Los tiempos judiciales, con la suma de investigaciones técnicas y declaraciones personales, son otros. La investigación del accidente de Adamuz lleva nueve meses abierta y aún tardará en presentarse en el juzgado que lleva el sumario, el de Instrucción número 2 de Montoro, en Córdoba, del que es titular la jueza Cristina Pastor. Ambas magistradas pertenecen a las últimas promociones de jueces y ya se enfrentan a dos causas de extrema complejidad, en las que están por medio más de cien víctimas.
Es imposible que la tragedia no tenga una influencia directa en el resultado electoral, al igual que es imposible que no se empleen el dolor y la indignación ciudadana por parte de los partidos políticos, tanto a la derecha como a la izquierda. Santiago Abascal ha decidido no parar la campaña de Vox, con sus habituales ataques al Gobierno de Sánchez; el resto de las formaciones hará lo mismo dentro de unos días.
Los cambios que se están produciendo con enorme rapidez en la opinión de los ciudadanos ante los acontecimientos que implican al Gobierno, a sus socios y a la oposición oscilan entre la mayoría absoluta y cómoda por parte de las dos derechas españolas y la “ventana de oportunidad” que se le había abierto a la izquierda con las posiciones declaradas por parte del PP y de Vox sobre las pensiones, la sanidad pública y la asistencia médica, que se sumaron a la vivienda y la inmigración como temas más sensibles.
El accidente de Adamuz, que en nada se parece al que ha ocurrido en Urda, parecía que se estaba quedando en el olvido de comienzos de este año cuando la nueva tragedia en los trenes de alta velocidad y el estado de las infraestructuras ferroviarias se colocan al frente de los miedos y las indignaciones sociales. Las repercusiones no se quedan en el ámbito interno de España ni en las decisiones de “coger el tren” o buscar otras alternativas; ya están influyendo en la imagen de nuestro país ante el resto del mundo. A todos los niveles, desde la inversión extranjera en sectores clave hasta el turismo. Basta con repasar los medios internacionales, desde Estados Unidos hasta la India.
La gran y obligada conclusión para el día después de las elecciones, y que tendrá que poner en marcha el nuevo Gobierno que salga de las urnas, es que las infraestructuras de nuestro país, sobre todo las ferroviarias, se han quedado viejas en muchos puntos. Hace falta más inversión y hace falta menos presencia política y más presencia técnica al frente de los órganos que deben tomar decisiones que afectan a cincuenta millones de personas.