Si el rey Mohamed VI no hubiese querido, las llegadas de miles de jóvenes marroquíes a Ceuta no se habrían producido. Imposible. La policía alauita lo habría controlado con enorme facilidad. Lo ocurrido hay que verlo como un gran ensayo para una futura invasión de las dos ciudades españolas, muy parecida esta “marcha azul” a la “marcha verde” que Hasán II organizó sobre el Sáhara en 1975, recién muerto Franco y con nuestra democracia dando sus primeros balbuceos.
Sin verja en Gibraltar, la figura del titular de Exteriores gana en importancia y presencia política. Desde el ministro Castiella no ha habido otro igual. Conviene hacerle un pequeño retrato a lápiz, en blanco y negro.
La brutalidad del poder se ha convertido en una de las señas de identidad de este siglo. Y ningún organismo internacional y ningún gobierno se estrena más allá de las palabras de condena. Ormuz es imperio de la fuerza; Gaza, Cisjordania son hechos consumados, han dejado de existir las imágenes de muertos y pueblos destrozados. Cada día ocurre lo mismo en Líbano, que es un ejemplo de lo que puede suceder si se dejan a un lado las normas internacionales y se admite y asume que la legalidad obedece a los misiles.
El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán puede alargarse más de dos meses si se cumplen las primeras declaraciones de Donald Trump y las mismas realizadas por Netanyahu. Si la guerra se extiende en el tiempo y afecta a más países la economía mundial entrará en una nueva crisis en sectores claves como son la energía y el comercio mundial. El gas y el petróleo que llegan a España están subiendo y afectarán a los precios de la gasolina y la energía, tanto industrial como doméstica. Sobre esa base subirán los costes del Transporte y de los alimentos.
El presidente del Gobierno ya ha encontrado la mejor forma de atacar a Núñez Feijóo y levantar la moral de la izquierda, tanto la que está dentro del PSOE como la que se mueve en el Gobierno y que aún no tiene decidido quién sustituirá a Yolanda Díaz como cabeza de lista electoral para las elecciones generales. Se trata de imitar lo que lleva haciendo Isabel Díaz Ayuso desde que llegó al poder en la Comunidad de Madrid: dejar a un lado a sus adversarios más próximos, ya fuesen de Más Madrid o del PSOE y buscar la confrontación permanente con el lider nacional, en su caso, Pedro Sánchez. Le ha funcionado. Sus rivales han dio desapareciendo, desde Pablo Iglesias a Juan Lobato, y ella se ha convertido en referencia obligada de la derecha gracias a su mayoría absoluta.
El presidente francés, Emmanuelle Macron, tiene graves problemas en su país, pero utiliza a Zelensky para intentar mantenerse en el Eliseo hasta a sus propias elecciones, que serían entre abril y mayo de 2027. El primer ministro de Reino Unido; Starmer, tiene graves problemas en su país, pero utiliza a Zelensky para tapar las medidas más duras en inmigración y derechos sociales. El jefe del Gobierno alemán, Mertz, no encuentra otra salida a la crisisi económica que atenaza a su país que anunciar recortes en los derechos sociales y destinar quinientos ml millones de euros a la industria militar con la excusa de ayudar a Zelensky. A Noruega, con un importante alza de las fuerzas de la ultraderecha, le pasa lo mismo, pese al gasoducto que llega desde el Mar del Norte a Polonia, el gran país emergente en el centro de Europa, tan poco dispuesto a ser amigo de Alemania como de Rusia. Ucrania y Zelensky son la gran excusa de la retrasada Europa para intentar que sus ciudadanos acepten el fin del soñado estado del bienestar.
Todos esperando que llegara, viera y venciera. Es lo que hizo con su estilo eterno y antes de subirse al estrado, cuando en las escaleras mecánicas casi se cae su mujer Melania y cuando el teleprinter con su intervención no funcionaba. La Asamblea de la ONU vivió una jornada histórica: el presidente de Estados Unidos le dijo al organismo internacional creado para evitar las guerras, que no servía para nada y que él, en apenas ocho meses había logrado parar siete guerras a lo largo y ancho del mundo.
