El actual presidente de Castilla y León, Fernández Mañueco, ha ganado con claridad, subiendo dos escaños respecto a lo logrado en 2022, pero tendrá que volver a negociar su investidura y su futuro Gobierno con Carlos Pollán, el cabeza de cartel y lider de Vox en esa Comunidad. No existe otra combinación alternativa. El PSOE también mejora en otros dos parlamentarios y hasta puede que la distancia de 50.000 votos respecto al PP le parezca la mejor de las noticias.
Sin la inicial acusación en el Tribunal Supremo de Burgos por una supuesta venta fraudulenta de la empresa textil Pekas, en 1986, el presidente de Castilla y León en aquel año, el socialista Demetrio Madrid, no habría dimitido, no se habrían celebrado nuevas elecciones autonómicas en 1987 y José María Aznar no habría llegado a la presidencia de esa Comunidad, la gran baza que le permitió ser elegido por Manuel Fraga para que le sucediera al frente de la entonces Alianza Popular, rechazando la elección de Isabel Tocino.
El Gobierno se dispone a levantar los documentos secretos que existen sobre el intento del golpe de Estado. Habrá que leerlos y ver hasta donde llegan las memorias personales y las miles de páginas publicadas. Yo estuve allí y aquí está una pequeña parte de mis recuerdos.
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El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, ex alcalde de Valladolid, Secretario General del PSOE de esa misma capital, ex portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE y diputado en el Congreso por la provincia en la que nació un 15 de noviembre de 1968, ha encontrado las dos vías más rápidas para su ocaso político. Era un candidato a suceder al presidente Sánchez si éste se retiraba o perdía las elecciones generales.
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Cuando Pedro Sánchez comenzó a tener problemas con el Poder Judicial, uno de los abogados, que no es afiliado al PSOE, al que de vez en cuando se le pedía su opinión desde La Moncloa aconsejó que lo mejor que podía hacer el Gobierno era llegar a un acuerdo con los jueces para alcanzar un pacto que hubiera renovado el Consejo General del Poder Judicial a tiempo –estuvo más de cinco años prorrogado con el mandato caducado- y así hubiera suavizado unas malas relaciones que han marcado las dos legislaturas y que, sin duda, han tenido efectos en los procesamientos de personas cercanas al presidente.
Vox ha ganado casi 40,000 votos, pasando del 8.12 % al 16.9 % y seis escaños más, lo que le da pie a Santiago Abascal a subir la apuesta que le hará a Feijóo, obligando a María Guardiola a aceptar las mismas o parecidas condiciones que ya puso a Carlos Mazón en la Comunidad Valenciana tras las elecciones de mayo de 2023. El punto clave estará en darle a Vox la presidencia del Parlamento extremeño y los conocidos recortes en Memoria Histórica e inmigración.
Si se cumplen las previsiones de todos los sondeos electorales, incluido el del CIS, y las sensaciones internas que existen en el PSOE por parte de la mayoría de sus dirigentes, dentro de diez días los socialistas van a sufrir en Extremadura la primera de sus grandes derrotas electorales, al quedar la candidatura que encabeza el procesado Miguel Angel Gallardo por detrás de la popular María Guardiola y del portavoz de Vox, Óscar Fernández. Puede que la candidata de Unidas por Extremadura, la coalición en la que están Podemos, Izquierda Unida y Alianza Verde, Irene de Miguel se salve del derrumbe general de la izquierda pero quedará de forma testimonial ante una derecha que tendrá que unirse para formar gobierno.
