El expresidente del Gobierno durante catorce años había conseguido que su imagen pública se mantuviera por encima de los vaivenes políticos que sufren los partidos y, de forma especial, el PSOE. Felipe González era Felipe a secas, el dirigente que más tiempo ha ocupado el Palacio de La Moncloa, el que ha conseguido más escaños en el Congreso, el hombre récord de la democracia española. Sus errores se fueron ocultando debajo de una sólida capa de barniz y sus éxitos le elevaron a la categoría de estadista. Hasta que llegó Pedro Sánchez y comenzó el progresivo alejamiento. Primero despacio, luego con rapidez y ahora, a un mes de las elecciones generales, con un ataque directo al que es su compañero de partido, secretario general del mismo y jefe del Gobierno.