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    31 de enero de 2026

RAFAEL G. PARRA

El presidente del PP lleva mucho tiempo, demasiado, esperando que algunos de los socios de investidura de Sánchez se decida a a votar “si” en una hipotética moción de censura, pero no parece que eso le lleve a ninguna parte. También parece que puede esperar sentado a que el presidente del Gobierno convoque elecciones anticipadas. Pero si el PP se decide a presentar una moción de censura, aunque no la gane, pondría en jaque a varios de los socios de investidura de Pedro Sánchez, que tendrían que justificar su apoyo al líder socialista a pesar de la evidencia de los casos de corrupción.

Vox ha ganado casi 40,000 votos, pasando del 8.12 % al 16.9 % y seis escaños más, lo que le da pie a Santiago Abascal a subir la apuesta que le hará a Feijóo, obligando a María Guardiola a aceptar las mismas o parecidas condiciones que ya puso a Carlos Mazón en la Comunidad Valenciana tras las elecciones de mayo de 2023. El punto clave estará en darle a Vox la presidencia del Parlamento extremeño y los conocidos recortes en Memoria Histórica e inmigración.

La jugada que deseaba hacer María Guardiola convocando elecciones anticipadas para lograr desembarazarse de Vox, como hizo Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, no le ha salido como Feijóo deseaba y aunque se queda a cuatro escaños de la mayoría absoluta sus negociaciones con el líder extremeño del partido de Abascal, Óscar Fernández Calle, van a ser mucho más difíciles que antes.

Pedro Sánchez junto a Cándido Conde-Pumpido, actual presidente del Tribunal Constitucional
Pedro Sánchez junto a Cándido Conde-Pumpido, actual presidente del Tribunal Constitucional

Sánchez prefirió pactar con Puigdemont en vez de hacerlo con el Poder Judicial

Cuando Pedro Sánchez comenzó a tener problemas con el Poder Judicial, uno de los abogados, que no es afiliado al PSOE, al que de vez en cuando se le pedía su opinión desde La Moncloa aconsejó que lo mejor que podía hacer el Gobierno era llegar a un acuerdo con los jueces para alcanzar un pacto que hubiera renovado el Consejo General del Poder Judicial a tiempo –estuvo más de cinco años prorrogado con el mandato caducado- y así hubiera suavizado unas malas relaciones que han marcado las dos legislaturas y que, sin duda, han tenido efectos en los procesamientos de personas cercanas al presidente.
El descubrimiento de las tramas de corrupción en el corazón del PSOE ha puesto en evidencia un enfrentamiento entre dos bloques muy activos que luchaban por lograr el favor del presidente del gobierno: por un lado Santos Cerdán con José Luis Ábalos y otros dirigentes y empresarios que han salido a la palestra y que seguirán emergiendo; y por otro un José Luis Rodríguez Zapatero que se apoya más en el lobby empresarial clásico que gira en torno al ex ministro de Fomento, José Blanco, dedicado a esos menesteres tras abandonar el gobierno del propio ZP en 2011.
A los socios de Pedro Sánchez cada vez se les hace más difícil encontrar excusas para seguir apoyándole a pesar de los continuos escándalos de corrupción y de machismo que se le amontonan al líder socialista. Tanto Podemos, como Sumar, HB o el propio PNV ya no saben qué hacer o decir. Ahora Yolanda pide una renovación radical del Gobierno que nadie entiende pero que le sirve para alargar su apoyo al PSOE.
La lucha feminista logró poner los derechos de la mujer en un primer plano político que la izquierda parlamentaria, especialmente en el gobierno de Zapatero, con la legalización del matrimonio gay, despenalización del aborto y la penalización de la violencia machista, y en el de Sánchez-Pablo Iglesias, con el “solo el si es si”, alzó como su mejor bandera frente a la derecha conservadora, sin pensar de que el boomerang feminista podría convertirse en un arma mortal contra esa misma izquierda.
El presidente Pedro Sánchez no cuenta ya con ningún apoyo político real y se halla cada vez más aislado en La Moncloa, pero todavía cree que él podrá con todos y se mantendrá hasta que algo o alguien decida provocar su marcha.
A los políticos se les llena la boca de latinajos en cuanto ven la ocasión de meter el dedo en la herida del contrario, es el caso del “in vigilando” que se ha puesto de moda para acusar al dirigente político cuando no hay pruebas de conductas aberrantes o corrupción directa, pero nunca se exige en su propio partido haciendo bueno eso de ver la paaja en el ojo ajeno y no notar la viga en el propio.
En un posible, pero todavía presunto, adelanto electoral, no está nada claro quiénes van a ser los partidos beneficiados y los perjudicados a pesar de que las encuestas dan un crecimiento importante a Vox que a la hora de la verdad puede ser la gran sorpresa, bien porque supere los escaños que le conceden las expectativas o por todo lo contrario y acabe imponiéndose el voto útil al PP de Feijóo. Pero, si el PP no lograra sumar 150 escaños, lo más seguro es que habría que repetir las elecciones o aguantar a tres ministros de Vox.
Feijóo y Guardiola en un acto reciente de la precampaña extremeña
Feijóo y Guardiola en un acto reciente de la precampaña extremeña

