Míriam Nogueras insiste un día sí y otro también en que el Vox de Santiago Abascal es la toxina que impide cualquier acuerdo con el Partido Popular. Lo dice mientras pide lo mismo que los populares: elecciones generales antes de que termine este año. La diferencia está en que, ahora, abre un camino para el líder del PP: buscar un candidato “externo”, de consenso entre los partidos que desean la cita con las urnas, con un único punto en su programa: disolución de las Cortes y convocatoria electoral inmediata.
A ese hipotético candidato le podrían dar sus votos no solo los 137 parlamentarios del PP y los 33 de Vox, también podrían dárselos los siete de Junts, los cinco del PNV, los dos de Coalición Canaria y Unión del Pueblo Navarro y, puestos a soñar, hasta algunos del propio Partido Socialista que deseen acabar con la etapa de poder de su secretario general.
Un camino tan posible como improbable. Es un simple juego de magia: ahora ves los votos, ahora ya no los tienes. La impaciencia siempre es mala en los negocios y la lucha política se ha convertido en un negocio en el que se compran y venden los apoyos a cambio de puestos de poder, que terminan rápidamente siendo puestos remunerados.
Encontrar un nombre que sea aceptado por una mayoría de las fuerzas políticas, y que él mismo esté dispuesto a cumplir con esa misión de “verdugo” parlamentario, se antoja casi un imposible. No puede ser un técnico; tendría que ser un político ya retirado, con experiencia, credibilidad y compromiso, un auténtico “mirlo blanco” que pudiera sumar los escaños de cinco o seis colores. Para esa búsqueda no se necesita ir a Waterloo.