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La resta de Sumar que convierte en prescindible política a Yolanda Díaz
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La resta de Sumar que convierte en prescindible política a Yolanda Díaz

lunes 25 de marzo de 2024, 11:36h
La Asamblea fundacional de Sumar, cargada de discursos tan altisonantes como vacíos, confirma que el proyecto de Yolanda Díaz es una Resta política para la izquierda que soñó en destronar al PSOE de la hegemonía de ese espacio sociológico de la vida pública española. Sólo votó un 11% de los supuestos “afiliados” al proyecto y la realidad, la cruel realidad para la vicepresidenta segunda del Gobierno de Pedro Sánchez es que se ha convertido en una dirigente prescindible. Su base de poder, que se alimenta de los rescoldos de lo que fue Podemos, se circunscribe a los 10 diputados del Congreso que se dicen de Sumar.
La herencia de Pablo Iglesias tiene el nombre del mito histórico de la actual República italiana, Garibaldi, quien también soñó con un estado que en nada se parece a la realidad, Monarquía de los Saboya y Dictadura de Mussolini por medio. El profesor universitario que se convirtió en incómodo vicepresidente antes de dejar en su puesto a la entonces ministra de Trabajo, comenzó a destruir el proyecto Podemos desde el momento en que dejó de ser uno más del grupo fundador para desembarazarse poco a poco de casi todos sus compañeros y pasar a ser el líder de la izquierda radical, sustentado en una interpretación del marxismo tan alejada de la filosofía de Marx y Engels como Francisco Franco, nuestro superviviente Dictador de la II Gran Guerra, de la Falange que le nutrió de doctrina nada más terminar la Guerra Civil.
Los españoles como sociedad y nuestros dirigentes políticos, como representantes de la llamada voluntad popular, se empeñan una y otra vez en repetir la historia. Al igual que sus antecesores en la gestión de los asuntos públicos imitan más los fracasos que los aciertos. Por eso, para comprender lo que están haciendo en este inicio de 2024, desde Pedro Sánchez a Alberto Núñez Feijóo, con todos los nacionalismos independentistas por medio, lo mejor es mirar lo que ya hicieron Emilio Castelar y Práxedes Mateo Sagasta en la Restauración borbónica. O más cercanos, lo que hicieron a mediados de los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado, las izquierdas comandadas por el PCE De Santiago Carrillo y más tarde por Julio Anguita; y las derechas que quiso y no pudo unificar Adolfo Suárez. El socialismo liberal de Felipe González se parecía tan poco al del exilio refugiado en México como el actual de Pedro Sánchez si se le compara con el que estuvo catorce años en el poder. González y Sánchez se parecen mucho más de lo que al primero de ellos le gustaría, incluida la pasión de ambos por Iberomérica. Digamos que José Luís Rodríguez Zapatero es un buen gestor de intereses, algo así como un Fondo de inversión político que busca la mayor rentabilidad para los socios del mismo, en este casi la Internacional Socialista y un de sus eslabones, el Grupo de Puebla.
Si González arrinconó hasta convertirlo en insignificante al PCE que había sido la referencia de la oposición al franquismo, lo mismo está haciendo, paso a paso pero en la misma dirección y con la misma constancia Pedro Sánchez. Aquel referente del Eurocomunismo que crearan el italiano Enrico Berlinger y el francés George Marcháis para alejarse de la influencia de la Unión Soviética que había creado el Dictador Iósif Vissariómovich Dzhugashvili, más conocido como Stalín - que se sentó junto a Franklin Delano Roosevelt y y Winston Churchill durante la semana del 4 al 11 de febrero en el palacio imperial de Crimea que había construido Catalina la Grande para repartirse la Europa que surgió tras la derrota del nazismo - puede que sea un referente lejano para Yolanda Díaz pero a la política gallega le faltan la habilidad y la formación de Berlinger y, sobre todo, la España de hoy en nada se parece a la Italia y la España de los setenta.
De los 31 diputados que aparecen en el Congreso bajo el roto paraguas de Sumar, Yolanda Díaz tan sólo cuenta, de verdad, con dies, el resto tienen otras “disciplinas políticas” tan l y como reflejan los resultados de esa primera Asamblea Constituyente y que la líder no ha tenido más remedio que convertirla en la primera parte de una segunda parte que se celebrará en otoño. Cinco de esos diputados defienden los desgastados colores de Podemos, otros cinco los dubitativos de Izquierda Unida, otros cinco de los Comunes catalanes, dos de los valencianos de Compromís, otros dos de Más madrid, uno de la Chunta aragonesa y otro del Mes balear, una amalgama que tiene por delante los años que le queden a la Legislatura y que dependen de la voluntad final de Pedro Sánchez. Unas nuevas elecciones les dejarán a la mayoría de ellos sin escaño en el Congreso, y lo mismo les pasará a los que hoy lo tienen en los Parlamentos autonómicos y consistorios municipales.
Sumar es un proyecto fallido, lo cual no significa que la representación social de esa izquierda no necesite un vehículo político para defender sus intereses, tanto frente al PSOE como frente a la derecha de forma global. Las nuevas elecciones en Euskadi y Cataluña, más la de carácter general para el Parlamento europeo, van a confirmar esa tendencia decreciente, ese nuevo y sucesivo Restar que protagoniza Yolanda Díaz con su comportamiento y sus deseos de liderazgo en solitario, muy parecidos a los que tuvo Pablo Iglesias.