Nada tiene que ver la imagen de esta mañana de lunes en el hemiciclo del Congreso con las que estamos acostumbrados a ver en los últimos años. Comprensión y tolerancia frente a insultos y descalificaciones. El Papa ha defendido la vida en este primer tercio del siglo XXI y sus palabras no se dirigían solo a quienes estaban sentados y le aplaudían con ganas, puestos en pie; se dirigían a toda esa comunidad hispana que vive a ambos lados del Atlántico. España es un gran altavoz y Robert Francis Prevost conoce a la perfección el poder de las nuevas tecnologías y la influencia de las redes sociales en la formación de opinión entre las nuevas generaciones, no en balde nació en la siempre convulsa Chicago en septiembre de 1955.
Lo deseable, que el mensaje multidisciplinar de León XIV se quedara en la vida política de España, será difícil, por no decir imposible, que se cumpla. El calendario de la Iglesia católica no coincide con el de la política española. Con seguridad, en el hemiciclo volveremos a escuchar los insultos y los ataques de los dirigentes de los partidos y sus portavoces parlamentarios. Y así hasta las elecciones generales. Agotador. Los aplausos de este lunes, 8 de junio, se perderán en el tiempo. No es una profecía, es simple experiencia. El Papa hablaba de la existencia sin tiempo y la clase política habla del poder temporal e inmediato. A un lado, la Justicia con mayúsculas; al otro, la Ambición, también con mayúsculas.