Sánchez, su Gobierno, el PSOE, la izquierda y los nacionalistas que le mantienen en el poder desde 2018 no saben qué hacer con Marruecos. Tampoco lo saben Feijóo y Abascal, que desde la oposición en la que viven ofrecen cada día un imposible. Ceuta y Melilla son la parte más importante del problema, al ser la zona de España más amenazada.
Europa está dispuesta a traicionarnos de nuevo para defenderse de sus problemas internos, por un lado, y para aprovechar la crisis española con el fin de sacar ventajas económicas e industriales, por otro. Ninguna declaración de condena hacia la monarquía alauita; sí muchos reproches y ataques hacia España por el tema de la inmigración.
Europa quiere ser blanca, cristiana y fuerte, pero es cada vez menos blanca, menos cristiana y más débil. La democracia liberal de mercado, con competencia empresarial y negociaciones sociales, ha permitido un alto grado de bienestar y de servicios que han favorecido el desarrollo de un “colchón” de clase media que impedía los giros bruscos en la convivencia.
Hay millones de europeos, nacidos en alguno de los 27 países de la UE, cuyos padres nacieron en África, en Hispanoamérica o en Asia. Forman parte de la Europa del siglo XX y del XXI. Son protagonistas del éxito democrático y sin ellos no se habría construido la Europa del bienestar.
Europa en general y España en particular tienen un grave problema y la solución no está en firmar acuerdos con otros países para enviar a los inmigrantes ilegales a cambio de ayudas económicas.
A Ceuta llegaron ochenta mil hombres, mujeres y niños. Pueden quedar en territorio español cinco o seis mil que no quieren regresar a sus países de origen. ¿Cómo lo haces, cómo les convences, de qué forma les llevas a otro lugar? ¿Por la fuerza? ¿Les metes en camiones, les subes a barcos, consigues que Marruecos reciba a los que tienen su ciudadanía… y los subsaharianos? ¿Negocias con Senegal, con Mali, con Sudán, con Eritrea…?
La inmigración es un tema de necesidad y de solidaridad. A nivel de toda Europa. Se necesitan nuevos acuerdos, nuevas leyes para el mundo globalizado en el que estamos. Muy difícil el futuro. En España hoy gobierna la izquierda y mañana lo hará la derecha. El problema será el mismo: ¿qué hacemos con Marruecos? ¿Quiere Europa que el control del Estrecho de Gibraltar esté en manos de un país como España o prefiere taparse los ojos y dejar que el futuro conteste a esa pregunta?