Guardiola tiene en sus manos la primera derrota de Sánchez

Queda menos de un mes para la primera cita electoral que será en Extremadura, el 21 de diciembre, la antesala de una Navidad que se presenta movidita con todos los casos pendientes en el ámbito judicial y la resaca de la condena del fiscal general Alvaro García Ortiz. Allí se podrá comprobar si es verdad, como afirman los sanchistas, que los varapalos judiciales más que hundir al PSOE lo afianzan o si por el contrario, el proceso contra su hermano David va a hundir a los socialistas en un territorio donde siempre han ganado hasta las elecciones autonómicas de 2023.
Pedro Sánchez se resiste a marcharse a pesar de todo. Ya lo demostró tras las elecciones de 2019 y las de 2023 cuando tuvo que hacer lo posible y lo imposible para lograr reunir los votos necesarios para seguir en La Moncloa: dormir con su enemigo, Pablo iglesias, y negociar con el exilado en Waterloo, Carles Puigdemont. Los analistas no saben a qué atenerse cuando analizan su resistencia a irse, unos opinan que es solo su voluntad personal la que le hace seguir y otros, en cambio, creen que es el miedo a quedarse solo ante los problemas judiciales.
Entre las víctimas propiciatorias que provoca la batalla política entre el PP y el PSOE, hoy le ha tocado al fiscal general Alvaro García Ortiz, un peón de Pedro Sánchez, como hace unos días cayó el peón de Feijóo, Carlos Mazón. Son fichas que van cayendo en aras de sus respectivos líderes, máxime cuando la guerra se prolonga más allá de la primera legislatura. Por algo alguien debió pensar que con ocho años de mandato ya estaba bien. Ningún presidente de gobierno español ha sorteado los escándalos o la corrupción a partir de su segunda victoria electoral.
Al comienzo de la transición del franquismo y la formación de las Comunidades Autónomas hubo un despertar nacionalista que no solo afectó a las regiones históricas (Galicia, Euskadi y Cataluña) sino que llegó a todos los rincones de España: el nacionalismo canario tuvo su auge con su líder Antonio Cubillo, que incluso logró el apoyo argelino, los andaluces resucitaron a Blas Infante para formar el Partido Andalucista con Alejandro Rojas Marcos y hasta Segovia intentó convertirse en una autonomía independiente como La Rioja, Navarra, Asturias o Murcia.
Si algo diferencia a los independentistas vascos de los catalanes es que a los de Vitoria les importa más arrancar “mercedes” del Reino de España que andar reclamando su separación de España. Es verdad que lo intentaron con Ibarretxe en 2008 pero sin armar tanto jaleo como Puigdemont y tras ello nombraron a otro lehendakari menos radical volvieron a lo suyo.
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