Aniversario de Estado en Ucrania y más visitas de mandatarios europeos a Kiev para mostrar su apoyo “todo el tiempo que haga falta” a Volodímir Zelenski. La trilogía que forman Alemania, Francia y, sobre todo, Gran Bretaña quiere ir más lejos militarmente y amenaza a Putin con darle al presidente ucraniano misiles de largo alcance con los que llegar a Moscú y San Petersburgo. Europa, la OTAN y, desde la retaguardia, EE. UU. quieren que Putin pierda la guerra y acepte una derrota, o que en el interior de Rusia surja un movimiento que expulse al actual presidente del poder.
La Comunidad de Madrid advierte sobre los riesgos de las picaduras de garrapata para la salud humana y animal, especialmente con el aumento de temperaturas. Se recomienda usar ropa adecuada y tomar precauciones al disfrutar del entorno natural. La detección y extracción correcta de garrapatas es crucial para prevenir enfermedades.
Después de cuatro años de guerra con Rusia, cientos de miles de muertos, doscientos mil millones de euros gastados en armamento por la Unión Europea, y millones de emigrantes, en Ucrania la situación es la misma que aparecía en los mapas del país y los deseos de Vladimir Putin tras la invasión de Crimea y la guerra civil desatada en el Este en 2014. La pregunta para este fin de semana en las reuniones tripartitas que van a mantener en los Emiratos Árabes los representantes de Ucrania, Rusia y Estados Unidos es, también, la misma: ¿aceptará Volodomir Zelensky perder el 20% del territorio que tenía su país antes de 2022 y que de los 40 millones de habitantes que tenía toda Ucrania a finales de 2021 , se quede en apenas treinta y que, sobre esa base, Donald Trumpo le garantice la capacidad defensiva, siempre que no entre en la OTAN?. El resto de temas es sólo negocio, desde la explotación de las “tierras raras” a los cereales y el petroleo.
El primer ministro de Israel aprovechó unos disparos contra sus soldados y un error en la devolución del cadaver de un secuestrado para volver a bombardear Gaza. No hay paz en la Franja y en Cisjordania cada vez hay más kibutz (colonias agrícolas de judios) acupando más territorio. Netanyahu va a mantener la guerra todo el tiempo que pueda y le dejen para evitar que le juzguen los tribunales de Tel Aviv. La expansión inevitable del Estado de Israel, por mucho que la Comunidad internacional se empeñe en defender la solución de los dos estados en el mismo espacio geográfico, es el deseo mayoritario de un pueblo que no olvida, pese a los siglos trancurridos que Israel era lo que hoy es Palestina, más una parte de Libano, una parte de Jordania, una parte de Siria e incluso una parte de Egipto. El Israel bíblico es la razón de ser, el gran mito de la ultraderecha judia y no va a cambiar.
El presidente francés, Emmanuelle Macron, tiene graves problemas en su país, pero utiliza a Zelensky para intentar mantenerse en el Eliseo hasta a sus propias elecciones, que serían entre abril y mayo de 2027. El primer ministro de Reino Unido; Starmer, tiene graves problemas en su país, pero utiliza a Zelensky para tapar las medidas más duras en inmigración y derechos sociales. El jefe del Gobierno alemán, Mertz, no encuentra otra salida a la crisisi económica que atenaza a su país que anunciar recortes en los derechos sociales y destinar quinientos ml millones de euros a la industria militar con la excusa de ayudar a Zelensky. A Noruega, con un importante alza de las fuerzas de la ultraderecha, le pasa lo mismo, pese al gasoducto que llega desde el Mar del Norte a Polonia, el gran país emergente en el centro de Europa, tan poco dispuesto a ser amigo de Alemania como de Rusia. Ucrania y Zelensky son la gran excusa de la retrasada Europa para intentar que sus ciudadanos acepten el fin del soñado estado del bienestar.
Para entender las razones que tiene Vladimir Putin para no destruir Kiev y acabar con la guerra es necesario leer la gran novela del conde Nicolaievich Tolstoi escrita a partir de 1865 por entregas en la revista “El Mensajero ruso” y editada como libro cuatro años más tarde. En “Guerra y Paz” están todas las claves que explican el deseo del presidente ruso de ganar la guerra de Ucrania sin tener que destruir su capital. En Kiev nació el “alma” de un Imperio que abarcaba gran parte de la actual Polonia, toda Bieolorusia, parte de Turquía y proporcionaba a los Zares una posición de privilegio en el Mar Negro y su salida al Mediterráneo.
