Ser presidente o presidenta de la Comunidad de Madrid, e incluso alcalde o alcaldesa de la capital, es un objetivo político que entraña un riesgo extremo. Se necesita una gran vocación, unas ganas enormes de detentar poder y sueños de empresas más grandes. Lo han sentido en sus carnes desde Joaquín Almunia y Enrique Tierno hasta Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. Lo sienten ahora Isabel Díaz Ayuso y José Luis Martínez-Almeida; incluso lo sienten quienes aspiran a sentarse en esos sillones desde la oposición.