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La mariposa de Lorenz se llama Mari Carmen y convierte Sol en el escenario del huracan
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La mariposa de Lorenz se llama Mari Carmen y convierte Sol en el escenario del huracan

lunes 28 de septiembre de 2026, 11:19h

El meteorólogo Edward Lorenz quiso explicar los cambios del clima con una metáfora que entendieran todos: el simple aleteo de una mariposa en un extremo del mundo podía llegar al otro extremo convertido ese levísimo viento en un destructivo huracán. Era 1972 y, desde entonces, esa frase se ha convertido en la base de la teoría del caos, aplicable a la física y a las matemáticas y, desde esta semana, en España, a la vivienda.

El Sindicato de Inquilinos —el mismo que lleva cien años paseándose por Europa tras nacer en la ciudad sueca de Gotemburgo— le ha puesto nombre español a la mariposa: se llama Mari Carmen, una mujer de 87 años a la que se ha desalojado de su casa de renta antigua sin que ninguna Administración hiciera nada por impedirlo. El problema de la vivienda lleva años enquistado y se ha agravado desde que el primer Gobierno socialista de Felipe González rompiera las barreras que había puesto el franquismo. Adiós a la dictadura, bienvenida la democracia.

La mariposa debería convertirse en el animal totémico de las protestas ciudadanas. Por pequeñas que sean y por mínimas que sean las movilizaciones, pueden convertirse en huracanes contra los gobiernos, los partidos políticos y los llamados sindicatos de clase. España no es un caso aislado: el malestar contra el mal uso de la democracia, el mejor sistema de convivencia y libertad que se ha inventado hasta ahora, es patente y sigue creciendo. No solo entre los jóvenes. Afecta a ese colchón que se creó tras las grandes guerras del siglo XX llamado clase media.

La Puerta del Sol se ha llenado de mariposas de todos los colores para obligar a la clase política a dejar de sestear y de pensar en los sillones que ocupa ante la llegada masiva de las elecciones. Los ciudadanos quieren soluciones y aquellas formaciones que se “duerman” tendrán un castigo en las urnas. No habrá un cambio radical y es posible que a esas mariposas se las fumigue con el paso del tiempo. Ha pasado muchas veces y seguirá pasando. Cambiar todo es el mejor de los caminos para que nada cambie. Puede, puede que lo que se está viviendo estos días en la capital del Reino se convierta en el huracán que necesitaba la vida política para que los representantes de la ciudadanía se pongan a cambiar las reglas del juego.

Sin el caso de Mari Carmen y la empresa que la ha desalojado con la ley en la mano, el decreto sobre vivienda seguiría en el hemiciclo del Congreso de los Diputados sin los votos necesarios para convertirse en ley. Sin disfraces, es evidente que la utilización política es una realidad. Todo suceso se convierte en un arma electoral, para la izquierda o para la derecha. En este caso, los efectos pueden ser transversales y de difícil pronóstico de cara a las urnas. Habrá que esperar. Un aleteo de esas escamas microscópicas que forman sus colores y les permiten volar podría convertirse en uno de esos huracanes que cambian las estructuras sociales.