado de Israel, por mucho que la Comunidad internacional se empeñe en defender la solución de los dos estados en el mismo espacio geográfico, es el deseo mayoritario de un pueblo que no olvida, pese a los siglos trancurridos que Israel era lo que hoy es Palestina, más una parte de Libano, una parte de Jordania, una parte de Siria e incluso una parte de Egipto. El Israel bíblico es la razón de ser, el gran mito de la ultraderecha judia y no va a cambiar.

Los amigos están para ayudar en los problemas, y Donald Trump es amigo de Benjamin Netanyahu. Tan amigo que no dudó ante el Parlamento israelí pedir al presidente Isaac Herzog que lo indultase en los tres juicios que tiene pendiente. Eso, después de llamar al prmera ministro judio “uno de los más grandes líderes en tiempos de guerra, por saber como ganar”. Las acusaciones llevan recorriendo los juzgados desde el año 2016 y han sido numerosas las suspensiones por motivos tan nimios como un constipado y tan importantes como la guerra desatada en Gaza contra Hamas. Sin esa guerra los juicios por soborno, fraude y abuso de confianza se abrían celebrado y Netanyahu podría estar condenado.

Quedan muy lejos los tiempos en los que Isabel Díaz Ayuso, con 25 años, comienza a trabajar en el área de la comunicación con el entonces vicepresidente segundo del Gobierno madrileño. Era el año 2003 y Alfredo Prada, que también era Consejero de Justicia, convence a Esperanza Aguirre de la conveniencia de unir en un mismo espacio físico todos los temas que afectan al día a día de los casos judiciales. Arranca el proyecto de la que será Ciudad de la Justicia, con edificios singulares que llevarán la firma de algunos de los mejores arquitectos del mundo. Hoy, 22 años más tarde, arranca por fin, en la zona de Valdebebas, lo que será el mayor completo judicial del mundo, muy cerca de la Ciudad Deportiva del Real Madrid y del Aeropuerto Adolfo Suárez.

Es imposible no ver la relación que existe entre la situación de Ucrania y la de Gaza. Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu se hablan en la distancia. A mayor destrucción y más muertes en Palestina, más destrucción y más muertes en Kiev y otras ciudades del Donest. Al presidente ruso le condenó la Corte Penal Internacional, al Primer Ministro de Israel le condenan en la ONU, pero ninguno de los dos se da por enterado. Tienen fijados sus objetivos y no los van a abandonar. Rusia quiere mantener el territorio conquistado e incorporado a su Federación, que le permite la conexión terrestre con Crimea y la salida cómoda al Mar Negro mientras Israel quiere que su Estado crezca con la incorporación de la franja de Gaza, una gran parte de Cisjordania con nuevas colonias e incluso mirar al sur del Líbano. Expansionismo vital y agresivo en los que Putin y Netanyahu justifican las dos guerras.

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