| Salomé Pradas junto a Carlos Mazón |
La jueza de Catarroja, Núria Ruiz, solo ha encontrado dos imputados que llevarse al banquillo de los acusados tras analizar las diversas querellas interpuestas por sindicatos y asociaciones de damnificados. Se trata de un primer capítulo del largo viaje que espera a la Justicia para analizar, demostrar y culpar a los presuntos responsables de la tragedia que acabó con 225 vidas, gran parte de las cuales se podrían haber evitado probablemente. Carlos Mazón se libra por ahora ya que la jueza tendría que enviar el caso al Supremo por su condición de aforado.
El éxito del chantaje de Trump al presidente colombiano Petro: “Si no aceptas a los inmigrantes que te mando te subiré los aranceles” es un indicio claro de por donde van a ir los tiros –nunca mejor dicho- de la nueva era norteamericana que afectará no solo al patio de Estados Unidos, el continente americano, sino a todo el mundo incluida Europa y también España.
La reciente designación de cinco ministros para encarrilar las próximas elecciones municipales que se celebrarán en mayo de 2027, así como la designación de Teresa Ribera como vicepresidenta de la Comisión Europea, abre la puerta a sospechar que Pedro Sánchez ya está pensando quien puede ser su sucesor/a en las próximas generales si finalmente decide hacerse a un lado tras cumplir dos mandatos.
Todo comenzó cuando Yolanda Díaz decidió vetar la presencia de Irene Montero en las listas electorales de Sumar en julio de 2023. Aquello supuso la ruptura total de la nueva organización montada en torno a la ministra de Trabajo con el Podemos de Pablo iglesias. Fue un auténtica declaración de intenciones pero Yolanda no pudo acabar con Podemos que se quedó con cinco diputados y que en las próximas elecciones pretende batir a Sumar para recuperar el liderazgo de la izquierda.
El lider independentista se ha sacado un as de la manga y está dispuesto a negociar con Feijóo "porque con el PP hemos conseguido más cosas que con los gobiernos del PSOE", como anunció de motu propio su periodista de cabecera, Pilar Rahola, que se encuentra en Estados Unidos en un gira donde ha descubierto también que los norteamericanos están más contentos con Trump que con Biden. El ser un independentista de derechas le permite al ex presidente de la Generalitat huido a Waterloo jugar a dos bandas. cosa que no puede hacer Oriol Junqueras.
Los votantes del PSOE y del PP hace tiempo que se han convertido en forofos de sus respectivos partidos, algo parecido a lo que ocurre en los partidos del Barça y el Madrid donde domina más el amor al escudo y a la camiseta que la razón. El líder del PP, Feijóo se ha metido en una estrategia falsa, quiere ganar un centro político que ya no existe en España y que va a ser muy difícil de recuperar ya que los ciudadanos que están dispuestos a seguir votando, pase lo que pase, no atienden a más razones que las de su partido.
Como un camaleón político en esencia, Pedro Sánchez se prepara para hacer frente a los cambios que provocará la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca. No será fácil, pero tiene ya la experiencia de haberlo tratado en la anterior legislatura y de haberle soportado sus desaires. De todo se aprende.
Todo el mundo cree, incluido Núñez Feijóo, que Pedro Sánchez se irá de La Moncloa cuando él quiera y que dada la situación del Congreso nadie le puede echar, ni siquiera Puigdemont con sus regates en corto para que parezca que tiene en sus manos al gobierno socialista, pero su marcha no será tan tarde como algunos pronostican. Elegirá el primer momento de calma para intentar irse en las mejores condiciones para su persona. Otra cosa es lo que le pase al PSOE como ocurrió cuando se marcharon Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, que necesitó ocho años para recuperarse de la herencia envenenada.
En todo el asunto de la trama Koldo-Abalos ha dejado en el aire una de las interrogantes más sabrosas de lo que de verdad ocurrió entre Pedro Sánchez y su número dos hasta ese momento, José Luis Abalos, para que le echara del gobierno, en julio de 2021 después de haberle defendido a capa y espada tras la crisis de la llegada a Barajas de la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez el 19 enero de 2020, solo una semana después de que se formara el gobierno Sánchez - Pablo Iglesias.
El sainete que ha montado Pugidemont desde Waterloo amenazando con una moción de confianza a Pedro Sánchez no es más que un grito de reclamo del líder independentista al presidente de Gobierno para que le prometa algo, aunque sea mentira, mientras catalanes y españoles en general muestran su desapego por la política.
Como los gatos, Pablo Iglesias parece tener siete vidas y se prepara para resucitar por tercera vez en su breve pero intensa carrera política. Pedro Sánchez le conoce bien y le teme porque no sabe por donde va a salir aunque su contrincante tiene una línea roja que le bloquea: no puede alinearse –mucho menos aliarse- con el PP porque recuerda lo que le pasó a Anguita cuando inició sus famosas conversaciones con Aznar en 1995 para acabar con el gobierno de Felipe González.
| Felix Bolaños y Oriol Junqueras en la mesa de negociación |
La derecha se queja de las “mentiras” de Pedro Sánchez, pero la realidad es que a quien más miente el presidente del gobierno es a sus socios como pueden atestiguar tanto el huido Pablo Iglesias que tuvo que abandonar la vicepresidencia porque no lograba nada con su presencia o como lo denuncian ahora los tres candidatos a dirigir Esquerra Republicana que “amenazan” con dejar de apoyar al líder socialista si sigue sin cumplir los pactos
El “fantasma” del 15-M ha durado 13 años, lo que no está mal para un movimiento improvisado y en muchos casos deslavazado que alcanzó su punto más álgido con la creación de Podemos y su entrada en la política en las elecciones europeas de 2014 y en las generales del 20 de diciembre de 2015 cuando, junto a Ciudadanos, lograron romper el sistema bipartidista del PSOE y del PP.
Se avecina un nuevo curso político en el que Pedro Sánchez lo va a tener más difícil para mantenerse en La Moncloa. No solo por la espada de Damocles que Puigdemont le ha colocado sobre su cabeza, sino porque los años no pasan en balde y el presidente ya enfila su segunda legislatura que históricamente ha sido siempre más complicada para los todo los jefes de gobierno españoles.
Colocado una y otra vez en la encrucijada de si retirarse o seguir en la pelea, el presidente del Gobierno elige una y otra vez mantenerse como sea en el alambre en el que los resultados electorales han convertido a la política española desde que se rompió la fórmula del bipartidismo que hizo funcionar la rueda de la transición del franquismo durante 38 años, desde 1977 en que se hicieron las primeras elecciones post Franco hasta que en 2015 saltó por los aires el sistema.
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