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La crisálida Ayuso y su transformación en velutina furiosa de la derecha española
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La crisálida Ayuso y su transformación en velutina furiosa de la derecha española

miércoles 01 de julio de 2026, 15:29h

Camino de sus 48 años y presidenta de la Comunidad de Madrid desde 2019, la avispa que estudió Periodismo y esperó con paciencia su tiempo de crisálida política, en la que la colocó Esperanza Aguirre, ha pasado de ser ninguneada a ser temida, de verla como prescindible a considerarla indispensable, de no tener imagen política a explotar su imagen mejor aún de lo que hizo en sus inicios Pedro Sánchez. Surgió como un volcán desafiante e inesperado, cargado de lava y cenizas que asustan. Estas son sus diez fases de larva curiosa a velutina furiosa:

1. Se la eligió para perder en las urnas como un paréntesis necesario para reorganizar a la derecha tras el cataclismo de la moción de censura. Y perdió, pero con la suerte como aliada y la experiencia de lo ocurrido en Andalucía gracias a la aparición de Vox unos meses antes, ganó un Gobierno cuando su partido creía que estaba condenado a una larga espera en este epicentro político de España que es Madrid, desde el que se llega a todos los rincones y que influye de forma decisiva en las decisiones que se toman en el resto.

2. Se rodeó desde el primer momento, o la rodearon, de un equipo —con un acreditado Rasputín a la cabeza— que sabía más que ella en cada una de las áreas, pero que la aceptó como jefa desde el primer momento y le dejó todo el protagonismo público de sus decisiones. Nada de elegir mirando hacia abajo: sin miedo y sin complejos, se dispuso a combatir a una izquierda que se había creído ganadora y que no la tomaba en serio, pensando que sería flor de un día, incapaz de analizar las razones de su propio fracaso en las urnas con sucesivos liderazgos que han ido desapareciendo.

3. Aceptó ser líder desde el primer momento, sabiendo cuáles eran sus puntos fuertes y sus más evidentes puntos débiles. Con una sabia y directa explotación pública de los primeros, ocultó los segundos hasta convertirse en líder de la derecha española de toda la vida, la misma que no aceptó la II República, que posibilitó la dictadura de Franco en lo político, que hizo un cambio radical en lo económico y que se hizo más liberal en lo social que la propia izquierda hasta propiciar todos los cambios necesarios a la muerte del dictador.

4. Supo aprovechar la pandemia sanitaria, que destrozó económicamente a todas y cada una de las comunidades, para enfrentarse al Gobierno central y conseguir que los medianos y pequeños empresarios, con sus millones de puestos de trabajo, la convirtieran en la mejor portavoz de sus protestas ante las que consideraban medidas que les llevaban a perder el esfuerzo de toda una vida. Como la mejor vendedora de los mercadillos semanales, logró que una sociedad desesperada comprara sus productos, con el “antisanchismo” como estrella de la oferta semanal.

5. Sin rivales políticos en Madrid por la división de la izquierda, dirigió toda su artillería política hacia el presidente Sánchez y el primer Gobierno de coalición de nuestra historia, convirtiéndose sin querer —o tal vez aceptándolo— en una nueva versión democrática del “Alzamiento Nacional” o del “golpe militar” de 1936 contra la República socialcomunista, convirtiendo al PP de Madrid de 2019 en un producto híbrido entre la CEDA de Gil-Robles y la Falange de Ramiro de Maeztu, con pequeñas dosis del liberalismo de Ortega y el descreimiento de Unamuno.

6. Se convirtió en referencia nacional interclasista, el mejor de los ejemplos de la ruptura del bipartidismo pese a representar las siglas de uno de ellos, del cansancio social hacia la aristocracia de los partidos, ensanchando el voto popular que había ido perdiendo el Partido Popular de Mariano Rajoy; sin pasado político propio que pudiera estorbarla y demostrando que sus años bajo el influjo de Esperanza Aguirre le habían enseñado mucho más de lo que sus adversarios externos e internos creían. Todo ello, con el hundimiento nacional del difuminado centro político de Ciudadanos a su favor.

7. Decidió colocar la imagen y la comunicación como prioridades absolutas de su acción de Gobierno, logrando convertirse ella misma en el centro de todos los ataques de la dividida izquierda, ya se los lanzaran desde la Asamblea madrileña los representantes del PSOE y los antiguos compañeros de Podemos, o desde los desdibujados sillones del Consejo de Ministros del presidente Sánchez, que se enredaba en sus propias contradicciones. Unión interna que frenó el avance más radical de la derecha obligada al apoyo, frente a la fragmentación prolongada de la izquierda.

8. Tenía y mantiene a su favor su propio estilo en el hablar de barrio, que ha ido perfeccionando en sus combates semanales en el Parlamento madrileño, para que se la entienda sin tener que entender de política; en el vestir informal y sin firmas de modistos acreditados, justo lo contrario de lo que han hecho sus adversarias; y hasta en la elección de sus novios y compañeros sentimentales, tan alejados sus tres pilares básicos de la imagen tópica de la derecha rica y poderosa como cercanos a la castigada económica y socialmente clase media española.

9. Tan consciente es de que sin Pablo Casado no estaría donde está como de que debía desprenderse de su vigilancia para conseguir el estrellato en el campo de juego de la gran política. Saliendo desde el banquillo del banquillo, necesitaba un aprendizaje continuo, una testarudez mantenida y una habilidad para comunicar de la que carecen sus adversarios, ya provengan de la oposición o de su propio partido. Ella no pide, como sí hace, por ejemplo, la vicepresidenta Yolanda Díaz, que se una la derecha detrás de su liderazgo; prefiere que la quieran sin tener que pedir el cariño.

10. Si las oportunidades hay que aprovecharlas, y aún más los errores de la oposición y hasta de los ocasionales compañeros de viaje, Isabel Díaz Ayuso convirtió el mal planificado y aún peor ejecutado plan del PSOE para hacerse con tres gobiernos autonómicos —con el suyo como gran objetivo— en la mejor de las pértigas para ganarse un hueco en el panorama de los medios de comunicación internacionales tras una victoria incontestable, muy por encima de lo que pensaban en la dirección nacional del PP. Y si las urnas le han dado la razón, ¿cómo no van a dársela sus compañeros de la cúpula popular de la calle Génova y el equipo que rodea a Núñez Feijóo? También la temen para el futuro, pero hoy la necesitan. Dentro de doce meses casi todo habrá cambiado.