Las mujeres andaluzas llevaban tiempo denunciando el mal funcionamiento de los cribados de mamografías pero el asunto no ha trascendido a la sociedad hasta que el PSOE lo ha convertido en un argumento contra el presidente del PP andaluz, Juanma Moreno. De la misma manera que no hubiéramos conocido de las andanzas de Santos Cerdán y Abalos si el PP y Vox no lo pudieran aprovechar para echar a Sánchez de La Moncloa.
O Isabel Díaz Ayuso sabe con precisión que su máximo enemigo en las urnas será Vox o no se entiende ese afán que le ha entrado por ponerse a la cabeza del apoyo a Israel o su salida de pata de banco de sugerir a las mujeres que necesiten o que quieran abortar que se vayan de Madrid para hacerlo. Da la sensación que desprecia a la oposición del PSOE y de Mas Madrid hasta el punto de que no le importa ponerse a la cabeza de la ultraderecha.
No lo tiene fácil Podemos para salvar las pruebas a las que les somete Pedro Sánchez y Yolanda Díaz continuamente en el Congreso. Las últimas votaciones en el Congreso para aprobar la Ley de Movilidad Sostenible con la abstención de los cuatro diputados morados, o el embargo de armas a Israel, que Ione Belarra consideraba en ambos casos como insuficientes e incluso un “coladero” en el caso israelí, son una buena muestra de la dificultad de los morados para mantener su propia línea de actuación política frente al abrazo del oso del inquilino de la Moncloa.
La ruptura tenía que llegar más temprano que tarde. Pablo Iglesias, que fue el hacedor de los pactos con los nacionalistas catalanes y vascos para que Pedro Sánchez echara a Rajoy y posteriormente para que apoyaran el gobierno de coalición PSOE-Podemos, está a punto de salir tarifando de la televisión pública catalana donde ejerce de tertuliano por su negativa a aceptar el traspaso del control de la inmigración a la Generalitat.
Si en 2015 era el PSOE el que cayó en picado tras la irrupción de Podemos y Ciudadanos, es ahora el PP el que puede desmoronarse por la subida electoral de Vox que el propio Feijóo, que logró que el partido de extrema derecha no consiguiera entrar en el Parlamento gallego, no se ve capaz de tapar el agujero por el que se le han ido en los últimos meses casi un millón de votos que van a engordar al partido de Abascal.
El presidente del Gobierno hace tiempo que nos tiene ya acostumbrados a sus contradicciones que le llevaron por ejemplo a decir que nunca dormiría tranquilo con Pablo iglesias a su lado para tres meses después ofrecerle la vicepresidencia del Consejo de Ministros. Se podría hacer un libro con sus cambios de opinión, como cuando apoyó la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña para posteriormente aprobar contra viento y marea una amnistía para los independentistas. Por eso la paradoja de Sánchez de enfrentarse a Trump mientras aprueba y hasta amplia las bases militares norteamericanas en España, no le ha extrañado a nadie.
Cierto es que Sánchez quiere sacar rédito de la mentalidad de esa derecha que ahora proclama que los casi 100.00 muertos palestinos es una burda patraña inventada de los propios asesinados por el genocida Netanyahu
La historia se repite, los dos partidos que pactaron loa Transición del franquismo también se repartieron sus beneficios económicos. El 15M fue un duro toque de atención a los dos partidos que fueron definidos como “la misma mierda son”. De ahí nacieron, a derecha e izquierda, varios partidos nuevos que prometían luchar contra esa casta de políticos que se hacían ricos gracias al control de La Moncloa y el Congreso. Ahora no hay alternativa clara y el único partido que suma es Vox, así que Sánchez y Feijóo vuelven a la montaña rusa sin saber qué va a pasar en las próximas elecciones.
Con 360 votos en contra de su caída, 175 a favor y 18 abstenciones, la presidenta de la Comisión Europea logró pasar la moción de censura que presentó el ultraderechista rumano Gheorghe Piperea y respaldada inicialmente por casi 80 diputados de extrema derecha, pertenecientes a los grupos Patriotas por Europa y la Europa de Naciones Soberanas. Su táctica, estilo Sánchez en España, de pedir el voto a su favor para impedir el éxito de la extrema derecha no convenció, sin embargo, a una docena de eurodiputados de La Izquierda que votaron para echarla
Cuando el barco se hunde el último en abandonar debe ser el capitán, eso lo ha recordado Pedro Sánchez para justificar que se queda a pesar de todas las brechas que se le han abierto en el partido y en su propia vida personal.
Ministras y periodistas del PSOE que hace menos de dos meses defendían a capa y espada a Santos Cerdán han tenido que replegarse, como en cualquier batalla política, a una nueva trinchera donde aseguran haber limpiado el partido de indeseables y de estar seguros, ahora, de que no ha habido ni habrá financiación ilegal del PSOE, a diferencia de lo que ocurrió con el PP, cuyos dirigentes también lo negaban hasta que la Justicia condenó al partido.
Si Pablo Iglesias estuviera al frente de Podemos -a lo mejor lo está- estaría valorando las posibilidades que le da de nuevo la vida de poder reemplazar al PSOE, cosa que no pudo hacer en 2015. La caída de Sánchez ofrece esa segunda ocasión para lograr un vuelco del electorado socialdemócrata a su favor. De hecho, el actual inquilino de La Moncloa no ha hecho otra cosa que copiar a Podemos para mantenerse en el poder.
Felipe González ha reconocido muchos años después que fue una equivocación no haberse dejado La Moncloa tras las elecciones de 1993 ya que con ello se hubiera evitado toda la sangría política que tuvo que soportar él y su partido hasta las siguientes elecciones de 1996 donde dejó ya vía libre a José María Aznar. Un ministro y un secretario de Estado, Barrionuevo y Rafael Vera, fueron condenados por el mal uso de los fondos reservados, el gobernador del Banco del España, Mariano Rubio, detenido, y el propio presidente del Gobierno estuvo en un tris de tener que comparecer ante el Supremo acusado de ser la famosa “X” de los Gal. A Sánchez le está pasando lo mismo.
| | Pedro Sánchez el día que recibió a la cantante Melody en Moncloa |
No van a ser la manifestaciones en las calles, ni los ataques del PP o de Vox en el Congreso, sino un convencimiento espontáneo y personal de que así no puede seguir, lo que podría hacer que Pedro Sánchez decidiera dejarlo todo.
Como si fueran sus escuderos en una guerra medieval, ministros y ministras de Pedro Sánchez ejercen un auténtico papel de escuderos intentando que las flechas y los golpes de espada de la oposición no le causen heridas graves. En el combate cuerpo a cuerpo entre PSOE y PP en que se ha convertido la política española, los miembros del gobierno más que manejar sus ministerios se dedican a proteger a su jefe de filas.
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