Antrópodos que parasitan a distintas especies de animales tanto silvestres como domésticos, especialmente en el caso de los perros
Si los documentos filtrados a los medios de comunicación sobre las bases que se negocian para una paz en Ucrania son auténticos, la paz es imposible. Lo que desean Donald Trump y Vladimir Putin no tiene nada que ver con lo que que defiende Volodomir Zelensky y la Comisión Europea de Ursula Vin der Leyen. Si se mantienen las posturas el resultado será malo para todos y peor aún para los ucranianos.
La deuda pública de los 27 países que integran la Unión Europea está por encima de los 17 billones de euros, de los que 1,6 billones corresponden a España. En ese mismo periodo, el año pasado, la deuda pública de Rusia alcanzó los 364.000 millones y la de Ucrania los 160.000, un poco menos de la mitad. Si miramos a Estados Unidos la cifra de dispara a los 30 billlones , mientras que la de China es exactamente la mitad. Son datos en bruto, que tienen su correlacición con el PIB de cada país y su capacidad industrial y financiera, pero sirven de base para explicar la razón profunda del mantenimiento de la guerra en Ucrania al margen de las intenciones anexioanistas de Vladimir Putin y de la defensa territorial de Volodomir Zelensky.
Es la “lady halcón” de la política europea, la más beligerante frente a la nueva posición de Estados Unidos, pese a aceptar que la UE apruebe 800.000 millones de euros en Defensa para crear un ejército propio, paralelo a la OTAN, y dispuesto a llevar a soldados de varios países a combatir a Ucrania. Máxima sostenedora de Volodomir Zelensky se lleva bien e incluso muy bien con Pedro Sánchez, pero su “nuevo amigo político” es el francés Emmanuel Macrón. En la vida pública los amores duran poco o muy poco. El presidente francés tiene armas atómicas y desea ser el negociador con Trump e incluso con Putin, para obtener el premio de la reconstrucción en Ucrania. Sánchez no tiene armas atómicas y tampoco ha podido reunirse con el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Como alemana sabe que en el futuro inmediato, su enemigo exterior no será Rusia, será Polonia. Sonríe mucho y habla mucho, pero en realidad tiene poco poder. Las divisiones entre los 27 países y la independencia del BCE, con Christine Lagarde la deja casi en la mitad de la nada.
El paciente, un varón de 74 años, acudió a Urgencias del Hospital Rey Juan Carlos con un cuadro febril y malestar general. Este refiriere una picadura de garrapata días atrás en el municipio de Buenasbodas (Toledo), donde pasaba unos días
El martes, cinco de noviembre, Estados Unidos sabrá quién es el sucesor o sucesora de Joe Biden. Sea Donald Trump, con su regreso a La Casa Blanca, o la actual vicepresidenta Kamala Harris, la situación de tensión en el mundo cambiará. No se sabe si para aumentar y llevarnos a todos a ver cómo se usan armas nucleares tácticas, de alcance limitado, en suelo europeo, o a comprobar que aún queda un resquicio pequeño para que la paz llegue a Ucrania e incluso a Oriente Medio.
Termina la cumbre de Washington de la OTAN mientras los pacos entre Rusia, China, Iran y Corea del Norte crecen. Habrá más ramas y más destrucción. Más dolor y más imágenes de la barbarie. Los dirigentes políticos por un lado. Y los ciudadanos por otro. Mensajes y noticias verdaderos y falsos, cada vez menos comprensibles, pero igualmente dañinos. Así pasen otros miles de años, que parece que nada cambia y todo está escrito.
Vivió desde una posición privilegiada - su puesto como espía de la KGB en Berlín - la destrucción de la antigua URSS y la caída en picado de Rusia, ya desde San Petersburgo, también como espía, pero dando los primeros pasos en su ascenso hacia el Kremlin. Vladimir Putin se ha sucedido a sí mismo por quinta vez ganando las elecciones presidenciales con casi un noventa por ciento de los votos, incluidos los de las Repúblicas del Donest anexionadas durante la guerra de Ucrania.
Estaban preparados para la gran guerra desde hace meses. Esa destrucción que hace imposible la Democracia. Las elecciones andaluzas, primero, y las autonómicas, municipales y generales, más tarde, se convirtieron en la señal de salida
Es fácil entender la guerra de Ucrania si se miran las ambiciones personales de los dirigentes, las ambiciones territoriales de los países que desean explotar sus recursos naturales y, sobre todo, el papel que juega la religión en las relaciones de poder, que van de Moscú a Estanbul y que se remontan al propio nacimiento de la identidad rusa en lo que fueron los oblats que llegan a Crimea. Geopolítica del siglo XXI bajo los mismos principios del siglo XVIII. Demasiados compromisos estratégicos y demasiadas zonas oscuros en los cÍrculos del poder.
