Después de cuatro años de guerra con Rusia, cientos de miles de muertos, doscientos mil millones de euros gastados en armamento por la Unión Europea, y millones de emigrantes, en Ucrania la situación es la misma que aparecía en los mapas del país y los deseos de Vladimir Putin tras la invasión de Crimea y la guerra civil desatada en el Este en 2014. La pregunta para este fin de semana en las reuniones tripartitas que van a mantener en los Emiratos Árabes los representantes de Ucrania, Rusia y Estados Unidos es, también, la misma: ¿aceptará Volodomir Zelensky perder el 20% del territorio que tenía su país antes de 2022 y que de los 40 millones de habitantes que tenía toda Ucrania a finales de 2021 , se quede en apenas treinta y que, sobre esa base, Donald Trumpo le garantice la capacidad defensiva, siempre que no entre en la OTAN?. El resto de temas es sólo negocio, desde la explotación de las “tierras raras” a los cereales y el petroleo.
La nueva frontera estaría en el gran rio que atraviesa el país desde Bielorrusia, el Dniéper, la gran barrera natural que deberían aceptar las dos partes para que los deseos de Trump y de Putin se cumplan. El Gobierno de Kiev recibiría toda la ayuda financiera necesaria para reconstruir todo lo destruído, incluida la parte de fondos rusos que están congelados en bancos norteamericanos y europeos, que puede alcanzar los mil millones de euros, y en esa nueva Ucrania se podrían celebrar las elecciones generales que no se han podido celebrar por culpa de la guerra. Unas elecciones en las que Zelensky y su partido pueden perder y dejar que sean otros dirigentes los que organicen el futuro.
Rusia, o mejor la Federación Rusa, obtendría el reconocimiento de que las regiones del Lugansk, Donetsk, Zaporiyia, Jersón y Crimea ya son parte de esa “gran Rusia” que el presidente ruso sueña con construir. Se aseguraría que el Mar de Azov se convierte en un “gran lago” totalmente dentro de Rusia, con una salida controlada al Mar Negro por el estrecho de de Kerch, lo que facilita la presencia de la flota rusa en el Mediterráneo, a través del control turco de los Dardanelos. El actual frente de las batallas es más extenso por el noreste de Ucrania, zona que Rusia tendría que abandonar a cambio de una “zona de seguridad o desmilitarizada” parecida a la que existe entre las dos Coreas desde 1953, pese a los numerosos conflictos “controlados” que se han producido hasta hoy.
Estados Unidos obtendría una posición privilegiada para la explotación minera de los minerales que hay en ese este de Ucrania, con un doble acuerdo por separado entre los gobiernos de Kiev y de Moscú; así como el posible desarrollo de bases militares propias y no de la OTAN que proporcionen la seguridad de no repetir los enfrentamientos en los próximos años, sobre todo mientras Trump permanezca en la Casa Blanca. Un éxito que reforzará la imagen del presidente norteamericano a nivel mundial tras lo logrado en Venezuela y lo que parece está a punto de lograr en Groenlandia.
¿Qué papel le corresponde a la Europa de los 27 estados e incluso a la OTAN, con esos quinientos mil millones acordados para invertir en la defensa de Ucrania con nuevas armas- el papel de Gran Bretaña es esencial para el propio gobierno laborista de Starmer que es el más activo en las ayudas militares que está recibiendo el gobierno de Zelensky? - parece que más bien de mero acompañante y, en todo caso, de actor secundario en el futuro reparto de las inversiones necesarias en el territorio de la nueva Ucrania.
Todo lo que se salga de este cuadro estratégico llevará al mantenimiento del conflicto armado y a mayores sacrificios de la población afectada y de la futura y necesaria reconstrucción del país. Putin y la Rusia que representa, tras más de veinte años en el poder, no puede, ni quiere retroceder en todo el este ucraniano, ya que afectaría al futuro de la propia Federación Rusa y sus relaciones con China y el resto del antiguo conglomerado de países que conformaron la URSS, hasta llegar a Iran y Oriente Medio. también a su presencia en otras zonas del planeta y los difíciles equilibrios geopolíticos que ya se han producido y que seguirán en aumento y cambiando de forma definitiva el mundo que salió del siglo XX.