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    26 de mayo de 2024

RAFAEL G. PARRA

La dura derrota sufrida por Esquerra Republicana en los comicios catalanes ha servido para alimentar aún más el curioso choque que se dirime desde hace varios años entre el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, y el futbolista portugués, afincado en España. Luis Figo, ex capitán del Barça al que Florentino Pérez fichó para el Real Madrid con un traspaso millonario en el año 2000 lo que provocó el enfado de todos los culés.
Como Sánchez ha convertido la política española en un cambio de cromos, tras los resultados de las elecciones catalanas no sería imposible que el órdago que le ha dirigido Puigdemont al inquilino de La Moncloa tuviera finalmente más éxito de lo que podría parecer. A los partidos independentistas les faltan nueve votos para poder hacerse con la Generalitat, que son casi los mismos (7) que Junts prestó al PSOE para poder hacer su gobierno actual.
Si atendemos únicamente al texto del discurso del presidente del Gobierno español, donde anunció que iba a seguir en La Moncloa, tendremos que colegir que tras los cinco días de retiro espiritual junto a su mujer, ambos han decidido sacrificarse en aras del poder y que, en definitiva, Begoña Gómez ha transmitido a su esposo que está dispuesta a aguantar, por ahora, todo lo que se le viene encima.
La misiva del presidente del Gobierno quejándose de que no puede soportar más el peso del poder sería una carta de dimisión con efectos retardados al lunes 29 de abril según las opiniones de algunos miembros de su círculo de asesores independientes, motivada por una conclusión fundamental a la que habría llegado Pedro Sánchez tras la aceptación por un juez de la denuncia de Manos Limpias contra su mujer por presunto tráfico efe influencias.
En un estado de guerra permanente, la inflación y los riesgos de una economía dependiente del petróleo a pesar de los avances en las energías más límpias van a seguir poniendo a prueba a toda Europa y por supuesto a España. Bien haría Pedro Sánchez de preocuparse más de los problemas económicos para que no le ocurra lo mismo que a ZP.
El 12 de mayo los partidos independentistas tendrán que decidir su futuro y todo dependerá del resultado electoral donde, al igual que ocurrió con los comicios generales españoles del 23 de julio, todo puede depender de lo que decidan los partidos pequeños, como En Comú o la CUP, siempre pensando que tanto el PP como Vox no den ninguna sorpresa al estilo de lo que consiguió Ciutadans en 2017, que luego no les sirvió para nada.
Los españoles ya no piensan ya no sienten, ni se alegran, ni padecen, somos insensibles a los efectos de la economía, de la política o de los terremotos…Todo lo contrario de la sociedad que luchó contra la dictadura de Franco. En los últimos cuarenta años, los españoles hemos sido anestesiados ante los problemas de España y del mundo.
Las elecciones gallegas han supuesto un a nueva decepción para Pablo Iglesias que estaba convencido que la única opción clara de batir al PP era el BNG pero que al final tuvo que ceder ante sus compañeras Irene Montero e Ione Belarra, para apoyar a Isabel Faraldo a la que concedía el mérito de haber puesto “el cascabel al gato intocable de la oligarquía gallega y española: Amancio Ortega. Si es elegida diputada, el cambio está asegurado. Fuerza”. Hasta aquí llegó la marea pablista.
Lo de Alberto Garzón y su abortada entrada en el despacho del lobby Pepiño Blanco, ex ministro de Fomento de Zapatero es la historia de muchos del lo dirigentes del PCE y de Izquierda Unida que acabaron fichando por el PSOE. Cuando tocas la riqueza y tienes salarios de cerca de cien mil euros al año es difícil no ceder a las tentaciones que te ofrece el Sistema capitalista.
Como en la fábula de la tortuga y el escorpión, Puigdemont no ha podido evitar picar a Pedro Sánchez en plena travesía del río de la Ley de Amnistía, a pesar de que con su acción podrían acabar los dos ahogados políticamente. Hace tiempo que el hombre de Waterloo no obedece más que a sus propios intereses.
Tradicionalmente se ha entendido que en las democracias imperfectas occidentales al analizar las luchas entre los partidos políticos parlamentarios había que contar además con otras variables que también de manera habitual se denominaban “las fuerzas vivas” y donde se englobaban a los grandes empresarios, a los líderes financieros, a los medios de comunicación (el cuarto poder) y a la Iglesia.
El Barça pasará a la historia por no haber pedido su dimisión, a diferencia de las internacionales del Femenino, que se han jugado su carrera, y las injerencias políticas desde el Parlament y desde la Moncloa han sido un espectáculo vergonzoso.
El Sistema, como descubrió Mario Conde tras ser defenestrado y aniquilado de la noche a la mañana, es poderoso y siempre acaba por salirse con la suya. Nadie sabe con exactitud que es el Sistema, pero a bote pronto se trata de una amalgama de grandes capitalistas, lobbys poderosos que se mueven en las sombras, la Iglesia siempre presente en España, políticos, jueces, abogados, periodistas, publicistas y todo un conjunto de personas que trabajan para mantener eso que los americanos llaman el stablishment.
El miedo a Vox ha sido una de las claves principales del resultado final de las elecciones del 23-J, convirtiendo lo que iba a ser un paseo triunfal de Feijóo, al estilo de Rajoy en 2011, en un una victoria pírrica. Una buena parte del electorado que el 26 de mayo se decantó por el PP en los comicios municipales y autonómicos ha preferido bloquear la entrada de Abascal en un hipotético gobierno PP-Vox, a lo que hay que añadir como dato significativos el vuelco de parte de los simpatizantes del independentismo catalán, y en menor medida el vasco, hacia Pedro Sánchez.
No ha llegado todavía a La Moncloa, pero Alberto Núñez Feijóo está mostrando ya su carácter gallego que está saliendo a la luz en cada una de las “no instrucciones” que imparte a los barones regionales a la hora de buscar soluciones para gobernar en las Comunidades donde el PP no ha logrado la mayoría absoluta. “Ni sí ni no, ni todo lo contrario”, frente a las tesis madrileñistas de Isabel Díaz Ayuso de ir al encontronazo con Sánchez y con Abascal. ¿Se repetirá la historia de las relaciones entre Rajoy y Esperanza Aguirre?
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