En el verano de 2009 el presidente Barack Obama tenía sobre su mesa el Dossier que iba a cambiar la situación en Europa en la segunda década del siglo XXI. Se lo puso delante de su mesa el responsable de Defensa, Robert Gates. Estados Unidos tenía que decidir quién iba a sustituir al Secretario General de la OTAN, el holandés Jaap de Hoop, tras la grave crisis financiera que casi destruye el sistema económico de su país y de Occidente.
La baronesa Von der Leyen tiene su hogar familiar en un castillo pero pasa la mayor parte del tiempo en un mini apartamento acosado a su despacho en Bruselas, la ciudad en la que nació. Hoy apoya sin reservas al presidente de Ucrania, Volodomir Zelensky, crítica con toda dureza a Vladimir Putin y ofrece y exige a la OTAN más armas para el gobierno de Kiev. Si se mira en su biografia se descubren sus contradicciones personales y políticas, su permanente huída de su pasado.
Entre Moscú y Washington existe una delgada y muy violenta línea de 7.816 kilómetros. Ese viaje político, al que vamos a asistir desde finales de septiembre a primeros de noviembre, va a tener dos paradas obligatorias, la primera en Kiev, la segunda en Roma. El futuro de Europa entre la crisis financiera y energética y las elecciones políticas estará en juego, con Vladimir Putin y Joe Biden jugando una partida de ajedrez en la que utilizarán todas las piezas de las que disponen.
Sin tregua, con todas las armas de destrucción política que tienen a su alcance, los partidos preparan el regreso a la actividad parlamentaria con el objetivo puesto en las elecciones autonómicas y municipales del próximo mayo. Sánchez y Feijóo, émulos de Putin y Biden, han olvidado la ruta de los acuerdos y se han colocado en cabeza de las ofensivas de PSOE y PP.
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Doce claves que unen y separan las crisis de Ucrania, Palestina, Irán y Taiwán. Así se pueden resumir los escenarios que mantienen en tensión a todos los países del mundo y a las organizaciones que representan sus intereses, desde la ONU al FMI, el Banco Mundial o el BCE. El dragón chino, el más grande de los tres simbólicos animales, junto al oso ruso y el águila calva norteamericana. Un acuerdo, con fecha de caducidad, será la mejor de las salidas y tal vez la única.
La derrota del hasta ahora primer ministro de Hungría, al que en apariencia apoyaban tanto la Rusia de Putin como los Estados Unidos de Trump, va a cambiar las relaciones políticas, financieras y militares dentro de la Unión Europea. Viktor Orbán ha impedido que llegaran a Kiev casi cien ml millones de ayuda militar, algo que Péter Magyar, el gran vencedor en las elecciones, con más del doble de votos y escaños que su adversario, cambiará o, al menos, eso se espera desde Bruselas.
El cansancio físico, el derrumbe mental se percibe con claridad en el rostro y en los movimientos de Volodomir Zelensky en su última reunión con los dirigentes de Francia, Gran Bretaña y Alemania, que se han adueñado del discurso belicista de Europa cuando en sus respectivos países están más cuestionados que nunca.
Es imposible no ver la relación que existe entre la situación de Ucrania y la de Gaza. Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu se hablan en la distancia. A mayor destrucción y más muertes en Palestina, más destrucción y más muertes en Kiev y otras ciudades del Donest. Al presidente ruso le condenó la Corte Penal Internacional, al Primer Ministro de Israel le condenan en la ONU, pero ninguno de los dos se da por enterado. Tienen fijados sus objetivos y no los van a abandonar. Rusia quiere mantener el territorio conquistado e incorporado a su Federación, que le permite la conexión terrestre con Crimea y la salida cómoda al Mar Negro mientras Israel quiere que su Estado crezca con la incorporación de la franja de Gaza, una gran parte de Cisjordania con nuevas colonias e incluso mirar al sur del Líbano. Expansionismo vital y agresivo en los que Putin y Netanyahu justifican las dos guerras.
Se niegan a reconocer en público la evidencia. Todos los líderes políticos, todos con independencia de su credo político, desde Washington a China, pasando por la inquieta América del Sur, el Africa de las guerras tribales y la Europa que intenta mantener una posición en el mundo que ya no tiene, ni parece que lo vaya a tener, saben que ni el presidente ruso, ni el primer ministro Netanyahu van a parar en sus dos caminos en Ucrania y en Gaza y Cisjordania e incluso en el sur del Líbano.
