Era el “martillo” diario con el que el socialismo se enfrenta a a los ataques de las dos derechas, por el exterior, y a los compañeros disidentes como Emiliano García Page, en el interior del partido. Oscar Puente era una pieza esencial y el esquema defensivo del presidnete del Gobierno ante la suma de los ataques. Y en apenas unas horas dos vías ferroviarias le llevan a su predecible declive como dirigente político. El brutal choque del Alvia y el Iryo en Adamuz y el de Rodalies en Gelida, muy distintos pero sumatorios le dejan como ministro a los pies de los caballos del PP y de Vox, e incluso de Junts y algunos de sus socios de Gobierno.
Es verdad que el mantenimiento de la red de ferrocarriles en toda España es déficitaria desde hace más de quince años y que la menor inversión en Indra estructuras se realizó en los gobiernos de Mariano Rajoy pero el PSOE, la izquierda y sus socios nacionalistas de investidura llevan siete largos años como administradores de la cosa públicas y su lista de inversiones y gasto es manifiestamente mejorable y cambiable, desde los miles de millones dedicados a la Defensa y a la ayuda a Ucrania, hasta las partidas de decenas de millones en asociaciones, asesores y grupos de minorias que restan en otras partidas, con el conjunto de las infraestrucuras como el gran perjudicado.
Oscar Puente asumió con gusto - dado su temperamento - el papel de “bestia negra” de la derecha española y ésta le ha estado esperando con las escopetas cargadas. Con tantas citas electorales por medio es imposible que desde el Partido Popular, desde Vox y desde el independentista Junts no se lancen a su yungular política para intentar destruirle. También lo harán sus compañeros de partidos desde la disidencia. El ministro va a pagar por todo lo que ha hecho y por todo lo que no han hecho otros. Es la crueldad de la vida pública, que te ensalza y te mata en apenas 24 horas.
La soledad de Pedro Sánchez se hará más patente en las próximas semanas y meses. Puente era uno de sus guardianes, como lo son los ministros Bolaños y Alvares, que no tienen esa agresividad, ni esa apariencia. El resto son pesos ligeros y algunos se preparan para ser candatos en las elecciones autonómicas. El presidente del Gobierno necesita a su ministro de Transportes y éste está malherido. La desconfianza en el transporte ferroviario afecta a muchas áreas, desde las diarias de la industria, el comercio y las finanzas patrias, al turismo internacional que tanto ingresos a nuestra balanza comercial y a nuestro ingresos de di islas nos proporciona. El mal ya está hecho y la nula responsabilidad de estado en la que se mueven los dirigentes políticos hace tener que el daño será de largo recorrido.