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    29 de agosto de 2025

RAFAEL G. PARRA

La historia se repite, los dos partidos que pactaron loa Transición del franquismo también se repartieron sus beneficios económicos. El 15M fue un duro toque de atención a los dos partidos que fueron definidos como “la misma mierda son”. De ahí nacieron, a derecha e izquierda, varios partidos nuevos que prometían luchar contra esa casta de políticos que se hacían ricos gracias al control de La Moncloa y el Congreso. Ahora no hay alternativa clara y el único partido que suma es Vox, así que Sánchez y Feijóo vuelven a la montaña rusa sin saber qué va a pasar en las próximas elecciones.

Con 360 votos en contra de su caída, 175 a favor y 18 abstenciones, la presidenta de la Comisión Europea logró pasar la moción de censura que presentó el ultraderechista rumano Gheorghe Piperea y respaldada inicialmente por casi 80 diputados de extrema derecha, pertenecientes a los grupos Patriotas por Europa y la Europa de Naciones Soberanas. Su táctica, estilo Sánchez en España, de pedir el voto a su favor para impedir el éxito de la extrema derecha no convenció, sin embargo, a una docena de eurodiputados de La Izquierda que votaron para echarla
Cuando el barco se hunde el último en abandonar debe ser el capitán, eso lo ha recordado Pedro Sánchez para justificar que se queda a pesar de todas las brechas que se le han abierto en el partido y en su propia vida personal.
Ministras y periodistas del PSOE que hace menos de dos meses defendían a capa y espada a Santos Cerdán han tenido que replegarse, como en cualquier batalla política, a una nueva trinchera donde aseguran haber limpiado el partido de indeseables y de estar seguros, ahora, de que no ha habido ni habrá financiación ilegal del PSOE, a diferencia de lo que ocurrió con el PP, cuyos dirigentes también lo negaban hasta que la Justicia condenó al partido.
Si Pablo Iglesias estuviera al frente de Podemos -a lo mejor lo está- estaría valorando las posibilidades que le da de nuevo la vida de poder reemplazar al PSOE, cosa que no pudo hacer en 2015. La caída de Sánchez ofrece esa segunda ocasión para lograr un vuelco del electorado socialdemócrata a su favor. De hecho, el actual inquilino de La Moncloa no ha hecho otra cosa que copiar a Podemos para mantenerse en el poder.
Felipe González ha reconocido muchos años después que fue una equivocación no haberse dejado La Moncloa tras las elecciones de 1993 ya que con ello se hubiera evitado toda la sangría política que tuvo que soportar él y su partido hasta las siguientes elecciones de 1996 donde dejó ya vía libre a José María Aznar. Un ministro y un secretario de Estado, Barrionuevo y Rafael Vera, fueron condenados por el mal uso de los fondos reservados, el gobernador del Banco del España, Mariano Rubio, detenido, y el propio presidente del Gobierno estuvo en un tris de tener que comparecer ante el Supremo acusado de ser la famosa “X” de los Gal. A Sánchez le está pasando lo mismo.
Pedro Sánchez el día que recibió a la cantante Melody en Moncloa
Pedro Sánchez el día que recibió a la cantante Melody en Moncloa

¿Y si Sánchez diera la espantada?

No van a ser la manifestaciones en las calles, ni los ataques del PP o de Vox en el Congreso, sino un convencimiento espontáneo y personal de que así no puede seguir, lo que podría hacer que Pedro Sánchez decidiera dejarlo todo.
Como si fueran sus escuderos en una guerra medieval, ministros y ministras de Pedro Sánchez ejercen un auténtico papel de escuderos intentando que las flechas y los golpes de espada de la oposición no le causen heridas graves. En el combate cuerpo a cuerpo entre PSOE y PP en que se ha convertido la política española, los miembros del gobierno más que manejar sus ministerios se dedican a proteger a su jefe de filas.
Día a día, mes tras mes, se siguen acumulando los problemas sociales que más acucian a los ciudadanos sin que los políticos se pongan de verdad a la tarea de resolverlos más allá de las proclamas electoralistas que unos y otros hacen de vez en cuando. Ni la falta de médicos y enfermeras en la Sanidad, ni el coste de los alquileres, ni la solución a los menores amontonados en Canarias, ni la continua subida de los alimentos, ni el lento pero continuo aumento de la delincuencia, ni nada de nada.
La dirigente de Podemos ha visto en la llegada de Trump a la Casa Blanca una buena ocasión para devolver a Podemos parte del terreno perdido tras la traición de Yolanda Díaz cometida contra su valedor Pablo iglesias. La lucha por la militarización de Europa y la amenaza de una guerra son sus principales argumentos, como antes lo fueron la defensa de los derechos sexuales y de género.
Con estas tres palabras calificaba Pedro Sánchez la ruptura por parte de Israel de la tregua que se había pactado con Hamás en Gaza. Ni una alusión a lo que realmente está haciendo el gobierno de Netanyahu con los palestinos y que ha llevado a algún país a acusar a Israel de cometer crímenes contra la humanidad y de practicar el genocidio como arma de guerra.
Ni Mazón por su gestión durante la dana con 224 muertos, ni Abalos por sus negocietes. ni Sánchez por los negocios de su mujer, ni Ayuso por cómo administró el asunto del Covid en las residencias para mayores, ni Puigdemont por sus chantajes a La Moncloa, ni Yolanda Díaz por comulgar con las ruedas de molino que le sirve su socio de gobierno. Y así la lista se podría hacer tan larga como se quisiera
A medida que nos aproximamos al mediodía de la actual legislatura que comenzó el julio de 2023 los nervios de los políticos comienzan a aflorar aunque queden teóricamente dos años para su consumación. El caso es más complejo, teóricamente, en el PSOE que en PP donde, por ahora, nadie pone en duda a Feijóo como próximo candidato. Sánchez no querría presentarse a una tercera reelección, pero a lo mejor no tiene más remedio
Hace ya tiempo que el famoso Gobierno Progresista que conformaron Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se convirtió en un simple gabinete del PSOE, prácticamente desde que el líder morado comprendió que no pintaba nada como vicepresidente de un Consejo de Ministros que aprobaba el envío de armas a Ucrania o que rechazaba una reforma fiscal para que los ricos pagasen más que los trabajadores.
A medida que pase el tiempo vemos como en La Moncloa y en Waterloo se instalan cada vez más dos realidades virtuales diferentes que tanto Sánchez como Puigdemont intentan vender a sus respectivos partidarios como hacen los equipos de futbol con sus forofos. No han encontrado otra manera de entenderse. En cada acuerdo entre los dos políticos hay ya dos mundos y dos realidades diferentes, pero no les importa creen que sus votantes prefieren eso a que rompan de verdad.
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