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Clavijo mira a las urnas y se convierte en el auténtico enemigo de Canarias
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Clavijo mira a las urnas y se convierte en el auténtico enemigo de Canarias

domingo 10 de mayo de 2026, 12:21h

La estrategia política tras la crisis sanitaria

El presidente de Canarias ha aprovechado el hantavirus para comenzar su particular campaña electoral de cara a los comicios autonómicos de 2027. Se ha autoproclamado defensor de la salud de la población canaria, situándose en contra de todas y cada una de las informaciones reales que se han facilitado, tanto desde el Gobierno Central como desde la Organización Mundial de la Salud. De solidaridad, cero; de mínima exigencia profesional, cero. Fernando Clavijo, en su obsesión por permanecer al frente del gobierno autonómico dentro de doce meses, se ha convertido en el peor enemigo de su tierra.

El miedo es un poderoso argumento y él lo está explotando desde su cómodo despacho en Tenerife. Con su mochila al hombro, ha llevado su enfrentamiento contra el Gobierno Central a unos niveles que no se conocían desde la época histórica del independentista Antonio Cubillo. Con el título de licenciado en Económicas y Empresariales por la Universidad de La Laguna, lleva en política desde que tenía veinte años. Ha ocupado cargos públicos, primero como concejal del Ayuntamiento de su pueblo natal, más tarde como senador y, en dos periodos alternos —gracias a pactos con formaciones tan distintas como el PSOE y el PP—, ha logrado mantenerse al frente del Gobierno. Dotado de la paciencia que tienen los grandes depredadores, se convirtió en un experto en las interioridades de Coalición Canaria, hasta conseguir que la herencia de bonhomía de Ana Oramas quedara en el olvido.

Consecuencias de una postura frentista

Es fácil adivinar que, detrás de su postura contra la llegada del crucero Hondius, lo que subyace es el intento de trasladar a la sociedad canaria que su mejor defensor sigue siendo él, por encima de cualquier otro candidato, incluso dentro de su propio partido. Ha medido mal las consecuencias económicas que tiene su comportamiento para las islas; ha medido mal los mensajes que está lanzando frente al resto de las comunidades autónomas; ha medido mal las consecuencias geoestratégicas ante el cercano y poderoso Marruecos y sus deseos de ampliar las aguas jurisdiccionales; y, sobre todo, ha medido muy mal la seña de identidad que la población canaria lleva siglos defendiendo: ser un lugar de acogida y solidaridad.

Está actuando en unas circunstancias que cree favorables para sus intereses políticos frente a lo que considera un gobierno débil y con fisuras. Compite, en el fondo, no solo contra el Gobierno socialista de Pedro Sánchez, sino que lo hace contra el Partido Popular de Feijóo y el Vox de Santiago Abascal. Ya consiguió cambiar el Estatuto de Autonomía y la singularidad fiscal; el siguiente paso será intentar adelantar a Cataluña, el País Vasco y Galicia por su derecha y demandar derechos históricos para avanzar hacia un federalismo que, en estos momentos, no haría otra cosa que debilitar a nuestro país en Europa y en el resto del mundo. Irresponsabilidad y egoísmo son las dos palabras que mejor le definen en la actualidad.

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