El PSOE aumenta 1,7 puntos en intención de voto, alcanzando el 33%, mientras el PP cae a 25,1%. A pesar de la condena a Ábalos, el PSOE supera al PP por casi ocho puntos. La confianza en ambos líderes es baja, con un 69% desconfiando de Sánchez y un 80% de Feijóo.
Los calendarios judiciales tienen el ritmo que impongan los jueces, y estos abren diligencias, instruyen sumarios, suman pruebas y terminan elevando a las respectivas salas sus decisiones sobre la apertura de juicios para los acusados. Por medio están las periciales, las acusaciones fiscales y populares, los recursos… Todo ese entramado legal termina casi siempre de la misma manera, en el noventa por ciento de los casos: condenas de distinta graduación y años de cárcel, que generan nuevas rondas legales en la pirámide judicial hasta llegar al Tribunal Constitucional, a Europa e incluso a las Naciones Unidas.
En estos días de agitación política y nervios en todos los partidos, vendría bien que se recordara la llamada “senda sin lágrimas” de hace dos siglos como ejemplo útil que deberían seguir desde Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo hasta Garamendi, Unai Sordo y Pepe Álvarez, así como el resto de formaciones políticas, financieras y sociales. Lo que está pasando no es una senda arbolada y fresca; es una ruta de asfalto seco y ardiente construida con palabras, una “senda con lágrimas” que afecta al conjunto de los ciudadanos. Aquel rey traidor quiso y pudo acabar con una incipiente democracia; Felipe VI ya ha demostrado que la distancia entre su antepasado y él es sideral y que, desde antes de sentarse en el trono, supo que sin democracia no hay monarquía.
Sin la Ley de Memoria Histórica de 2007, que impulsó el Gobierno de Rodríguez Zapatero y que Pedro Sánchez amplió y transformó en Ley de Memoria Democrática en 2022, los miedos de Feijóo y Abascal a no conseguir el poder en las próximas elecciones generales no existirían.
La Comisión Permanente del CGPJ ha acordado abrir un expediente disciplinario al juez Peinado por sus presunciones sobre el comportamiento de los escoltas de la mujer de Pedro Sánchez, a la que podrían “ayudar” a fugarse de España, y que aparecen en el último auto que dio a conocer la semana pasada. Un expediente que, cuando se termine, no tendrá ninguna importancia, ya que el magistrado estará jubilado.
Cada día, la petición de las varias derechas de este país es la misma: queremos que se celebren elecciones generales. Se lo dicen al único que puede convocarlas, que es quien no quiere. Y reciben la misma respuesta: se celebrarán en 2027, cuando haya terminado la actual legislatura.
El secretario general del Partido Popular, Miguel Tellado, anunció un paquete legislativo para abordar problemas sociales tras la liberación del Congreso de la influencia del PSOE y Sumar.
Elías Bendodo critica a Pedro Sánchez por mantener la democracia "secuestrada" mediante pactos con partidos independentistas, y exige elecciones anticipadas ante la corrupción que rodea al gobierno.
Con enorme claridad se lo ha dicho a Núñez Feijóo la portavoz de Junts en el Congreso: si quiere los votos de sus siete parlamentarios, tiene que ir a negociar un posible acuerdo con Carles Puigdemont en su “residencia” de Waterloo. Un intento de humillar al presidente del PP ante la insistencia de este en que apoye su posible moción de censura. Feijóo no debe ir, no puede ir ni le interesa ir. Volvería con el mismo no que tiene ahora y aparecería, a los ojos de sus militantes y votantes, como un dirigente débil y con prisas por echar a Pedro Sánchez del poder.
El presidente del Gobierno se entrevista con el Papa en el Vaticano mientras el presidente del PNV pide por dos veces que se celebren elecciones generales este mismo año. No son acontecimientos alejados en el tiempo ni en el momento. La relación histórica del PNV con el Vaticano permite analizar la posición política de esa parte de la derecha nacionalista de Euskadi en cada momento de la democracia española, desde los apoyos que ha dado a los diferentes gobiernos centrales hasta el distanciamiento y la crítica a los mismos. Siempre con privilegios económicos de por medio.
El pasado que se resiste a quedarse en los libros de historia y fuera de la memoria de las nuevas generaciones, y el futuro que desea mantenerse en el poder autonómico que detenta, a la espera de “obligar” al PSOE a elegirle como nuevo líder, se han unido otra vez en su única petición en estos tiempos de cólera política: Pedro Sánchez debe inmolarse y entregar el poder a la derecha.
