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    10 de octubre de 2026

OPINION

He guardado silencio durante estos días sobre la situación que vive el partido socialista porque cuando escribo intento dar más importancia a los datos que a las impresiones y por eso he evitado sumarme a la orgía desenfrenada de quienes se excitaban con la sangre salpicada que manchaba los cristales de la calle Ferraz.
Desde que Penélope Cruz gritó el nombre de Almodóvar en la ceremonia de los Oscars no se había oído nada similar hasta que Miquel Iceta, en la fiesta de la rosa de Cataluña, durante la jornada de reflexión, fuera de sí ,y ésta vez sin bailar, pronunció el nombre de Pedro… Sánchez, pidiéndolo por Dios que aguantase a las presiones y que nos librase del PP y de Rajoy.
La teoría del caos explica que el resultado de algo depende de distintas variables y que es imposible de predecir. Por ejemplo, si colocamos un huevo en la cúspide de una pirámide no sabremos hacia dónde caerá.
Un mínimo análisis de las encuestas en varios periódicos de este domingo nos lleva a la conclusión de que Núñez Feijóo logrará la mayoría absoluta en Galicia y de que Urkullu podrá seguir gobernando en Euskadi con ayuda del PSE y quizá, sugiere algún sondeo, también necesite al PP. O sea, dos de los rostros considerados como más sensatos entre los políticos españoles se mantendrán en San Caetano y en Ajuria Enea, respectivamente. Hasta ahí, como en los diez primeros minutos de los discursos de Rajoy, no hay demasiada novedad: todo es previsible, y conste que yo sí creo en la fiabilidad general de las encuestas, que pueden equivocarse en un escaño más o menos, pero que reflejan una tendencia inequívoca. Lo interesante viene a continuación: ellos ganan, sí. ¿Y?
La teoría del caos explica que el resultado de algo depende de distintas variables y que es imposible de predecir. Por ejemplo, si colocamos un huevo en la cúspide de una pirámide no sabremos hacia dónde caerá.
En apenas cuatro semanas nos hemos acostumbradp a lo que hasta sl inicio de las competiciones oficiales parecía una herejía: el Madrid puede jugar sin Cristiano y ganar partidos. Ya lo había adelantado la selección portugiesa en el Mundial. Lo ganó y su estrella estaba en el banquillo, con una lesión de la que no se ha recuperado y que arrastra desde el final de la Liga pasada.
Durante 85 minutos de partido un mal Real Madrid perdía por deméritos propios en el Bernabeu ante un muy buen Sporting de Lisboa. En los blancos no funcionaba nada: ni la defensa, ni el centro del campo y mucho menos la delantera, con Bale poniendo el esfuerzo que ni Cristiano, ni Benzema podían.

El otro día leí un artículo de un joven periodista que sostenía que en España está mal visto ser de izquierdas, y me pareció una simpleza digna de un simple porque por suerte en nuestro país la gente es muy plural, los medios de comunicación atienden intereses ideológicos y económicos de un lado y de otro, la sociología dice que nuestra sociedad es políticamente de centro izquierda, y el partido que más años ha gobernado aquí ha sido el Psoe .

Durante 85 minutos de partido un mal Real Madrid perdía por deméritos propios en el Bernabeu ante un muy buen Sporting de Lisboa. En los blancos no funcionaba nada: ni la defensa, ni el centro del campo y mucho menos la delantera, con Bale poniendo el esfuerzo que ni Cristiano, ni Benzema podían.

Conozco a un vecino que tiene un amigo que es funcionario de carrera al que le habría venido muy bien que le nombraran Director Ejecutivo del Banco Mundial, que es un puesto con un sueldo anual de 226.000 euros, libres de impuestos.

De todo lo que se dijo ayer en el debate de investidura me quedo con una frase de Albert Rivera dirigida a Pedro Sánchez: ” No apueste usted por unas terceras vacaciones”.

Vaya por delante mi contento por el hecho de que entre Ciudadanos y el Partido Popular se hayan acordado más de ciento cincuenta medidas reformistas, de lucha contra la corrupción y de mejora del estado de bienestar. Lo digo para que nadie me acuse de agorero ni de actuar como Don Pésimo cuando, a continuación, diga que muchas de esas medidas son inconcretas, algunas poco relevantes y que, en todo caso, Albert Rivera y su equipo no han logrado "arrancar" (el término es de Rivera) a Mariano Rajoy y su equipo los cambios de gran calado que el país necesita. Lo logrado es bueno para España, sí; pero eso no es el Cambio, con mayúscula, que, en el orden territorial, constitucional, electoral y administrativo precisa la nación para que, en el desdichado caso de que hubiese unas terceras elecciones, no nos demos de bruces con unas cuartas, y luego unas quintas, porque el sistema y las normas son las mismas, y las encuestas siguen insistiendo en que los españoles, cosa admirable, votaríamos más o menos igual que desde diciembre, escaño arriba o abajo. O sea...
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