La directora general del Fondo Monetario Intenacional tiene una especial fijación con España. Aprovecha cualquier ocasión para amargar la vida a políticos y financieros patrios y, de paso, ponernos a los españoles un poco más difícil la salida de la crisis. Si no tiene más remedio que reconocer que algunas cosas s están haciendo bien y que algunos datos son esperanzadores, lo hace y hasta sonrie por la comisura de los labios, pero a continuación coge a sus muchachos, esa caballería de diez mil guardianes de los dineros internacionales, y se lanza a una nueva cruzada contra lo hispano.
A madame Lagarde todolo que se ha hecho y se hace en España le parece poco. Es capaz de afirmar sin ruborizarse que las políticas restrictivas no parece que estén dando muy buen resultado en Europa y que convendría relajar los duros ajustes que se están realizando en algunos países, para añadir semanas más tarde que en España tenemos que bajar aún más los salarios, volver a reformar las leyes laborales, plantearnos la sostenibilidad de las pensiones y de los gastos de la Seguridad Social, que tenemos mucho gasto público, que se debe subir el IVA, que tenemos mucha deuda financiera y que los impuestos indirectos tienen que penalizar aún más los bolsillos de los ciudadanos.
Si no se hace todo eso y alguna cosa más que se les ocurrirá a los confortables caballeros del FMI, nuestra economía no bajará de un paro por encima del 25 por ciento hasta pasado 2018, es decir, otros cinco años más encabezando los ranking del desastre social en el Viejo y cansado Continente. Además la lucha contra el déficit la perderemos con lo que Europa tendrá que darnos nuevas prórrogas de ajuste de aquí a esa fe cha de 2018. Hay que reconocerle, por lo menos, que ha tenido la delicadeza doña Cristine de publicar su admonición despés del debate en el Senado, tal vez para que el presidente del Gobierno pudiera sacar pecho ante la oposición con las cifras del paro y la balanza exterior.
Estamos acostumbrados a que las profecias del FMI no se cumplan y que los datos que manejan chocan muchas veces contra la realidad, pero en los tiempos en que vivimos y en la Europa en la que nos movemos, lo que un país pierde lo gana otro. Y para los franceses, al igual que para los alemanes o los italianos, todo lo que sea colocar en el escenario de la crisis a España para ellos quedarse entre bambalinas esperando a que los tomates de los espectadores - ciudadanos les den a otros, es bueno para sus economías. Luego, en las reuniones cíclicas y decepciones de los jefes de estado y de gobierno, todos se saludan de forma muy cortés pero son incapaces de abordar los problemas claves, que no son otros que un reparto más equitativo de la riqueza, las resonsabilidades y la solidaridad. Algo, creo, que Cristine Lagarde maneja a la perfección, no en balde tambien ha tenido que enfrentarse a sus proopios demonios patrios con el escándalo de unos cuantos millones de euros protagonizado por Bernard Tapie.