Nadie dudaba de la cómoda victoria de Juan Manuel Moreno en las elecciones andaluzas y así ha sido. El actual presidente de la Junta lleva ocho años en el cargo y tendrá otros cuatro por delante. Incluso si se mantiene en su territorio y vuelve a presentarse en 2031, es muy probable que consiga superar los mandatos del socialista Manuel Chaves entre los años 1990 y 2009. El claro vencedor de las urnas gobernó por primera vez gracias a los apoyos de Ciudadanos y Vox y vuelve a encontrarse en la misma situación. No ha sido el primero en ganar al socialismo andaluz: ese mérito lo tiene Javier Arenas desde 2012, cuando venció a José Antonio Griñán, que no tuvo más remedio que pactar por su izquierda para mantenerse en el despacho del Palacio de San Telmo.
En apenas 24 horas, el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha pasado de los mítines del PSOE en Andalucía para apoyar la candidatura de María Jesús Montero a verse como imputado por el Juzgado 4 de la Audiencia Nacional, ante cuyo titular, el magistrado José Luis Calama, tendrá que declarar el próximo 2 de junio. En el fondo aparecen los 53 millones concedidos a la aerolínea Plus Ultra como rescate durante la pandemia y la duda de si una parte de estos fue destinada a otros usos dentro de una presunta red de blanqueo de capitales. Es el primer jefe de Gobierno desde que se inició la democracia que aparece como investigado por corrupción. Otro clavo que la derecha española, en su conjunto, quiere colocar en el ataúd de Pedro Sánchez.
Juanma Moreno, presidente de la Junta y candidato del PP-A, ha solicitado a PSOE-A y Vox que se abstengan en caso de que el PP no logre la mayoría absoluta en las elecciones andaluzas. Advierte sobre el riesgo de un bloqueo político y defiende un modelo de estabilidad para Andalucía.
Las derrotas tienen vencedores marginales y la del PSOE en Andalucía no podía ser la excepción. Me recuerda al más famoso concurso de la televisión en España. Todas las semanas, durante doce largos años, tres mujeres conocidas como “las Tacañonas” gritaban a los atemorizados concursantes: “Campana y se acabó”, mientras una de ellas la hacía sonar sobre sus cabezas. Convertidas hoy en el trío real que mueve a la izquierda rebelde española, ni Yolanda, ni Ione, ni Irene están dispuestas a dejar que el concursante Sánchez consiga el premio del apartamento. Aquel, el de la televisión, estaba en la playa. Este ha mejorado mucho y está en La Moncloa.
El expresidente del Gobierno durante siete años, ganador de las elecciones de 2011 con mayorías absolutas tanto en el Congreso (186 escaños) como en el Senado (136 escaños), con victorias en la mayoría de las Autonomías y en los grandes Ayuntamientos; que siguió ganando en las urnas y gobernando hasta junio de 2018, no sabía nada de lo que ocurría en el Ministerio del Interior con la llamada “policía patriotica” y sus operaciones para controlar los archivos y las actuaciones del que era el tesorero del Partido Popular. Ni él, ni los dos máximos responsables del ese Ministerio, Jorge Fernández Díaz y Francisco Martínez. Lo ha declarado con rotundidad ante el tribunal del caso “Kitchen” como testigo de relevancia. Si hubo delito habría que atribuirlo a la parte policial, con Eugenio Pino y el resto de comisarios que se sientan en el banquillo, no a los dirigentes políticos.
Si Begoña Gómez, la mujer del presidente del Gobierno, se sienta en el banquillo para ser juzgado de todos o de alguno de los cuatro delitos de los que le acusa el juez Peinado, con un jurado popular, las posibilidades de que sea condenada son tantas como las de que sea absuelta. En cualquiera de los dos supuestos la influencia en las futuras elecciones generales será tan importante como para que Pedro Sánchez mantenga la actual Legislatura hasta su finalización o adelante la cita con las urnas.
El presidente del Partido Popular obliga a la presidenta en funciones de Extremadura a que acepte las exigencias de Vox para lograr mantenerse en su puesto. Cuatro meses ha tardado María Guardiola en aceptar todo lo que había criticado en Óscar Fernández Calle, sobre todo en los temas de inmigración y feminismo. El sillón de la presidencia tenía un precio, que aún sería mayor si en Hungría el ganador de las elecciones fuese Viktor Orbán, que ha supuesto un golpe para la derecha más dura, tanto en Europa como en el resto del mundo.
