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    16 de agosto de 2026

RAFAEL G. PARRA

Un leve respiro en los ataques personales y políticos entre los partidos y sus dirigentes. Apenas 48 horas, hasta el funeral y la visita de los Reyes, que han regresado de Atenas tras asistir al entierro de Irene de Grecia. Quedan cinco dias para las elecciones autonómicas en Aragón y las descalificaciones se vooverán más agresivas, con el ministro Óscar Puente como principal objetivo por parte tanto del PP como de Vox. El resultado de las urnas está asegurado, salvo enorme sorpresa. Ganará el PP y el presidente Azcón seguirá en el cargo, con el apoyo indispensable de Alejandro Nolasco, el candidato de Vox.

Todo parece indicar que la vida política de la vicepresidenta segunda Yolanda Díaz tiene los días contados y que no podrá llegar a las próximas elecciones ya que carece de un partido que le apoye y que algunos de sus aliados actuales, Izquierda Unida, Más Madrid, Catalunya En Comú o el Compromís valenciano, se lo estén pensando si merece la pena ir en compañía de Sumar, que no pudo formar candidatura en Extremadura por la oposición de Podemos.

El exministro Pepe Blanco junto a Ábalos y Cerdán
El exministro Pepe Blanco junto a Ábalos y Cerdán

La batalla Abalos-Cerdán contra Zapatero-Pepe Blanco

Lo que está ocurriendo en el PSOE con los dineros de las comisiones subterráneas que cobran los partidos de las grandes empresas se parece mucho a lo que pasó en la batalla entre Dolores de Cospedal, secretaria general del partido, e Ignacio González, que ocupaba el mismo cargo en el PP madrileño y cuando Mariano Rajoy entró en La Moncloa comenzaron a pelearse por los dineros que las constructoras principalmente dejaban en las arcas del PP nacional y que gestionaba el tesorero Luís Bárcenas. De aquella pelea saltó en 2013 el caso de la financiación irregular del partido entonces en el gobierno.

Las graves acusaciones de agresiones sexuales contra el cantante Julio Iglesias, que se remontan a 2021, cuando ya tenía 78 años, han causado un gran impacto mediático aunque su recorrido judicial vaya a ser segruo mucho menor. Un caso donde no se sabe donde empieza la lucha feminista ni donde se acaba mezclando con la política.

Pedro Sánchez y gran parte de los grupos situados a su izquierda han venido utilizando la fórmula de “que viene la extrema derecha” para tratar de convencer al electorado español de que se volcase en las urnas en apoyo del gobierno de coalición del PSOE con sus socios. Y resulta que, a pesar de todo el “lobo” ya está aquí y las encuestas dan a Vox un incremento muy notable hasta llegar casi a los 70 diputados a costa tanto del PSOE como del PP. Y lo más curioso y sonrojante es que ahora los líderes de estos partido de izquierda se culpan unos a otros de haber causado el auge de la extrema derecha.

Si Sánchez miente -o cambia de opinión- cada vez que dice o promete algo, Oriol Junqueras no le va a la zaga cada vez que anuncia haber conseguido algo del gobierno de Madrid.
Feijóo hace el símbolo de la victoria a María Guardiola
Feijóo hace el símbolo de la victoria a María Guardiola

El PP de Feijóo es incapaz de entender la nueva realidad

La última metedura de pata de Feijóo apostando por María Corina en Venezuela cuando Trump ya había negociado con Delcy Rodríguez tras secuestrar a Maduro, deja al PP en el limbo de la política, sin capacidad para adaptarse al mundo que está diseñando el mandatario norteamericano desde la Casa Blanca, lo que permite a Sánchez seguir adelante con sus estrategia de “comprar” a sus socios y mantener la legislatura sin presupuestos y sin leyes aprobadas en el Congreso.
Al presidente norteamericano le importa un comino si en Venezuela hay democracia o no, si se permite el narcotráfico o no, lo que quiere es recuperar el petróleo venezolano que Hugo Chávez arrebató a las multinacionales norteamericanas para nacionalizar el “oro líquido”. Ha usado a María Corina pero prefiere actuar sobre seguro y le ha dicho a Delcy Rodríguez, la nueva presidenta, que la respetará siempre que “haga lo que le mande”.
Uno de los problemas con los que se encuentra Sánchez si en algún momento decide tirar la toalla es el de su sucesor/a al frente del PSOE para dirigir la difícil misión de presentar un candidato que no deje al PSOE en 90 diputados como le ocurrió a Rubalcaba cuando Zapatero le dejó abandonado para irse tranquilamente a casa sin haber perdido ningunas elecciones. Tiene que ser una mujer, o un hombre, que cuente con el respeto de las grandes agrupaciones y que no le venda al mejor postor en cuanto salga de La Moncloa.
Alberto Núñez Feijóo parece convencido de que no va a poder llegar a La Moncloa sin el apoyo de Vox y mucho más después de mala experiencia de Extremadura donde María Guardiola adelantó las elecciones para tener la mayoría absoluta y no lo logró. Abascal, por su parte, se ha enrocado en no querer asumir responsabilidades en un gobierno de coalición para no cometer el mismo error que rompió a Podemos y le dejó de 72 diputados en sólo cuatro.
El presidente del PP lleva mucho tiempo, demasiado, esperando que algunos de los socios de investidura de Sánchez se decida a a votar “si” en una hipotética moción de censura, pero no parece que eso le lleve a ninguna parte. También parece que puede esperar sentado a que el presidente del Gobierno convoque elecciones anticipadas. Pero si el PP se decide a presentar una moción de censura, aunque no la gane, pondría en jaque a varios de los socios de investidura de Pedro Sánchez, que tendrían que justificar su apoyo al líder socialista a pesar de la evidencia de los casos de corrupción.

