Un arsenal que se quedará obsoleto a gran velocidad y que servirá para mantener los actuales equilibrios estratégicos globales entre EE. UU., China y el resto de naciones emergentes. Esa es la gran versión que defienden y difunden los actuales dirigentes, los mismos que tienen sus días contados al frente de sus respectivos gobiernos. Una forma de intentar escapar de sus propias crisis económicas y sociales y del descontento popular y generacional que han causado.
Donald Trump defiende su eslogan de “América primero” e impone una nueva forma de entender las relaciones internacionales en la que impera la fuerza por encima de las leyes que, hasta ahora y desde el fin de la II Guerra Mundial, parecían regir las relaciones de los Estados al margen de sus diferencias políticas y religiosas. Vladímir Putin, sin usar la misma frase, hace lo mismo: “Rusia primero”. La Guerra Fría entre la ideología liberal —el vencedor— y el comunismo de nuevo rostro —el perdedor— ha vuelto para quedarse. Es reconocible a nivel global y también en el interior de cada país, con sus partidos convertidos en avanzadillas de las agresiones verbales y de un sistema de ascenso y control en las instituciones que favorece el nacimiento y desarrollo de la corrupción.
Nada permanece para siempre, ni las ideas, ni las leyes, ni las estructuras económicas y sociales que aparecen y desaparecen, pero con un denominador común: el poder se consigue y se intenta mantener el mayor tiempo posible. El cambio, hasta ahora y en todos los lugares, siempre ha sido violento y con millones de víctimas, ya sea de forma directa o indirecta. Basta con hacer la lista de los últimos cinco mil años, si te interesa la historia, y de los últimos ochenta o cuarenta si quieres mirar al futuro. El simple hecho de votar cada cuatro años no define por sí solo la democracia. Salvar sus principios, contrarios a cualquier forma de dictadura, exige que los dirigentes elegidos en las urnas defiendan la dignidad de todos; y, para empezar, que respondan a la pregunta que el periodista danés Rasmus Svaneborg le hizo al secretario general de la OTAN, Mark Rutte, tras los ataques de Trump a Dinamarca por Groenlandia y, de forma muy especial, a la España de Pedro Sánchez: ¿te respetas a ti mismo?