Cambian los titulares y sus protagonistas pero no los formatos que utilizan los partidos españoles y sus dirigentes, la inmensa mayoría convertidos en ágrafos tecnológicos, incapaces de entender y aún menos utilizar las auténticas armas de destrucción masiva. Aparecen los curriculum falsos y se mantienen las corrupciones; aparecen Noelia y Cristobal y se mantienen Begoña y Santos. Los jueces siguen en el centro de las batallas. Y todo es diferente desde hace más de diez años. La mejor referencia está en Estados Unidos y las dos victorias de Donald Trump, bien acompañado en la última de ellas por las mayores fortunas tecnológicas del planeta Tierra. Aquí asistimos a las peleas a garrotazos mientras que tanto en USA como en China se construyen gigantescos almacenes de datos con detallados perfiles de miles de personas, las mismas a las que se lanzarán los drones invisibles del pensamiento inductivo.
El presidente de Vox ve en la estrategia del Partido Popular de tensionar al máximo su oposición al Gobierno la peor de las noticias que puede recibir de cara a las próximas citas electorales. Pensó, tras la llegada a La Casa Blanca de Donald Trump y la Casa Rosada de Javier Milei que él podía trasladar a España ese fenómeno de auge en todo el mundo de la derecha más dura. La reacción de Núñez Feijóo y su equipo, con una agresividad hacia Pedro Sánchez y el PSOE que no deja de crecer, le están cerrando ese camino.
Es la “lady halcón” de la política europea, la más beligerante frente a la nueva posición de Estados Unidos, pese a aceptar que la UE apruebe 800.000 millones de euros en Defensa para crear un ejército propio, paralelo a la OTAN, y dispuesto a llevar a soldados de varios países a combatir a Ucrania. Máxima sostenedora de Volodomir Zelensky se lleva bien e incluso muy bien con Pedro Sánchez, pero su “nuevo amigo político” es el francés Emmanuel Macrón. En la vida pública los amores duran poco o muy poco. El presidente francés tiene armas atómicas y desea ser el negociador con Trump e incluso con Putin, para obtener el premio de la reconstrucción en Ucrania. Sánchez no tiene armas atómicas y tampoco ha podido reunirse con el nuevo inquilino de la Casa Blanca. Como alemana sabe que en el futuro inmediato, su enemigo exterior no será Rusia, será Polonia. Sonríe mucho y habla mucho, pero en realidad tiene poco poder. Las divisiones entre los 27 países y la independencia del BCE, con Christine Lagarde la deja casi en la mitad de la nada.
Entre buscar la paz y mantener la guerra en Ucrania la Europa que lidera el presidente francés, ayudado por el fugado Reino Unido, opta por lo segundo. El resultado sólo puede ser uno: terminar por destruir el territorio que se dice querer defender. El grave problema para los ciudadanos de los 28 países ( contando con el que se marchó tras el Brexit) es que sus dirigentes lo saben pero prefieren mirar para otro lado: para la Rusia de Putin, para la América de Trump y hasta para la China de Jian Ping. ¿Por qué lo hacen entonces?, es la pregunta. Y la contestación: por hacerse el avestruz y creer que el tiempo arreglará lo que ellos no se atreven a hacer: decir la verdad a los que los han elegido.
El presidente del Gobierno y el presidente de Ucrania, por no mencionar a la totalidad de los altos cargos de la Unión Europea que están en Kiev para mostrar su apoyo a ese país en el tercer aniversario del conflicto, quieren (es lo que dicen) lo imposible: que Rusia pierda la guerra y todo vuelva a ser como hace once años. Vladimir Putin está pactando con Donald Trump las condiciones de una paz que será tan inestable en el tiempo como todas las que ocurren desde hace cien años en Europa.