Vox ha ganado casi 40,000 votos, pasando del 8.12 % al 16.9 % y seis escaños más, lo que le da pie a Santiago Abascal a subir la apuesta que le hará a Feijóo, obligando a María Guardiola a aceptar las mismas o parecidas condiciones que ya puso a Carlos Mazón en la Comunidad Valenciana tras las elecciones de mayo de 2023. El punto clave estará en darle a Vox la presidencia del Parlamento extremeño y los conocidos recortes en Memoria Histórica e inmigración.

La jugada que deseaba hacer María Guardiola convocando elecciones anticipadas para lograr desembarazarse de Vox, como hizo Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, no le ha salido como Feijóo deseaba y aunque se queda a cuatro escaños de la mayoría absoluta sus negociaciones con el líder extremeño del partido de Abascal, Óscar Fernández Calle, van a ser mucho más difíciles que antes.

Pedro Sánchez junto a Cándido Conde-Pumpido, actual presidente del Tribunal Constitucional
Pedro Sánchez junto a Cándido Conde-Pumpido, actual presidente del Tribunal Constitucional

Sánchez prefirió pactar con Puigdemont en vez de hacerlo con el Poder Judicial

Cuando Pedro Sánchez comenzó a tener problemas con el Poder Judicial, uno de los abogados, que no es afiliado al PSOE, al que de vez en cuando se le pedía su opinión desde La Moncloa aconsejó que lo mejor que podía hacer el Gobierno era llegar a un acuerdo con los jueces para alcanzar un pacto que hubiera renovado el Consejo General del Poder Judicial a tiempo –estuvo más de cinco años prorrogado con el mandato caducado- y así hubiera suavizado unas malas relaciones que han marcado las dos legislaturas y que, sin duda, han tenido efectos en los procesamientos de personas cercanas al presidente.
El descubrimiento de las tramas de corrupción en el corazón del PSOE ha puesto en evidencia un enfrentamiento entre dos bloques muy activos que luchaban por lograr el favor del presidente del gobierno: por un lado Santos Cerdán con José Luis Ábalos y otros dirigentes y empresarios que han salido a la palestra y que seguirán emergiendo; y por otro un José Luis Rodríguez Zapatero que se apoya más en el lobby empresarial clásico que gira en torno al ex ministro de Fomento, José Blanco, dedicado a esos menesteres tras abandonar el gobierno del propio ZP en 2011.
A los socios de Pedro Sánchez cada vez se les hace más difícil encontrar excusas para seguir apoyándole a pesar de los continuos escándalos de corrupción y de machismo que se le amontonan al líder socialista. Tanto Podemos, como Sumar, HB o el propio PNV ya no saben qué hacer o decir. Ahora Yolanda pide una renovación radical del Gobierno que nadie entiende pero que le sirve para alargar su apoyo al PSOE.
La lucha feminista logró poner los derechos de la mujer en un primer plano político que la izquierda parlamentaria, especialmente en el gobierno de Zapatero, con la legalización del matrimonio gay, despenalización del aborto y la penalización de la violencia machista, y en el de Sánchez-Pablo Iglesias, con el “solo el si es si”, alzó como su mejor bandera frente a la derecha conservadora, sin pensar de que el boomerang feminista podría convertirse en un arma mortal contra esa misma izquierda.
El presidente Pedro Sánchez no cuenta ya con ningún apoyo político real y se halla cada vez más aislado en La Moncloa, pero todavía cree que él podrá con todos y se mantendrá hasta que algo o alguien decida provocar su marcha.
A los políticos se les llena la boca de latinajos en cuanto ven la ocasión de meter el dedo en la herida del contrario, es el caso del “in vigilando” que se ha puesto de moda para acusar al dirigente político cuando no hay pruebas de conductas aberrantes o corrupción directa, pero nunca se exige en su propio partido haciendo bueno eso de ver la paaja en el ojo ajeno y no notar la viga en el propio.
En un posible, pero todavía presunto, adelanto electoral, no está nada claro quiénes van a ser los partidos beneficiados y los perjudicados a pesar de que las encuestas dan un crecimiento importante a Vox que a la hora de la verdad puede ser la gran sorpresa, bien porque supere los escaños que le conceden las expectativas o por todo lo contrario y acabe imponiéndose el voto útil al PP de Feijóo. Pero, si el PP no lograra sumar 150 escaños, lo más seguro es que habría que repetir las elecciones o aguantar a tres ministros de Vox.
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