Tenemos la segunda red de trenes de alta velocidad más grande del mundo. Solo nos supera China. Desde 1992, con el AVE a Sevilla como gran imagen, junto a la Expo y las Olimpiadas de Barcelona, hasta el último trayecto inaugurado este año, que lleva a Asturias. Madrid como eje central de casi todo. Y sobre ese abundante tejido de infraestructuras se han abatido las mil realidades de tres grandes tragedias con más de doscientos muertos. Se acabó la fiesta.