El presidente de Ucrania presenta la incursion en Rusia y la destrucción de aviones estratégicos a miles de kilómetros como una gran victoria, mientras los negociaciones en Estambul intentan firmar una paz casi imposible; y lo mismo ocurre en Palestina. Se instalan mas colonos en Cisjordania y se mantienen los bombardeos en Gaza y se acepta la paz que propone Trump. La muerte es mal comienzo y peor final. La próxima cumbre de la OTAN, que consagrará el aumento de la contribución financiera europea hasta los 500.000 millones de euros chocará con la realidad: ningún pais puede dedicar el 5% del PIB a Defensa sin recortes muy severos en otras áreas. Toda esa intrincada tela de araña la puso en funcionamiento USA hace cien años con la teoría de los anillos.
Este jueves, 15 de mayo de 2025, dos dirigentes políticos intentarán vender a sus ciudadanos y al mundo que los dos han ganado y que ninguno ha perdido. Lo cual es una de esas grandes mentiras que aparecen en la historia cuando se tiene que explicar el acuerdo de paz que pone fin a una guerra. Vladimir y Volodomir quieren un imposible, que Putin y Zelensky ganen en el mismo combate. Ya hay un ganador y un perdedor, lo había desde hace once años, pero los dirigentes políticos han preferido que murieran cientos de miles de personas y que un país quede en ruínas.
Entre buscar la paz y mantener la guerra en Ucrania la Europa que lidera el presidente francés, ayudado por el fugado Reino Unido, opta por lo segundo. El resultado sólo puede ser uno: terminar por destruir el territorio que se dice querer defender. El grave problema para los ciudadanos de los 28 países ( contando con el que se marchó tras el Brexit) es que sus dirigentes lo saben pero prefieren mirar para otro lado: para la Rusia de Putin, para la América de Trump y hasta para la China de Jian Ping. ¿Por qué lo hacen entonces?, es la pregunta. Y la contestación: por hacerse el avestruz y creer que el tiempo arreglará lo que ellos no se atreven a hacer: decir la verdad a los que los han elegido.
Ya aceptan que se busque la paz en Ucrania, algo que negaban hasta hace apenas unas semanas, pero lo que buscan los líderes europeos con su posición frente al movimiento de Donald Trump de llamar a Vladimir Putin para negociar el fin de las muertes, sentados los negociadores en la “neutral” Arabia Saudí, es engañar de nuevo a los ciudadanos de sus respectivos países. Aceptan que la Ucrania de 2022 no será la de 2025 y que Rusia no se marchará del Donbas, ni de Crimea, pero insisten en el peligro que para la democrática Europa de los 27 países, más la tránsfuga Gran Bretaña , representa la Federación rusa. Quieren aumentar el gasta en defensa, quieren producir más armas, pero no dicen que será a costa de las inversiones en sanidad, en educación, en pensiones, en seguro de desempleo. Adiós a las medidas sociales, bien venido el renacido espíritu belicista en unos países que, como Alemania, Francia y Gran Bretaña están inmersos en unas crisis políticas y económicas de difícil solución.
El presidente norteamericano pidió que Europa gastara el cinco por ciento de su Producto Interior Bruto en Defensa. Ya lo ha conseguido. La president de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen lo anunciaba tras la reunión de este fin de semana en Londres. La UE invertirá 800.000 millones de euros en su industria militar, la mitad en armamento y la otra mitad en infraestructuras necesarias para ese inmenso despliegue. Donald Trump ya puede mirar hacia el Pacífico e invertir los esfuerzos militares de USA en su pulso con el gan rival, China.
La victoria de la llamada ultraderecha en Austria, que se suma a los éxitos de formaciones similares en Alemania y el crecimiento de las mismas en Francia, Italia o Polonia, que siguen el ejemplo de Hungría, revelan que la Europa de 2024 es más ultra que la de décadas anteriores y la razón principal es la guerra de Ucrania y la respuesta que esa misma Europa, siguiendo el liderazgo de Estados Unidos dentro de la OTAN, está dando a la invasión de Rusia de hace dos años, sin haber hecho nada mucho antes, concretamente en el comienzo de 2014, cuando Vladimir Putin decidió convertir Crimea en el primer peón de su partida de ajedrez contra Europa.