En apenas unas horas las grandes compañías tecnológicas de Estados Unidos sufrían un golpe financiero brutal y otro golpe mercantil. Un ingeniero chino de 40 años, Liang Wenfeng anunciaba el lunes la llegada al mercado de DeepSeek, la Inteligencia Artificial gratuita capaz de hacer frente y de superar en algunos aspectos a lo que ofrece Chat GPT y Nvidia. Está última, liderada por Jen-Hsun Huang, perdía en bolsa 600.000 millones de dólares. Menos, pero también perdían, Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zukenberg y Larry Ellison. Entre los cinco más de un billón de euros de fortuna. Era la respuesta de Xi Jianping a Donald Trump tras su llegada a La Casa Blanca y su catarata de decretos y amenazas con aranceles a las importaciones de Estados Unidos
Todo el mundo cree, incluido Núñez Feijóo, que Pedro Sánchez se irá de La Moncloa cuando él quiera y que dada la situación del Congreso nadie le puede echar, ni siquiera Puigdemont con sus regates en corto para que parezca que tiene en sus manos al gobierno socialista, pero su marcha no será tan tarde como algunos pronostican. Elegirá el primer momento de calma para intentar irse en las mejores condiciones para su persona. Otra cosa es lo que le pase al PSOE como ocurrió cuando se marcharon Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, que necesitó ocho años para recuperarse de la herencia envenenada.
La vida del presidente del Gobierno no sería hoy igual sin la presencia y actuación de dos mujeres, que nada tienen en común, que no viven en el mismo país, con pasados culturales y profesionales diferentes, pero que en este final del mes de octubre de 2024 le amargan y le endulzan su vida política y personal a cada minuto. La primera, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid y convertida de hecho, y por derecho, en la mayor enemiga de Pedro Sánchez no va a parar en su batalla hasta que no se celebren nuevas elecciones generales. En ese momento, dentro de unos meses o tres años, habrá perdido o ganado. Habrá conseguido que el Secretario General del PSOE tenga que abandonar la actividad pública, o que sea ella quien lo haga. No hay marcha atrás, ni pactos posibles. Guerra personal con destrucción personal. Así es, pese a que no debería serlo.
En cinco días la apuesta de Emmanuel Macron para permanecer en el Eliseo hasta 2027 y tener un primer ministro con el que gobernar, al menos, por ese mismo periodo de tiempo, tendrá un resultado. Su partido será el que menos diputados tenga, dentro de los 577 que forman la Asamblea francesa, tantos como circunscripciones conforman la trama electoral legislativa de nuestros vecinos. Muchos de ellos conseguirán su escaño a la primera y otros tendrán que esperar al siete de julio. Lo seguro es que entre la unida izquierda y la suavizada derecha, el presidente de la República tendrá que elegir a su Primer ministro , y que esa elección repercutirá en toda Europa y, por supuesto en España.
Hablemos de Francia: el auténtico vencedor de las elecciones es Macron. Salva a su partido. Utiliza a la izquierda. Impide que gane la derecha dura. Obliga a votar a los abstencionistas. Y consigue que la inmigración de doble nacionalidad vote contra el miedo.
Sin hacerse oficial los resultados de las elecciones europeas del 9 de junio Emmanuel Macron disolvió la Asamblea Nacional y convocó elecciones legislativas. La arrolladora victoria del Frente Nacional de Marine Le Pen, con un joven de 28 años, J ordan Bardella, como cabeza de lista le convenció de que no tenía más remedio que intentar volver a compartir el poder con los socialistas de Jean Luc Melenchón, miembro selecto de la masonería francesa.. comprobó que inevitable, la abultada derrota de su partido no tenía más solución que mirar hacia atrás y llamar al que fuera su jefe, François Hollande, que regresa para presentarse el próximo día 30 de junio en busca de un escaño en la Asamblea.
El presidente francés escondía bajo su apariencia de diletante francés y heredero de la “gauche divine” de los años sesenta y setenta del siglo pasado, de liberal económico a ultranza y defensor de la convivencia y el idálogo, en un auténtico killer global, defensor de la intervención directa de la OTAN en Ucrania, de defender la presencia francesa en el Africa Subsahariana, para terminar ofreciendo a la vacilante Europa las bombas nucleares que posee su armamento. Tiene un problema creciente con los millones de creyentes musulmanes, de primera, segunda y hasta tercera generación en sus ciudades, barrios y calles, pero es incapaz de resolverlo. A la España de Pedro Sánchez le ofreció un abrazo mientras intentaba robarle su protagonismo en Marruecos.
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Sin bulos, ni noticias falsas, ni declaraciones partidistas. Los fuegos que están arrasando España como nunca antes tienen un precio muy alto. Habrá que reconstruir pueblos, negocios y casas; habrá que devolver a miles de personas el futuro que tenían y que ha desaparecido. Serán miles de millones de euros los que deberán aprobar los Gobiernos y el Congreso.
