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Florentino tiene que cambiar el club ante los conjurados que le controlarán cada movimiento durante 4 años
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Florentino tiene que cambiar el club ante los conjurados que le controlarán cada movimiento durante 4 años

martes 09 de junio de 2026, 10:08h

El 12 de mayo, el presidente del Real Madrid convocaba una inesperada rueda de prensa y, ante un centenar de periodistas, afirmaba, con evidente enfado y mucha tensión, que no estaba enfermo, que no padecía cáncer, que no pensaba dimitir y que convocaba elecciones para que los 75.000 socios del club eligieran al candidato que quisieran. Y que él se iba a presentar: su respuesta en caliente a los que consideraba dirigentes de la conjura para echarle.

El 12 de mayo, el presidente del Real Madrid convocaba una inesperada rueda de prensa y, ante un centenar de periodistas, afirmaba, con evidente enfado y mucha tensión, que no estaba enfermo, que no padecía cáncer, que no pensaba dimitir y que convocaba elecciones para que los 75.000 socios del club eligieran al candidato que quisieran. Y que él se iba a presentar: su respuesta en caliente a los que consideraba dirigentes de la conjura para echarle.

No fue la mejor de las ruedas de prensa de un dirigente acostumbrado a tratar con los medios de comunicación y a que su imagen saliera desde hace más de veinte años en las televisiones de medio mundo. Estaba nervioso y se le notó. Detrás de esa fecha estaba su vida, sus varias vidas: la del funcionario del Ayuntamiento de Madrid; la del fundador de un partido político liberal que no consiguió ningún escaño, pese a los apoyos financieros que recibió del hombre que luego se convertiría en un competidor empresarial; y, por este orden, la del ingeniero de Caminos capaz de sumar empresas en crisis en torno a los hermanos March para convertir lo que hoy es ACS en una multinacional con presencia en todo el mundo.

Su meta personal era otra y muy compatible con el desarrollo de Actividades de Construcción y Servicios, un conglomerado industrial que vale en Bolsa casi 35.000 millones de euros, con él como máximo accionista individual con casi un 15%, y con socios tan importantes como CriteriaCaixa o el fondo norteamericano BlackRock. Del hombre que soñó con ser ministro de la mano del Partido Reformista de Antonio Garrigues queda la ambición por influir en la vida pública. ¿Su mejor instrumento para conseguirlo? La presidencia del Real Madrid, la “llave mágica” que le abre las puertas de los dirigentes políticos en la mayoría de los países. Es imposible separar al Florentino presidente del club de fútbol más valorado del mundo —10.000 millones— del presidente de la empresa de infraestructuras que compite a nivel mundial.

Con una Junta Directiva de probada fidelidad y que tendrá que cambiar en los próximos meses para alejarse de la imagen de “Politburó” que tiene en estos momentos, Florentino se adelantó a la conjura que está en marcha desde hace varios meses y, sobre todo, desde el pasado marzo, cuando ya se veía que la falta de títulos con el equipo de fútbol se convertía en realidad. Los falsos rumores sobre su salud no eran un “chascarrillo” de los medios de comunicación: eran la primera de las andanadas para desalojarle de “el palco” y aprovechar ese escenario para otros fines que poco tenían que ver con el fútbol y mucho con la situación empresarial de alguno de los conjurados.

Apareció en escena la cabeza visible de todo el grupo, el empresario alicantino Enrique Riquelme, un hombre que convirtió a su pequeña empresa inicial, Cox, en un referente en Iberoamérica para los proyectos de energía solar tras conseguir que la mayor parte de la arena que necesitó la ampliación del Canal de Panamá pasara por sus manos. Riquelme reunía las condiciones necesarias: ambición, atrevimiento, liderazgo, buenas relaciones entre los jóvenes directivos de la jungla madrileña y los contactos políticos necesarios para que le apoyaran en su intento de conseguir la presidencia del Real Madrid. Tras firmar la compra de la división fotovoltaica de Iberdrola en México por 4.000 millones de euros, aceptó el desafío y consiguió el respaldo del banco andorrano Andbank —obligado por las negativas del resto de los bancos españoles a apoyar los 140 millones necesarios para presentarse—, por un lado, y el apoyo de exjugadores del club blanco como Del Bosque, Iker Casillas, Fernando Hierro y Raúl González. Declarada oficialmente la guerra por la presidencia, comenzaron las batallas, y no precisamente con limpieza.

El resultado final de los 33.000 socios que ejercieron su derecho a voto le ha dado a Florentino Pérez una cómoda victoria del 65% frente al 33%. Viene ahora la parte más difícil para el presidente. Tiene que reconstruir un equipo de fútbol, tiene que reconstruir un equipo de baloncesto, tiene que conseguir que el equipo femenino no sea devorado cada año por el Barcelona y tiene que lograr que el Bernabéu cumpla con los planes que estaban previstos y que hoy están lejos de poder hacerse realidad. En ese cometido, las negociaciones con el Ayuntamiento de la capital y la Comunidad de Madrid serán esenciales.

Los cambios legales de la estructura societaria y financiera tendrán que esperar más de lo previsto por su equipo de confianza, desde Anas Laghari a José Ángel Sánchez, el director general y máximo responsable del día a día, pasando por Donato González y José Luis del Valle. Los fichajes llegarán con la aprobación del nuevo/viejo entrenador José Mourinho. Y la necesidad de los títulos y las victorias tendrá a once mil votos de castigo —los que ha recibido Florentino en las elecciones— mirando con lupa cada actuación.

Las batallas que se van a suceder en el Real Madrid van a tener un cariz político y financiero muy notable. Otro laberinto tan español como los que afectan al Gobierno de la nación, a su presidente, al PSOE y, como escondidos pero llamados a aparecer en escena, los que implicarán en los juzgados y las investigaciones policiales al resto de formaciones.

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