La actual ministra de Sanidad se mueve por miedo a su propio futuro político dentro de la izquierda, sin pensar y mucho menos sin admitir que Emilio Delgado sea mejor candidato y la persona que ha llevado hasta hora el peso de la oposición a Díaz Ayuso, por encima de la propia Manuela Bergerot y de la municipalista Rita Maestre, sus dos compañeras de militancia con las que cuenta para cerrarle el paso al compañero que aparece un día sí y otro también en la televisión. Una defiende que voten los militantes censados en Más Madrid, el otro que la votación se abra a los ciudadanos que deseen cambiar el poder en la Comunidad frente a la lideresa del Partido Popular. No hay discrepancias en el programa que ofrecer a los ciudadanos, tan sólo se pelean por ver quién dirigirá la oposición desde uno de los escaños de la Asamblea madrileña.
La división interna puede terminar en un pacto antes de la celebración de unas primarias para elegir candidato, con ambiciones en reposo hasta que salgan los resultados de las urnas autonómicas y municipales de mayo del año que viene; o crear una cicatriz en esa parte de la izquierda, en la que más pronto que tarde aparecerá como invitado Podemos, que se mantenga durante toda la futura Legislatura, para contento de la derecha por ver que esos enfrentamientos le darán una buena ventaja a la hora de lograr escaños por la simple aplicación de la Ley D´Hont.
¿El perjudicado más perjudicado?, si duda el socialista Óscar López, que no esperaba el acelerado paso dado por su compañera en el Gobierno. Tendrá que acostumbrarse a estar en la oposición tras dejar el Ministerio y buscar otra salida. Él y Mónica pueden preguntarle al que fuera lider de Podemos por su experiencia personal y política alejado del poder.