El presidente del Gobierno ya sabe, al igual que lo sabe todo el PSOE y sus distintos líderes regionales, que el Partido Popular, con Alberto Núñez Feijóo al frente, no va a descansar en sus ataques y en todos los frentes posibles, desde los casos judiciales más personales o partidistas, hasta los grandes temas que agobian a la Europa de estos días, que son tres: el resultado de las elecciones americanas del próximo noviembre, que se harán notar en las relaciones financieras, mercantiles y militares; la necesaria conferencia de paz que ponga fin al conflicto armado en Ucrania, que no a ningún acuerdo que santifique la parte ganada por Rusia en el Donbás y que le permita unirse por tierra con la “reconquistada Crimea”; y la obligada respuesta europea a la incesante llegada de migrantes a sus costas, especialmente, para nuestra desgracia, a las españolas.
Defender la “creación” de dos Estados, uno palestino y otro israelí, en la zona que lleva en convulsión desde hace mil quinientos años, es el sueño de una paz imposible; de la misma forma que resulta imposible - por las mismas razones - que se consiga una paz duradera en Ucrania y por extensión en el centro de Europa. Tanto Putin como Netanyahu están prisioneros de la geografía de sus países y la mejor explicación de esas dos condenas está escrita a comienzos del siglo XX por un holandés de origen y norteamericano de adopción llamado Nicholas John Spykman. Su teoría de los anillos geoestrategicos, que defenderían más tarde desde Foster Dulles a Brzezinsky y Kissinger, es la guía de la política exterior de Estados Unidos en los últimos cien años.
La Asamblea fundacional de Sumar, cargada de discursos tan altisonantes como vacíos, confirma que el proyecto de Yolanda Díaz es una Resta política para la izquierda que soñó en destronar al PSOE de la hegemonía de ese espacio sociológico de la vida pública española. Sólo votó un 11% de los supuestos “afiliados” al proyecto y la realidad, la cruel realidad para la vicepresidenta segunda del Gobierno de Pedro Sánchez es que se ha convertido en una dirigente prescindible. Su base de poder, que se alimenta de los rescoldos de lo que fue Podemos, se circunscribe a los 10 diputados del Congreso que se dicen de Sumar.
Tienen una edad parecida y la misma necesidad al frente de sus países. A Benjamin Natanyahu le conocen en Israel como el “Rey Bibi “ y a Vladimir Putin, cuando estaba en la KGB le apodaron, por su aspecto, como “Polilla pálida”. Los dos no tienen ningún escrúpulo a la hora de mandar disparar sobre sus adversarios, sean cuales sean las víctimas colaterales de los misiles y las bombas. Sus guerras, las de hoya como las de ayer y las de mañana, cuentan con un fuerte componente religioso y sienten que están bendecidas por una simple razón: sus países, Israel y Rusia -más el primero que el segundo - desaparecerían si pierden.
Es más que posible, casi una certeza, que la guerra en Ucrania se va a mantener hasta pasadas las elecciones generales de marzo de 2024 en Ucrania y Rusia, en las que con seguridad volverán a vencer Zelenski y Putin, y las que tendrán lugar en Estados Unidos en noviembre, con la incertidumbre que quién será el candidatos del Partido Republicano, con Donald Trump de claro favorito pese a sus imputaciones judiciales, y si los demócratas mantendrán al actual presidente, Joe Biden, o lo cambiarán por otro más jóven Esas tres fechas marcarán el futuro de Europa y del mundo. Veinte meses más para que el ofrecimiento que hizo Winston Churchill a los ingleses al inicio de la II Guerra Mundial, “ sangre, sudor y lágrimas” se cumpla en el que fue el gran granero de Europa.
Los investigadores calculan que el detenido y su empresa ganaron aproximadamente más de 800 mil euros por la administración del yate, que ya fue objeto de registro en abril de 2022 por agentes de la Guardia Civil, el FBI y del Homeland Security Investigations (HIS) de EEUU
En la bélica partida de ajedrez que están librando en el tablero de Ucrania Rusia y Estados Unidos se está llegando al final. Vladimir Putin está ofreciendo tablas a su adversario. Joe Biden busca el jaque mate. Al igual que sucede con el juego, las combinaciones posibles antes de comenzar la partida son infinitas, pero al ir moviendo las piezas esas combinaciones se reducen hasta dejarlas en muy pocas. Estamos en ese momento. El inquilino del Kremlin ya ha renunciado a la victoria. El inquilino de la Casa Blanca cree que puede ganar.
Si los que siempre han sido tus enemigos te alaban, algo o mucho estás haciendo mal para tus intereses y los de tu país. Por esa razón Occidente le rinde homenajes a Mijail Gorbachov en su muerte y Rusia lo ve como el responsable de la destrucción de su segundo Imperio, la URSS. En el lejano 1991, de la mano de Boris Yeltsin, terminó la gran operación de desmembramiento con la firma de la “independencia” de Ucrania.
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