25/05/2010.- Definitivamente hay que ser optimistas. Este es nuevamente el mensaje que nos envían a los ciudadanos desde el Gobierno.
Ser optimista es hacer descansar tu presente y tu futuro en la casualidad, el cálculo de probabilidades o lo que es peor, en la palabra del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
Ya no se trata de ser patriotas (que era la invocación que nos hacían a todos el presidente y sus ministros cuando, ciegos o mal informados, negaban la existencia de la crisis) ahora se trata de creer en la baraka como elemento premonitorio de cómo nos irá a los españoles en el futuro.
Un pueblo tiene un problema cuando liga su suerte al futuro de un dirigente, entre otras razones porque no hay tal que merezca la pena ser seguido incondicionalmente, y éste es el caso de Zapatero que ha apostado por convencernos a todos de que sin él no hay solución, cuando la única solución es cambiar democráticamente al dirigente que nos ha llevado hasta donde estamos, por incompetente.
Sin embargo no hay margen para la duda, entre otras razones porque el jefe del PSOE no tiene ninguna: “o yo o el caos”, parece decir, cuando lo correcto sería afirmar “yo soy el caos”.
Se resiste a hacer lo que ha dicho que haría. Se revuelve contra las exigencias de Bruselas. Da mítines afirmando que no cambiará nada y retrasa la publicación de las medidas que anunció en el Parlamento.
En el PSOE hay gente que, como no cree ni en la aspirina, es muy probable que haya dejado de fiarse de Zapatero, y por eso tal vez se estén tomando su tiempo porque, como las cosas sigan por donde van, dentro de dos años no hay ni partido ni país o, si queda algo, será difícilmente recuperable.
De aquí al 2010 o la suerte nos vuelve a ser favorable o habrá que pensar en que tenemos lo que nos merecemos.