La derrota del hasta ahora primer ministro de Hungría, al que en apariencia apoyaban tanto la Rusia de Putin como los Estados Unidos de Trump, va a cambiar las relaciones políticas, financieras y militares dentro de la Unión Europea. Viktor Orbán ha impedido que llegaran a Kiev casi cien ml millones de ayuda militar, algo que Péter Magyar, el gran vencedor en las elecciones, con más del doble de votos y escaños que su adversario, cambiará o, al menos, eso se espera desde Bruselas.
El Coordinador Federal de Izquierda Unida ha conseguido lo que parecía un imposible hasta hace hace unas semanas, que toda la izquierda que se declara marxista se una en una única candidatura para afrontar las elecciones autonómicas de Andalucía. Los resultados de las urnas en Extremadura, Aragón y Castilla la Mancha, más los malos pronósticos en los comicios del próximo 17 de mayo, son el mejor regalo que podía tener Antonio Maillo, el profesor de latín y miembro del Partido Comunista desde los años noventa del siglo pasado.
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Los dirigentes de la Europa de los 27 países y de la OTAN de los 34, nacida para defender Europa ante la desaparecida URSS y el Pacto de Varsovia, saben que su dignidad la ha tasado el presidente norteamericano en ochocientos mil millones de euros, no para aumentar la felicidad de sus ciudadanos ni para fortalecer su proyecto histórico de espacio democrático de libertades. No; es para invertir en la compra y fabricación de armas con las que mantener la guerra en Ucrania, vencer a la Rusia de Putin y convertir a cada uno de los países en un arsenal militar.
Camino de sus 48 años y presidenta de la Comunidad de Madrid desde 2019, la avispa que estudió Periodismo y esperó con paciencia su tiempo de crisálida política, en la que la colocó Esperanza Aguirre, ha pasado de ser ninguneada a ser temida, de verla como prescindible a considerarla indispensable, de no tener imagen política a explotar su imagen mejor aún de lo que hizo en sus inicios Pedro Sánchez. Surgió como un volcán desafiante e inesperado, cargado de lava y cenizas que asustan. Estas son sus diez fases de larva curiosa a velutina furiosa:
Los escándalos de corrupción que afectan al Gobierno y al PSOE se irán tramitando en los distintos juzgados y tardarán años en terminar con las condenas o absoluciones que dictaminen los jueces. Ese es el camino de la Justicia, que se encontrará con la autopista de la política y las elecciones, con cambios en los gobiernos que salgan de las urnas.
El expresidente del Gobierno y el presidente de Castilla-La Mancha aprovechan cualquier escenario para pedir a su compañero Pedro Sánchez que convoque elecciones generales como respuesta a los casos de corrupción y a las condenas que se acumulan en los juzgados.
En una semana, el presidente del Gobierno tendrá que enfrentarse al más duro de los Comités Federales de su partido. Más agrio, más dividido y con más miedo entre sus miembros que el que tuvo que afrontar en el mes de julio de 2025, ya con los escándalos de Ábalos, Koldo, Cerdán, Leire, su mujer y su hermano en los tribunales y en las portadas de todos los medios de comunicación cada día. La presidenta, Cristina Narbona, debe moderar una batalla en la que ella misma está implicada “gracias” a esas agendas de la “fontanera”, tan bien guardadas sobre su mesa.
La Comunidad de Madrid está preparando un dispositivo tecnológico y logístico para las elecciones autonómicas de 2027, que incluye un Centro de Proceso de Datos y nuevas herramientas digitales para el seguimiento en tiempo real.
Alberto Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, ha solicitado elecciones anticipadas debido al desgaste del Gobierno y la corrupción en torno al PSOE. Durante su intervención en Barcelona, criticó la falta de agenda económica y se presentó como una alternativa de estabilidad y regeneración institucional para España.
El PNV ha instado a Pedro Sánchez a convocar elecciones, argumentando que la legislatura está agotada y que dejar pasar el tiempo no resolverá la crisis de gobernabilidad. Maribel Vaquero, portavoz del PNV, criticó la falta de Presupuestos y leyes importantes, subrayando que no están negociando una moción de censura.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, ha exigido elecciones generales ante la "agónica" situación política de España por casos de corrupción. Critica al Gobierno de Pedro Sánchez y a sus socios parlamentarios, instándolos a retirar su apoyo. La entrada de la Guardia Civil en Ferraz aumenta la presión sobre el PSOE.
Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, exige elecciones generales debido a la corrupción del Gobierno de Pedro Sánchez. Acusa al Ejecutivo de querer suplantar la democracia y defiende a Madrid como bastión contra el "sanchismo". Afirma que en condiciones normales, Sánchez no ganaría unas elecciones.
Ser presidente o presidenta de la Comunidad de Madrid, e incluso alcalde o alcaldesa de la capital, es un objetivo político que entraña un riesgo extremo. Se necesita una gran vocación, unas ganas enormes de detentar poder y sueños de empresas más grandes. Lo han sentido en sus carnes desde Joaquín Almunia y Enrique Tierno hasta Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. Lo sienten ahora Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida; incluso lo sienten quienes aspiran a sentarse en esos sillones desde la oposición.
En apenas 24 horas, el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha pasado de los mítines del PSOE en Andalucía para apoyar la candidatura de María Jesús Montero a verse como imputado por el Juzgado 4 de la Audiencia Nacional, ante cuyo titular, el magistrado José Luis Calama, tendrá que declarar el próximo 2 de junio. En el fondo aparecen los 53 millones concedidos a la aerolínea Plus Ultra como rescate durante la pandemia y la duda de si una parte de estos fue destinada a otros usos dentro de una presunta red de blanqueo de capitales. Es el primer jefe de Gobierno desde que se inició la democracia que aparece como investigado por corrupción. Otro clavo que la derecha española, en su conjunto, quiere colocar en el ataúd de Pedro Sánchez.
El político que creó el nuevo socialismo tras la muerte de Franco y lo gobernó durante veinte años, de los cuales catorce los pasó en la presidencia del Gobierno, ya ha decidido que en las próximas elecciones generales votará en blanco. Es una forma suave de señalar que no está de acuerdo con lo que dice el partido que dirige Pedro Sánchez, pero que no se atreve a defender al Partido Popular de Núñez Feijóo. Ese apoyo a la derecha española lo ha plasmado en Andalucía: mientras todos los que le acompañaron en aquella aventura política, desde Rafael Escuredo a Manuel Chaves, apoyan a María Jesús Montero, pese a saber que será la derrotada este próximo domingo, él se sentó con Juanma Moreno para homenajear a Cayetana de Alba.
El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE conoce a la perfección los mecanismos de “ajuste” que existen en la política. Se pasa de la gloria a la condena con enorme rapidez. Tiene doce meses para escapar de sus actuales pesadillas o para acudir como protagonista a su entierro político y personal.
Vencer al Partido Popular y a Vox en Madrid desde la distancia sideral en votos y escaños que separan a la derecha de la izquierda es casi un imposible. Tanto el candidato del PSOE como la del agrupamiento en torno a esa marca blanca que era Sumar, saben que van a perder, que las posibilidades de hundimiento de la doble derecha en uno de sus feudos existen pero son muy improbables. Le pasó lo mismo a Pablo Iglesias al dejar la vicepresidencia del Gobierno central para encabezar la lista de Podemos y ese puede ser el mejor de los ejemplos y escenarios posibles.
El presidente socialista se siente a gusto con su viraje a la izquierda que comenzó en enero de 2020 tras su alianza con Pablo Iglesias aunque ello no le haya dado más votantes en las elecciones de 2023 y le haya costado perder en casi todos los comicios autonómicos y municipales. El incremento de votantes lo logra a costa de los grupos de izquierda y hasta de los nacionalistas que le ayudaron a tomar por asalto La Moncloa en junio de 2018.
La balanza que decidirá el resultado final de las elecciones andaluzas tiene en sus dos platillos el peso de los temas que llevarán a Juanma Moreno a seguir gobernando con una mayoría absoluta o con un gobierno de coalición con Vox; o a una inesperada y muy poco probable derrota a manos de María Jesús Montero y el resto de la izquierda. En uno estarán los problemas de la Sanidad andaluza, con uno de los peores índice de España y los efectos de los cribados contra el cáncer; y en el otro los casos de corrupción a nivel nacional que llenan las páginas de los medios de comunicación y los informativos de las televisiones.
En un mes Juanma Moreno se convertirá en el delfín más fuerte de Alberto Núñez Feijóo, por encima de Isabel Díaz Ayuso, que será su gran rival si el actual presidente del PP no consigue llegar al gran sillón de La Moncloa. Andalucía es más importante que Madrid, por los escaños que lleva al Congreso y Moreno tiene una imagen con menos aristas que Ayuso.
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