Las elecciones andaluzas del domingo serán el fondo del pozo para el partido que gobernó esa comunidad durante treinta y siete años. A lo máximo que aspira su candidata, María Jesús Montero, es a repetir el desastre de Juan Espadas de hace cuatro años, frente a un PP que puede doblarle en votos y escaños.
La victoria es un imposible y el socialismo andaluz necesitará al menos otros ocho años para salir de la crisis en la que se encuentra. Lo mismo, y aún peor, les ocurre a las formaciones situadas a su izquierda, con Antonio Maíllo empeñado en rescatar del baúl de los recuerdos la imagen de Julio Anguita y de un marxismo que se ha traicionado a sí mismo muchas veces.
Andalucía es un territorio, con sus ocho provincias y sus 109 parlamentarios, conquistado por la derecha gracias a un inesperado regalo que le hizo a Juanma Moreno un visitante llamado Juan Marín, al frente de un espejismo centrista con un nombre tan atractivo como vacío de contenido, Ciudadanos, que quiso conquistar el cielo político con unas alas muy cortas.
En aquel ya lejano 2018, con su peor resultado en las urnas, el PP consiguió el Gobierno andaluz. Estuvo por medio Vox, pero la clave fue Ciudadanos y su líder, Juan Marín. A partir de esas elecciones, el actual presidente popular consiguió su mayoría absoluta y es muy posible que la repita, lo que le abrirá las puertas a dos legislaturas y a convertirse en referencia política para la derecha española.