A tres escaños de la mayoría absoluta, con más del doble de votos que los obtenidos por la hasta ahora gobernante Democracia Cristiana, cinco veces más que el Partido Socialdemócrata y casi el doble que todo el conjunto de la izquierda de Sajonia-Anhalt, la “Alternativa por Alemania”, liderada por Ulrich Siegmund, ha lanzado al resto del país el mismo mensaje, con una participación récord del 78 %: estamos hartos del Gobierno de Friedrich Merz, estamos hartos de este “desvío” de la democracia, no nos representa y queremos, exigimos, un cambio.
La crisis económica y social que tiene Alemania, con una industria envejecida y con la obligación de sus principales empresas de acometer un cambio radical —Volkswagen va a despedir a 100.000 trabajadores en los próximos tres años—, es la mejor imagen de una Europa que se durmió en sus anquilosados laureles y que ha despertado para descubrir que sus piernas económicas no aguantaban el ritmo de la carrera global.
Lo más fácil es decir que la formación de Siegmund se parece al partido nazi de Adolf Hitler durante su ascenso al poder, que tendría que mantenerse el cordón sanitario que han mantenido el resto de formaciones políticas hasta ahora y que “Alternativa por Alemania” es un aliado de la Rusia de Putin. Algo parecido a lo que se decía de Giorgia Meloni hasta que llegó al poder en Italia, de lo que se dice de Marine Le Pen y Jordan Bardella en Francia, de lo que se afirma en Gran Bretaña sobre Nigel Farage y de los calificativos con los que se ataca a Santiago Abascal en España.
Todo menos reconocer que la democracia liberal que se articuló tras la II Guerra Mundial se está destruyendo a sí misma, con una Europa que se unió en la moneda única y en una burocracia expansiva que alejaba a sus dirigentes de los ciudadanos, y que es incapaz de mantener la solidaridad y la igualdad que proclamaron al fundar y refundar la actual UE. De tierra de acogida “necesaria” para abaratar los costes y realizar los trabajos que no quieren hacer sus ciudadanos, estamos pasando al miedo acelerado hacia la inmigración y hacia cambios radicales en el mercado laboral. Los grandes perjudicados son los jóvenes y las familias con menos recursos.
La solución no está en cambiar de color en el Gobierno. Izquierda o derecha dará lo mismo. Creer que hay que destruir al adversario en lugar de buscar una base común sobre la que construir las alternativas es un error que impedirá el gran cambio necesario. En Sajonia, los ciudadanos han hecho una moción a la totalidad del sistema. Va a pasar en Francia, ya pasó en Italia y es muy fácil que pase en España dentro de unos meses.