Ir en contra de los datos económicos y querer elevar a la categoría de desastre las políticas del adversario es peligroso, sobre todo cuando esos mismos datos no salen de los despachos oficiales, ni de los Ministerios y sí de las entidades financieras, las grandes empresas y los gigantes de los fondos de inversión. El presidente de la mayor gestora del mundo, con catorce billones de dólares en su cartera de inversiones, Larry Fink, se ha empeñados en demostrar al presidente del PP y a su equipo de confianza que le gusta estar en España, que tiene invertidos en nuestro país cien mil millones de dólares, que le debe mucho a Ana Botín y a Ignacio Sánchez Galán y que su presencia en 69 empresas y entidades financieras va a continuar. El Santander le proporciona diez mil millones de beneficio a su 6% del banco, e Iberdrola otros ocho mil a ese otro 6% que mantiene en la energética.
El ajedrez es un juego de estrategia, de audacia y de predicción sobre las capacidades del adversario. Nada nuevo si se quiere entender lo que está pasando en Irán y en Palestina. Un mero ajuste de la memoria: hace 70 años la Europa colonial que controlaban Gran Bretaña y Francia intentaron derribar el régimen del presidente Gamal Abdel Nasser en Egipto para volver a controlar el Canal de Suez, tal y como lo habían hecho hasta la revolución militar que acabó con el reinado de Faruq e instaló la República. En 1952 el país árabe se encontraba sumido en una doble crisis: externa, tras la derrota de 1948 frente al recién nacido Israel; e interna, con una crisis económica y social que hizo posible que la organización de los llamados “Oficiales Libres”, con el coronel Nasser al frente, se hiciera con el poder apoyados por una izquierda socialista.
La actual presidenta de La Comisión Europea, ex Ministra de Defensa, de Trabajo y de Asuntos Sociales, desde 2005 a 2019 en varios Gobiernos de Angela Merkel en Alemania, rompió ayer todas las reglas de la diplomacia y apoyó de forma rotunda la estratagia de Donald Trump sobre el fin del Derecho Internacional y la aceptación de la ley del más fuerte como norma en las relaciones internacionales. Ursula von der Leyen, sin consultar con el resto de La Comisión, se ha convertido en el nuevo “halcón” de Europa. La crisis más aguda dentro del organismo europeo debería llevar a si dimisión, salvo que los 27 países que integran la UE acepten, con su silencio y falta de medidas contra esa declaración que, de mantenerse, acabaría con la propia democracia y la legalidad jurídica internacional.
El cansancio físico, el derrumbe mental se percibe con claridad en el rostro y en los movimientos de Volodomir Zelensky en su última reunión con los dirigentes de Francia, Gran Bretaña y Alemania, que se han adueñado del discurso belicista de Europa cuando en sus respectivos países están más cuestionados que nunca.
El presidente de la Generalitat y exministro de Sanidad se ha convertido en el “vicepresidente real” de Pedro Sánchez para negociar con las grandes empresas que están implicadas en los tema de estado, como pueden ser la Defensa, la Energía y las Comunicaciones. Salvador Illa apostó por convertir a Marc Murtra en presidente de Telefónica, dejando que fuera Manuel de la Rocha, desde Moncloa, el que encajara a Angel Escribano en la presidencia de Indra, un doble movimiento que habría sido imposible sin la presencia de Carlos Ocaña en el Consejo de la compañía de telecomunicaciones, por un lado, y en la dirección general adjunta del Real Madrid.
En el último ataque ruso con drones y misiles contra varias ciudades de Ucrania, una decena de drones habrían cruzado la frontera con Polonia siendo interceptados por el sistema de defensa de este país. El jefe del Gobierno polaco, Donald Tusk ha reclamado que la OTAN ponga en marcha el protocolo que ampara los países miembros ante cualquier agresión exterior, mientras que la actual responsable de la Unión Europea para las relaciones exteriores, Kaja Kallas, no ha dudado en acusar a Rusia de efectuar ese ataque sabiendo de las consecuencias que tendría en virtud del artículo IV de la Organización, descartando la posibilidad de un error al cruzar los drones la frontera polaca.
