El palacio lo construyó Pedro López de Ayala y Castañeda, al que llamaban “el Sordo” sus contemporáneos, que, por aquellas costumbres del siglo XV, no dudaron en llamar a su sucesor “el Tuerto” por haber perdido un ojo en la batalla de Antequera. Nobles pegados a la Corona que llegaron a sumar hasta ocho títulos nobiliarios entre condes, marqueses y duques, hasta llegar a María de los Ángeles Pérez de Ayala y Becerril, “Cati” para sus amigas, socia del bufete Garrigues y experta en derecho financiero. Está a la espera de que se lo concedan antes que a otro de sus cuatro hermanos. Los títulos tienen tanto peso como largo sea el resultante de la suma del linaje.
Ya en democracia, el primer presidente de Castilla-La Mancha lo rehabilitó como sede oficial y en esa condición sigue tras otros dos “jefes” y una “jefa” que rompió durante cuatro años el poder del socialismo. Tras 45 años, la izquierda ha gobernado la región y el actual mandatario quiere hacerlo durante cuatro años más, por lo menos. De esos cuatro decenios y medio, Emiliano García-Page lleva 38 pegado al poder y aprendiendo de uno de los grandes magos de la política española. Con José Bono subió todos los peldaños de la escalera y está a la espera de que Pedro Sánchez se caiga del último para conseguir lo que no pudo hacer su mentor: convertirse en secretario general del PSOE y luchar por la presidencia del Gobierno de España.
La habilidad de su antecesor para “independizarse” de las batallas de Madrid y buscar una imagen propia dentro del socialismo que le ayude a ganar sus propias elecciones la tiene muy aprendida y la demuestra cada 24 horas. Bono se peleaba con Borrell por Cataluña y García-Page lo hace con Illa por las mismas razones. En ese “revival” interno del socialismo siempre aparece Felipe González. Antes, para que Bono se alejara de Alfonso Guerra; y ahora, para que Page sea el ariete contra Pedro Sánchez. Y los dos “manchegos” comparten gustos turísticos por Marruecos: en la Navidad de 2023, Ceuta les sirvió de ciudad de paso.
Me consta que el que fuera presidente conocía la historia de Fuensalida y los “motes” que les pusieron a los dos primeros condes, a uno por oír mal y al otro por ver con un solo ojo. Son estos tiempos tan revueltos como los que se vivieron bajo los reinados de Carlos I y Felipe II. Hacía falta tener todos los sentidos en alerta, escuchar con atención y no perder de vista el blanco. Otro Carlos y otro Felipe representan hoy la monarquía en la que ha crecido Emiliano García-Page. Buen momento para pensar en los López de Ayala y en la larga historia familiar que les llevó a pactar siempre con la Iglesia y a llevarse mal con las reinas. Fuensalida tuvo su época negra al convertirse en patio de vecindad y cuadra para las caballerías por el abandono en el que lo dejaron.