Con veinte años, el Carles Puigdemont que consiguió convertirse en presidente de la Generalitat el 11 de enero de 2016 militaba en el partido que tenía como jefe a Jordi Pujol, y trabajaba como periodista en el diario “El Punt”. Quería lo mismo que desea ahora y defendía la independencia de Cataluña de la misma forma que lo hizo años más tarde su antecesor al frente del gobierno catalán, Artur Más, con los cuatro puntos que le darían a Cataluña la condición de Estado y fuera de la estructura territorial de España. El no ha cambiado, lo han hecho los otros, los socialistas que encabezan Pedro Sánchez y Salvador Illa, y los populares que tienen a Alberto Núñez Feijóo y a Alejandro Fernández como referencia de la “españolidad” que defendieron de forma tan equivocada Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría, la vicepresidente que puso despacho en Barcelona para intentar la misión imposible de convencer al independentismo de renunciar a sus exigencias.
A Santiago Abascal le ocurre lo mismo que le ocurrió a Pablo Iglesias con Podemos y a Albert Rivera con Ciudadanos: quieren ganar a su rival-hermano y hoy es prácticamente imposible. El presidente de Vox necesitaría un milagro para desplazar al Partido Popular dentro de la derecha. Están bien las declaraciones sobre los objetivos, relanzados en estos días por la crisis de los populares en la Comunidad Valenciana tras la dimisión de Carlos Mazón y la búsqueda de un sustituto que evite las elecciones anticipadas y mantenga los acuerdos que se alcanzaron en 2023.
Junts ha anunciando enmiendas a la totalidad de todas las leyes que presente el Ejecutivo y tumbará los Presupuestos. Nogueras recalca que ahora es Sánchez quien debe decidir "si quiere seguir en el poder sin poder gobernar o cumplir con Cataluña"
Dice que hay un Gobierno "centrado en la reconstrucción" y cree que es momento de "mantener la estabilidad"
El grupo parlamentario, que decide hoy su voto, apuraba para tratar de buscar una posición común que evitara el riesgo de ruptura
La semana pasada cuando también PP, Vox y Junts frenaron la tramitación de la ley para la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas impulsada por Yolanda Díaz
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Colocar a la Corona en situaciones de corte político es una de las características de los líderes de los partidos desde que comenzó la Democracia. Ocurrió con Juan Carlos y ha ocurrido varias veces con Felipe. Los responsables de gobernar se atrincheran detrás de la Monarquía, incluso aquellos que quieren que desaparezca. Fallan los políticos y esperan a que sea desde el palacio de la Zarzuela donde se resuelva lo que no han sabido hacer.
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Si la otra izquierda que acompaña al PSOE desde 2023 se empeña en perder los 31 escaños que consiguió en las elecciones generales de 2023, que es muy posible que lo consiga, colocará a Pedro Sánchez ante dos caminos que sellarán su permanencia o su salida del palacio de La Moncloa: si ese andamiaje roto de Sumar, Más Madrid, Izquierda Unida y Podemos perdiera la mitad de la representación que ahora tiene en el Congreso (quince o dieciseis diputados), los socialistas tendrían que subir de 121 parlamentarios a no menos de 150, una cifra que hoy parace inalcanzable.
La retirada de Yolanda Díaz de la carrera para encontrar un liderazgo de cara a las elecciones generales (pero manteniendo su cargo de vicepresidenta en el Gobierno y su escaño en el Congreso) se suma a la propuesta de Gabriel Rufián de que la izquierda de todo tipo se una en una única candidatura en cada provincia. No es casualidad, ni mucho menos generosidad. A Díaz no la hubieran elegido para liderar el futuro y se lo habían dicho todos los integrantes de la coalicción de Sumar, menos los que se han quedado en Movimiento Sumar, desde Marta Lois y Lara Hernández hasta el que aparece como su heredero, Ernest Urtasun.
