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    15 de agosto de 2026

OPINION

La marca España por los suelos ante el Rey que había ido a ver ganar o a perder con honor en la batalla. Se perdió por falta de juego, por falta de estrategia, por falta de alternativas, por falta de casi todo
Si algún inocente - que puede que los haya de forma misteriosa e inexplicable - en el mundo del futbol creía aún en los contratos y en el respeto a los compromisos firmados ya puede imponerse la penitencia correspondiente: fustigarse cada mañana para que se le abran los ojos al poder de don dinero.
El mismo escalofrío recorrió varios millones de cuerpo cuando en el tercer set, con Rafael Nadal camino de la nueva gloria, los dedos de la mano izquierda del tenista mallorquín se tornaron rígidos. Ganaba por 6-4- y 6-3 y Dominic Thiem parecía resignado a la derrota. En ese momento y tras un saque que le colocaba con 30 a cero, se paró, miró al árbitro, y pidió que entrara el fisio. ¡No podía suceder, Nadal no podía retirarse lesionado cuando estaba a unos golpes del triunfo ¡.
El delantero francés, con dos goles y una gran actuación, consigue que el Atlético se traiga a Madrid su tercera Copa europea. Ahora le toca al madrid y a Cristiano Ronaldo lograr lo mismo en Kiev. El Liverpool es mucho más equipo que el Marsella, que tuvo tan sólo dos ocasiones para equilibrar el partido: en el minuto tres, con un disparo sin intención ante el portero del Atlético; y casi al final del encuentro, en un gran cabezazo que se estrelló en el poste. Para redondear la lluviosa tarde-noche de Lyón, el capital Gaby anotó el tercero y eso hizo que Torres pudiera despedirse, con dos minutos, de su condición de jugador rojiblanco.
Va para los nostálgicos, para aquellos que aún creen en la defensa de los colores de un club, para los que aplauden y gritan a los que consideran sus ídolos ya sean vestidos de blanco, de azulgrana o de rojiblancos: en el futbol de hoy cuentan los ceros, siempre detrás de un número que los da valor. O lo que es lo mismo, pon millones sobre la mesa y el jugador que juraba y perjuraba que estaba en el club de sus amores emprenderá viaje sin retorno en busca de nueva casa futbolística. Y si esa casa es la del “enemigo” mejor que mejor.
El Madrid fue a Sevilla y se quedó como estaba. Jugo mal durante ochenta minutos y esperó el milagro de un empate, pero esta vez el milagro dijo no. Podía el equipo de Zidane haberse hecho un favor a sí mismo y de paso al Getafe. Haberse puesto por delante del Atlético en ese segundo puesto y colocar al otro equipo madrileño en puestos europeos. No quisieron hacerlo, no pudieron hacerlo y todos estuvieron mal. También Zidane que no supo colocar a los suyos, ni corregir los defectos que aparecieron desde el principio.
Querían ganar los dos. No se jugaban los puntos, ni siquiera la clasificación. Barcelona y Madrid estarán en Europa al máximo nivel la próxima temporada. Estaba en juego el orgullo, ver cual de los dos mejores clubs de Europa y del mundo ganaba, quién tenía más pegada, quién era más ambicioso. Lo fueron los dos y eso que tenían enfrente a un mal árbitro.
Tu te has vuelto de Turín con tres goles de ventaja. Crees que tienes el pase a semifinales “chupao”, que te basta con salir a entretener al público del Bernabeu durante 90 minutos. Y te equivocas.
El Barcelona tenía casi asegurado un puesto en las semifinales de la Champion, Y otro tanto cabe decir del Manchester City. Los dos han perdido y los resultados son un aviso para el Real Madrid y para el Bayern. Los blancos van a Turín con una gran ventaja pero la Juventus va a querer imitar a la Roma y acompañar a sus paisanos a la siguiente ronda como uno de los mejores cuatro equipos de Europa. Y si el Sevilla da la campanada en Alemania, las sorpresas demostrarán que en el futbol se gana tanto por intensidad y confianza como por calidad y millones.
En el Bernabeu de los ochenta mil asistentes ni el dueño del campo ni el vecino visitante supieron ganar. El de blanco quería ganar y acercarse a ese segundo puesto que ambiciona en la Liga que hace mucho tiempo dió por perdida, pero sin arriesgar a su estrella. El de rayas no quería perder para que los cuatreo puntos de ventaja se mantuvieran una semana más. Y el resultado fue otro año en el que Pérez no ha conseguido mojarle la oreja a Cerezo. Menos mal que una buena comida lo solucioina casi todo.
En el Barça los goles los marcan sus dos estrellas, Messi y Suárez, pero el club blanco sólo hay un marcador, Cristiano Ronaldo
Hubo fiesta en París y la cómoda victoria del Madrid sobre el riquísimo PSG hace que el misterio blanco alcance límites de brujería. Es difícil de explicar cómo unos jugadores que pudieron golear al campeón francés en su propia casa está tercero en la Liga española y peleando contra el cuarto, después de ser eliminado a las primeras de cambio en la Copa.
Hoy, martes seis de marzo de 2018, en París el Madrid de las glorias mundiales se juega todo o nada en 90 minutos. Toda la temporada de un club con 600 millones de euros de presupuesto centrada en un partido y dos goles, que es la diferencia con la que los blancos se van a enfrentar al PSG. Si eliminan a los discípulos de Unai Emery y los petrodólares, tanto Zidane como Ronaldo y Florentino Pérez presumirán de que están más cerca de conseguir su tercera Champión seguida. Tan sólo será un paso más. les quedarán unos cuartos muy difíciles, unas semifinales todavía más difíciles y una final que visto el redimiento del equipo se antoja casi imposible.
Entre los tres suman casi ochenta goles. Cavani, Neymar y Mbappe son las tres joyas del PSG, el equipo que de la mano de los dólares del petroleo del golfo Pérsico, nada menos que 467 millones invertidos en los tres delanteros, quiere pasear por las calles de París los tres trofeos a los que aspira: La Liga, la Copa y la Champion. Los mismos que el Barcelona en España. Enfrente tienen los raquíticos números del Real Madrid. Ellos marcan casi cuatro goles por partido, los blancos no llegan al dos y medio. El objetivo de los parisinos para este catorce de febrero y para el 6 de marzo, en la vuelta, no es otro que el de “matar” y terminar de deprimir a los actuales campeones de Europa.
En la pretemporada y en el inicio de la Liga, con Cristiano sancionado, Bale en la enfermería y Benzema donde siempre, que es fuera de foco, las dos grandes esperanzas españolas del Madrid merecían todos los elogios.Eran parte del futuro blanco, tenían esa chispa que tanto gusta a la afición, movían al equipo, dirigían el juego y marcaban goles. Renovaron contrato y parecía que con la política de “banquillo” que iba a establecer Zinedine Zidane, el campeón de Liga y Champión era un más que firme candidato a repetir el doblete.
Malos tiempos para el presidente blanco que ve como su equipo ahonda el pozo en el que está metido y que en el mundo de los negocios sigue sin encontrar sponsor para remodelar el Bernabeu, al mismo tiempo que los competidores italianos han logrado el permiso del Gobierno para lanzar su OPA sobre Abertis
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