29 de agosto de 2025
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El miedo a Vox ha sido una de las claves principales del resultado final de las elecciones del 23-J, convirtiendo lo que iba a ser un paseo triunfal de Feijóo, al estilo de Rajoy en 2011, en un una victoria pírrica. Una buena parte del electorado que el 26 de mayo se decantó por el PP en los comicios municipales y autonómicos ha preferido bloquear la entrada de Abascal en un hipotético gobierno PP-Vox, a lo que hay que añadir como dato significativos el vuelco de parte de los simpatizantes del independentismo catalán, y en menor medida el vasco, hacia Pedro Sánchez.
No ha llegado todavía a La Moncloa, pero Alberto Núñez Feijóo está mostrando ya su carácter gallego que está saliendo a la luz en cada una de las “no instrucciones” que imparte a los barones regionales a la hora de buscar soluciones para gobernar en las Comunidades donde el PP no ha logrado la mayoría absoluta. “Ni sí ni no, ni todo lo contrario”, frente a las tesis madrileñistas de Isabel Díaz Ayuso de ir al encontronazo con Sánchez y con Abascal. ¿Se repetirá la historia de las relaciones entre Rajoy y Esperanza Aguirre?
Todo parece indicar que Pedro Sánchez no conseguirá renovar su gobierno progresista, el problema es que no será lo mismo perder por 14 escaños que fueron los que le faltaron a Felipe González en 1996 cuando tuvo que ceder La Moncloa a José María Aznar al que también le faltaban nada menos que 20 escaños, que hacerlo por goleada como le pasó a Rubalcaba en 2011 frente a Mariano Rajoy. Lo primero sería una derrota dulce, lo segundo su despedida de la política..
Han pasado menos de ocho años desde que Pablo Iglesias lograra doblar el brazo a Alberto Garzón para conseguir que Izquierda Unida aceptara poner su organización al servicio de Podemos. Fue un gran triunfo de Iglesias tras no haber podido dar el que más le hubiera gustado a él, sobrepasar al PSOE como hizo Tsipras en Grecia. Ahora, una ex dirigente de IU, Yolanda Díaz, se toma la revancha y logra que Podemos acepte su liderazgo. El poder vuelve a IU, aunque sea bajo el nombre de Sumar.
El 23 de julio no habrá ganador claro, sino simplemente un perdedor. Eso ourre cuando las eleccionse se celebran sin líderes carismáticos que es lo que las sociedades occidentales modernas demandan a los políticos que de esta manera tienen que buscar convertirse en estrellas y cuando no lo consiguen los comicios se convierten en algo gris donde todo se dilucida a los puntos y por cansancio de los electores.
Lo que ocurre en los partidos españoles es de traca, pase lo que pase en las elecciones, ya sean generales, autonómicas o municipales, aquí no dimite nadie y todos los líderes y segundones se agarran al sillón como si fueran lapas
Aunque todos los medios de comunicación están pendientes de la batalla entre PP y PSOE por los gobiernos municipales y de los autonómicos que se despejarán el 28 de mayo, la realidad es que el hecho más importante que podría ocurrir ese día sería que lo partidos que rompieron el bipartidismo en 2015, al calor del movimiento del 15M desaparecieran o se convirtieran en irrelevantes.
Ni Pedro Sánchez quiere hacer una revolución a la venezolana, ni Alberto Núñez Feijóo está dispuesto a dar un golpe de estado utilizando a los jueces, lo único que pretende el líder socialista es mantenerse en La Moncloa y lo único que le interesa al del PP es llegar a la Moncloa como sea
Las Organizaciones Feministas han convocado una concentración nocturna feminista en Madrid el 16 de diciembre a las 8 de la tarde en la Plaza de las Cortes, enfrente del Congreso de los Diputados
La presidenta madrileña es sin duda la competidora más peligrosa para Pedro Sánchez y La Moncloa se ha puesto manos a la obra para intentar desactivarla antes de que sea tarde. Hasta ahora confiaban con que Feijóo la controlara, pero visto lo visto hasta ahora el líder del PP parece cada vez más pequeño a medida que se agranda la figura de la lideresa madrileña.
“Gracias” al decreto de mayo que sacó el Gobierno de Sánchez para “rebajar” el recibo de la luz, las facturas de los hogares españoles se han casi duplicado. Una familia que consumiera una media de 50 euros al mes, ya ha comenzado a pagar cerca de 100 euros mensuales. Y encima la ministra de Energía, Teresa Ribera, se ríe de todos nosotros afirmando que si no fuera por ella estaríamos pagando el doble. Si ya lo estamos haciendo.
Poco a poco Pedro Sánchez se va deshaciendo de las piezas de ajedrez que movió y utilizó para recuperar la Secretaría General del PSOE tras su defenestración en octubre de 2017. Primero fueron José Abalos y Carmen Calvo, ahora es Adriana Lastra que ha preferido coger la puerta de salida antes de que el líder la despidiera.
Los miedos del presidente del Gobierno no se centran en si las ministras de Podemos van o no romper su alianza –motivos tienen- o si Pere Aragonès reclama la dimisión de Margarita Robles, sino en no acabar como Mariano Rajoy en una moción de censura en la que, en pocos minutos y si n posibilidad de arreglos, todo se le vuelva en contra.
Si alguna persona ha demostrado en el PSOE que es independiente y que no se casa con nadie que ella no quiera, esa es Margarita Robles. Lo demostró cuando Juan Alberto Belloch la nombró secretaria de Estado de Interior y lo volvió a hacer cuando se negó a votar la investidura de Rajoy a pesar de las órdenes de su partido.
El flamante líder del PP no termina de imponerse en las encuestas al PSOE de Sánchez, ni tampoco supera los resultados cosechados por Casado a principios de año, que le daban como ganador en los sondeos. Pese al entusiasmo despertado por la llegada del gallego a Génova, éste no termina de traducirse en un incremento de votos capaz de desbancar a los socialistas. La razón que muchos apuntan, las alianzas autonómicas con Vox y el desgaste del `caso mascarillas´ que atenaza a Almeida y el cobro de comisiones del hermano de Ayuso
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