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El 3 de marzo, fecha límite de la investidura de Guardiola, sabremos si Feijóo ha logrado convencer a Abascal de que apoye a la candidata del PP para que vuelva a gobernar Extremadura y cuáles son las condiciones que pone el líder de la extrema derecha al PP. Salvando las distancias el problema se parece al que tuvo que salvar Pedro Sánchez en 2019 cuando en un primer momento, tras las elecciones de mayo, decidió no pactar con Pablo iglesias y finalmente , en noviembre, cambio de opinión y le ofreció ser vicepresidente.s
Convocó las elecciones en su tierra para desprenderse de la presión de Vox y, con permiso de Núñez Feijóo, volver a golpear al PSOE y al Gobierno de Pedro Sánchez. Consiguió a medias lo segundo y fracasó en lo primero. Jorge Azcón tiene ahora dos escaños menos de los que tenía desde 2023 y dependerá del Vox de Nolasco si quiere mantenerse en el despacho de la Alfajerería. La derrota de la exministra y candidata socialista, Pilar Alegría, era un secreto a voces. Se ha quedado en el mismo suelo de votos y escaños que consiguió su compañero Lambán. Con eso se da por satisfecha. Las elecciones eran una prueba del desgaste del PSOE pero también de la capacidad del PP de gobernar en solitario y alejarse del Vox de Abascal.
El presidente del PP lleva mucho tiempo, demasiado, esperando que algunos de los socios de investidura de Sánchez se decida a a votar “si” en una hipotética moción de censura, pero no parece que eso le lleve a ninguna parte. También parece que puede esperar sentado a que el presidente del Gobierno convoque elecciones anticipadas. Pero si el PP se decide a presentar una moción de censura, aunque no la gane, pondría en jaque a varios de los socios de investidura de Pedro Sánchez, que tendrían que justificar su apoyo al líder socialista a pesar de la evidencia de los casos de corrupción.
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La jugada que deseaba hacer María Guardiola convocando elecciones anticipadas para lograr desembarazarse de Vox, como hizo Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid, no le ha salido como Feijóo deseaba y aunque se queda a cuatro escaños de la mayoría absoluta sus negociaciones con el líder extremeño del partido de Abascal, Óscar Fernández Calle, van a ser mucho más difíciles que antes.
El presidente Pedro Sánchez no cuenta ya con ningún apoyo político real y se halla cada vez más aislado en La Moncloa, pero todavía cree que él podrá con todos y se mantendrá hasta que algo o alguien decida provocar su marcha.
En un posible, pero todavía presunto, adelanto electoral, no está nada claro quiénes van a ser los partidos beneficiados y los perjudicados a pesar de que las encuestas dan un crecimiento importante a Vox que a la hora de la verdad puede ser la gran sorpresa, bien porque supere los escaños que le conceden las expectativas o por todo lo contrario y acabe imponiéndose el voto útil al PP de Feijóo. Pero, si el PP no lograra sumar 150 escaños, lo más seguro es que habría que repetir las elecciones o aguantar a tres ministros de Vox.
Entre las víctimas propiciatorias que provoca la batalla política entre el PP y el PSOE, hoy le ha tocado al fiscal general Alvaro García Ortiz, un peón de Pedro Sánchez, como hace unos días cayó el peón de Feijóo, Carlos Mazón. Son fichas que van cayendo en aras de sus respectivos líderes, máxime cuando la guerra se prolonga más allá de la primera legislatura. Por algo alguien debió pensar que con ocho años de mandato ya estaba bien. Ningún presidente de gobierno español ha sorteado los escándalos o la corrupción a partir de su segunda victoria electoral.
Todos los días, la oposición del PP y de Vox pide que se celebren elecciones generales y todos los días desde el Gobierno les responden lo mismo: las habrá a mediados de 2027. Todas las semanas, las encuestas que publican los medios de comunicación - salvo la del CIS de Felix Tezanos - dicen lo mismo: la victoria del PP de Núñez Feijóo está asegurada y la única duda es si necesitará o no los votos de Vox en el Congreso para tener la maoría absoluta en la investidura. Al partido de Abascal le dan una clara subida en votos, mientras que a la múltiple izquierda la conviertan en la gran perdedora, precisamente por su división.