En 1945 los 51 países que firmaron la creación de la ONU dejaron que cinco de ellos tuvieran capacidad de veto ante cualquier resolución que se tomara en el Consejo de Seguridad, el principal órgano de ese asambleario instrumento para el mantenimiento de la paz y la seguridad a nivel mundial en el que ahora están 193 países, y que lleva ochenta años empeñados en demostrar que sirve para que todos hablen, quince propongan y cinco decidan. La ONU no tiene una estructura democrática, ni funciona como una auténtica Democracia en la que cada voto contase. Su estructura es elitista y basta con que uno de los cinco: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Gran Bretaña se oponga a lo que ha aprobado el resto para que esos acuerdos se queden en papel mojado. Es una de las mayores mentiras que funcionan en el mundo, tan necesaria como las ilusiones en el teatro o el cine. Si se observa con detenimiento el rostro de su Secretario General actual, el portugués António Guterres, se comprobará que es un simple actor de reparto.
Desde hace tres años, y sin contar los miles de millones que se intervinieron en cuentas y bienes a los oligarcas rusos, en el Euroclear están 260.000 millones de activos soberanos de Rusia, más los intereses que se hayan producido durante ese periodo; en total, la cifra que quiere utilizar la Unión Europa para “reparar” la destrucción de Ucrania ascendería a los 300.000 millones. De eso, al lado de la soberanía de los territorios del Donest, es de lo que hablan Zelensky y sus mejores amigos: Macron, Starmer,Mertz y Tusk. A ninguno les importa que cada día aumenten los muertos, ni que cuando se llegue al acuerdo de paz al que se llegue, Ucrania habrá dejado de ser el país que era antes de 2014, la fecha real de un conflicto que era tan inevitable como lo es el que terminará produciéndose en Oriente Medio dentro de unos años, en un ciclo de destrucción que parece imposible de parar.
Todo lo que está pasando en la Unión Europea tras la legada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, desde la aplicación de aranceles a casi toda la industria, a las negociaciones con Vladimir Putin para alcanzar una paz en Ucrania, le vienen muy mal a España y en concreto al actual Gobierno. Pedro Sánchez se dispone a viajar a Pekin por tercera vez en menos de dos años, algo inédito en las relaciones internacionales de nuestro país, como inédito es que entre los presidentes de USA y España no exista una conversación política y las relaciones diplomáticas se mantengan en el nivel de subsecretarios. España no puede cumplir con la inversión del dos por ciento del PIB en seguridad y defensa, tal y como piden con reiteración desde la OTAN y desde Bruselas. Ni ahora, ni posiblemente en 2026, tal vez en 2027, que en principio es año electoral y cualquier pronunciamiento sobre inversiones militares, en contra de otras inversiones sociales dejará una puerta abierta a las formaciones a la izquierda del PSOE, desde Sumar a Podemos, y a su derecha, desde Junts a ERC.
En octubre de 2011 se estrenó en España una de las mejores películas de este siglo. La dirigió Enrique Urbizu y tuvo a José Coronado como protagonista principal. El título está cogido del Antiguo Testamento judío, concretamente del salmo 48:22 del profeta Isaías: “No habrá paz para los malvados”. Han pasado dos mil cien años y las palabras que escribió Isaias, poeta, escritor y asesor de varios reyes de Israel son tan válidas como entonces.
Ya aceptan que se busque la paz en Ucrania, algo que negaban hasta hace apenas unas semanas, pero lo que buscan los líderes europeos con su posición frente al movimiento de Donald Trump de llamar a Vladimir Putin para negociar el fin de las muertes, sentados los negociadores en la “neutral” Arabia Saudí, es engañar de nuevo a los ciudadanos de sus respectivos países. Aceptan que la Ucrania de 2022 no será la de 2025 y que Rusia no se marchará del Donbas, ni de Crimea, pero insisten en el peligro que para la democrática Europa de los 27 países, más la tránsfuga Gran Bretaña , representa la Federación rusa. Quieren aumentar el gasta en defensa, quieren producir más armas, pero no dicen que será a costa de las inversiones en sanidad, en educación, en pensiones, en seguro de desempleo. Adiós a las medidas sociales, bien venido el renacido espíritu belicista en unos países que, como Alemania, Francia y Gran Bretaña están inmersos en unas crisis políticas y económicas de difícil solución.
