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Felipe VI y Mohamed VI: dos Reyes enfrentados a dos crisis políticas entre silencios incómodos
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Felipe VI y Mohamed VI: dos Reyes enfrentados a dos crisis políticas entre silencios incómodos

lunes 03 de agosto de 2026, 12:24h
Actualizado el: 08/03/2026 13:11h

La indignación de Felipe VI ante lo ocurrido en Ceuta y su llamada a que se tomen todas las medidas necesarias para que no vuelva a ocurrir ese ataque a la soberanía nacional deja en el aire más interrogantes que certezas: ¿ha llamado nuestro rey a su “hermano” Mohamed VI para que le explique lo ocurrido, o ha recibido una llamada del monarca alauita en ese sentido? ¿Su mensaje, cargado de lógica indignación, a quién va dirigido cuando insiste en la necesidad de defender la soberanía? ¿Ha fallado el Gobierno de Sánchez? ¿Han fallado los servicios de inteligencia? ¿Ha sufrido España un ataque coordinado por fuerzas externas que buscaban la destrucción de nuestra convivencia interna más allá de la lucha política y electoral? ¿Está en peligro la monarquía?

Preguntas que permiten muchas respuestas y ninguna es buena. La fractura es evidente y se extiende desde hace ocho largos años a través de las batallas políticas y la destrucción de nuestras bases de convivencia desde la aprobación de la Constitución. Explicaciones que no bastan para entender el origen y la importancia de esa “invasión”, que es imposible que no fuera detectada por los servicios de inteligencia de los dos países.

Tal vez la razón de ese asalto por mar hasta el centro de Ceuta haya que buscarla en Marruecos y en su propia crisis. Situación de crisis climática en España. Sentencia del Tribunal Supremo sobre la emigración. Y lucha dentro del poder en Marruecos, con un rey debilitado y un heredero al que una parte de ese poder desea ver sentado en el trono. Con países que buscan mejores posiciones para el futuro, sobre todo en la explotación de las materias primas. La lista la encabeza Estados Unidos y la puede cerrar Francia.

Un amargo cumpleaños

Si el 30 de julio festejas tus 27 años de reinado en el trono de Marruecos y más de cincuenta mil personas, la mayoría jóvenes, buscan abandonar tu país por no ver un futuro para ellos, tienes un problema muy grave. Dentro del poder que detentas existe una grieta enorme, dispuesta a amargarte la vida trasladando en camiones y desde distintos puntos del Reino a esos miles de tus ciudadanos. Aprovechan una reivindicación histórica de tu familia sobre las ciudades españolas de Ceuta y Melilla en busca de una confrontación más que política y que puede desembocar en una batalla militar.

La entrada de esas decenas de miles de ciudadanos marroquíes y de unos pocos miles de origen subsahariano que sueñan con llegar a Europa ha creado una situación inédita, pero pronosticable, dentro de las relaciones institucionales y personales entre los Gobiernos de Marruecos y España desde hace más de cincuenta años, y de las propias monarquías de ambos países. Crisis de muchas aristas que ha conseguido que la Unión Europea busque un chivo expiatorio a su crisis económica, social y política, posicionándose en contra de España. La Europa controlada por los partidos de la derecha, que se doblega ante Trump y quiere derrotar a Putin en Ucrania, la de la italiana Meloni como instigadora principal, sigue el manual más básico de cualquier partida de ajedrez, que eso es el tablero político europeo en 2026: doblegar la defensa del adversario a fuerza de presionar sobre el país que mejor se está comportando en la crisis y el único que ha mostrado un equilibrio propio dentro del escenario global.

Un golpe palaciego

En Marruecos se ha buscado un golpe palaciego que llevara a Mohamed VI a intervenir de forma militar en la ciudad de Ceuta en defensa de miles de sus ciudadanos, para luego trasladar ese mismo escenario a Melilla y con la vista puesta en las Islas Canarias más cercanas a las costas saharianas. Con las redes sociales como nuevos escenarios bélicos y buscando un jaque mate sobre Pedro Sánchez y su Gobierno, que debería sufrir un colapso y aceptar que la única salida posible era la convocatoria de elecciones generales, el objetivo internacional, representado por una parte del poder norteamericano y una parte crucial del poder que dirige Israel en estos momentos, necesitaba que la respuesta por parte de España fuera lo más dura y radical posible.

No ha ocurrido lo que se había planeado. La inmensa mayoría de los miles que llegaron a Ceuta ha regresado a Marruecos y el Gobierno español ha enviado varios mensajes a su homólogo alauita: la culpa de lo sucedido es de las mafias que se dedican a traficar con la emigración —algo que no parece creíble sin la cooperación de una parte de la Administración marroquí—, enfrentada internamente entre los partidarios del actual primer ministro y de una parte del círculo más próximo al monarca que, al igual que pasa en Europa, se enfrenta a una crisis económica y social en la que las ayudas prometidas por Donald Trump son cruciales.

Europa tiene miedo

El momento para lanzar la “invasión pacífica” de Ceuta era el más oportuno: la situación política en España demuestra que la proximidad electoral hará imposible cualquier acuerdo entre los distintos partidos; los casos de corrupción y, sobre todo, las acusaciones sobre el expresidente Zapatero han debilitado enormemente al presidente Sánchez; con el tema recurrente de Cataluña como detonante de una posible ruptura constitucional y hasta de la buscada desintegración territorial de España. Y Europa está débil, con 27 países en busca de soluciones particulares a sus propias crisis, desde Italia a Alemania y desde Finlandia a Polonia, con la mayoría de sus dirigentes abocados a unas elecciones en 2027 que les pueden obligar a perder el poder.

No es nuevo. En los últimos cien años, nuestro país ha sido el “conejillo de Indias” por parte de los grandes países europeos dentro de los equilibrios globales que se produjeron tras el final de la I Guerra Mundial, tan mal terminada que consiguió que se produjera una segunda apenas treinta años más tarde. El miedo es un mal consejero y se agudiza con las prisas al buscar a un culpable para evitar la propia responsabilidad. España es esencial para el equilibrio dentro de la UE y dentro de la OTAN. No parece que nuestra derecha y nuestra izquierda lo hayan entendido. Su propio miedo es más que evidente.