Lo que parece evidente siempre merece explicación. Pedro Sánchez ha negociado la amnistía con Carles Puigdemont por la imperiosa necesidad de los siete votos que Junts tiene en el Congreso. Si no fuera así no estaría hablando nadie de la amnistía, ni siquiera ERC, el PNV, Bildu, el BNG o la Cup. El presidente del Gobierno miente por necesidad, al igual que lo hacen la inmensa mayoría de los líderes políticos a lo largo de su vida como tales. Es un hecho, no una crítica moral. Hacen de la necesidad, virtud. Es una de las servidumbres o cualidades que primero aprenden los que hacen de la política su vida. Tiene un precio, a veces muy alto. Los líderes están dispuestos a pagarlo.
O Isabel Díaz Ayuso sabe con precisión que su máximo enemigo en las urnas será Vox o no se entiende ese afán que le ha entrado por ponerse a la cabeza del apoyo a Israel o su salida de pata de banco de sugerir a las mujeres que necesiten o que quieran abortar que se vayan de Madrid para hacerlo. Da la sensación que desprecia a la oposición del PSOE y de Mas Madrid hasta el punto de que no le importa ponerse a la cabeza de la ultraderecha.
No son muchos sus votos, ni los escaños que consigue en el Congreso de los Diputados, apenas seis durante los últimos cuarenta años, pero el PNV de hoy, con Imanol Pradales y Aitor Esteban, al igual qu el de ayer con Xabier Arzalluz y Carlos Garaicoechea, es uno de los partidos indispensables para la estabilidad de España y para muchos de los gobiernos de la Democracia. Son capaces de moverse con enorme rapidez para poner y quitar a presidentes y siempre conseguir unos buenos réditos económicos. Más que cartas lo que utilizan son hojas de cálculo. Las últimas declaraciones/amenazas de Esteban vuelven a colocar en la balanza el precio de la Legislatura mientras Puigdemont intenta lo mismo desde Waterloo o Ginebra.
En un mes cumplirá 47 años y lleva siete convertida en la rival más dura e importante que tiene la izquierda en general y el partido socialista en particular. Con 40 años consiguió unir en torno a ella a un tambaleante Ciudadanos y a un duro Vox. El entonces presidente del PP, Pablo Casado, la eligió para que pudiera hacer una transisicón dentro de la estructura interna del partido, que ya había perdido a cinco presidentes de forma sucesiva y necesitaba “reparar” su maltrecha imagen tras la salida de Esperanza Aguirre, de Ignacio González, de Cristina Cifuentes y de Ángel Garrido y Pedro Roldán, a los que habría que añadir los otros ocho años de mandato de Alberto Ruíz Gallardón. Veintiséis años de mantener el poder en la Autonomía por parte de la derecha, camino de otros dos más, por lo menos.
Ambos líderes compartieron este viernes mitin en el arranque del curso político del PP de Madrid
Con una vicepresidenta candidata en Andalucía y otros tres ministros teniendo que enfrentarse a las urnas en territorios hostiles, en Moncloa se les ha ocurrido la operación casi imposible: convertir al presidente de Castilla la Mancha en vicepresidente primero del Gobierno, en una remodelación del Gabinete que parece obligada y hasta urgente. De la oposición interna al poder y a colocarse como posible sucesor. Un caramelo tan dulce como envenenado.
Las comunidades autónomas cerrarían el año 2028 con un total de 362.944 millones de euros de deuda pública
Con 360 votos en contra de su caída, 175 a favor y 18 abstenciones, la presidenta de la Comisión Europea logró pasar la moción de censura que presentó el ultraderechista rumano Gheorghe Piperea y respaldada inicialmente por casi 80 diputados de extrema derecha, pertenecientes a los grupos Patriotas por Europa y la Europa de Naciones Soberanas. Su táctica, estilo Sánchez en España, de pedir el voto a su favor para impedir el éxito de la extrema derecha no convenció, sin embargo, a una docena de eurodiputados de La Izquierda que votaron para echarla
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