El día 20 de enero Donald Trump será oficialmente el nuevo presidente de Estados Unidos y comenzará una nueva etapa para el mundo. Las declaraciones previas son muchas y algunas llegarán a convertirse en realidades y otras no. Terminar con la guerra de Ucrania a través de un proceso de paz pactado con Rusia. Trump tiene claro que su interlocutor es Putin y no Von der Leyen, ni Macron, ni ningún otro dirigente de la Unión Europea. Terminar el conflicto en Palestina a través de un acuerdo con el Israel de Netanyahu. Poner sanciones y restricciones al comercio0 internacional, sobre todo en lo referente a China. Mirar más hacia el Pacífico que hacia el Atlántico y mucho más al interior de USA. Ya ha dicho lo que quiere hacer y con quién lo quiere hacer. Habrá que ver si puede y le dejan.
De nuevo hoy, lunes 9 de diciembre, tres encuestas llamadas políticas y con resultados totalmente distintos, confirman que esos sondeos “de encargo” les sirven a los partidos como armas de sus dirigentes para defender las posiciones internas en sus organizaciones. Insistir cada semana en los porcentajes de votos que tendrían en una cita electoral, cuando no está, ni se la espera, y en los escaños que conseguirían de cara a una posible sesión de investidura, es un ejercicio sociológico tan inutil como interesado.
La esposa del presidente del Gobierno, Begoña Gómez, y el juez Peinado tendrán que esperar otro mes para ver quien gana en el desigual combate en el que llevan meses implicados. La Audiencia Provincial se ha dado cuenta, en el último mínuto, que faltaba una de las recusaciones que el abogado de la mujer del presidente, Antonio Camacho, había enviado al juzgado. Esa “pequeña” nota, de apenas un folio de extensión, ha bastado para que los magistrados que tenían que tomar la decisión de mantener a Peinado al frente de toda la instrucción del sumario, o retirarlo para que el sumario pasara a otras manos y otras instancias, hayan pedido más tiempo. Tiempo que aprovechará otra acusación particular para aumentar los motivos de la denuncia con la investigación que está levando a cabo la Universidad Complutense, el “alma mater” del curso.
Más dividida que nunca, llena de contradicciones, con líderes enfrentados, con fronteras renacidas, sin claros liderazgos, sumergida tanto en la guerra de Gaza como en la destrucción de Palestina, que no sabe qué posición tomar ante Nicolás Maduro o Javier Milei, ni ante los candidatos para presidir Estados Unidos, que necesita y no quiere a los emigrantes, ya sean de la Europa del Este, del Africa subsahariana o de sus antiguas colonias, que necesita y no quiere la tecnología china, que tiene tantos agujeros en su estructura política como un colador. La Unión Europea no encuentra su sitio en el gran mapa del poder mundial.
Dentro de una semana toda Europa sabrá si el presidente de Francia tendrá como primer ministro a un joven de 28 años, ganador por mayoría absoluta de las elecciones legislativas tras la segunda vuelta como representante del antiguo Frente Nacional de Marine Le Pen; o a un maduro representante del Nuevo Frente Popular a través de una suma de escaños que les permita dejar con la “miel en los labios” a los que consideran la ultraderecha más populista de toda Europa. Emmanuel Macron no quiere a ninguno de los dos pero prefiere un pacto con Jean-Luc Melenchón, profesor y periodista que conoce las “obligaciones mutuas” de los pactos en el poder, antes que a Jordan Bardella, al que considera alumno aventajado y sin estudios de la hija de Jean-Marie Le Pen. Nada será igual en Francia y en Europa. Tampoco en España.
Los líderes de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, y del Partido Socialista, Olivier Faure, han anunciado que retirarán sus candidaturas en las circunscripciones en que haya riesgo de una victoria de Agrupación Nacional.
El presidente francés no ha esperado a los resultados oficiales. Al primer sondeo de las urnas se ha rendido y ha anunciado que disuelve el parlamento y convoca elecciones para el próximo 30 de junio, en primera vuelta, y para el 7 de julio, en segunda si fuese necesaria. La debacle de su formación ha sido rotunda. La sociedad francesa le ha dado la espalda, harta de sus continuos cambios en política exterior y su repetida defensa de entregar más armas a Ucrania hasta que Zelensky venza a los rusos.
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