OPINION

Aires de cambio en el Reino Unido

Jueves 02 de octubre de 2014

21/04/2010.- El 6 de mayo los británicos votaran en las elecciones más impredecibles, y abiertas, en los últimos treinta años, un período que ha estado dominado sucesivamente por la presencia de las dos figuras políticas más relevantes de la segunda mitad del siglo XX: Margaret Thatcher y Tony Blair. Paradojas de la vida política (sic transit gloria…) ni los laboristas quieren que Blair aparezca ni un minuto en esta campaña ni el líder conservador Cameron menciona ni una sola vez en sus intervenciones a la “Dama de hierro”.



Para los líderes de los tres grandes partidos (Brown, Cameron y Clegg) es la primera vez que acuden con esa responsabilidad de liderazgo a unos comicios. Los medios británicos están siguiendo con una minuciosidad atosigante toda la campaña. El resultado es que la suerte de las elecciones parece muy abierta, con un tercio del electorado todavía indeciso pocas semanas antes de acudir a las urnas.

Los problemas de los británicos, temas de la presenta campaña, son comunes a los de los demás europeos occidentales: la crisis económica, la difícil sostenibilidad del estado de bienestar, la inmigración incontrolada, la calidad de los servicios públicos…Esta vez, la descentralización del Estado no es un asunto acuciante pero sí la confianza en la clase política, muy dañada cuando se descubrió hace dos años el entramado de distintas gabelas del que disfrutaban los parlamentarios de Westminster. Muchos británicos creen que todos los políticos son iguales y eso pone las cosas mucho más difíciles a quien enarbole la bandera del cambio.

En este contexto se libra la batalla. Hace tan sólo un año parecía que la victoria de los conservadores iba a ser indudable: los tories habían encontrado por fin un líder joven, atractivo, centrado, David Cameron, que les iba a llevar a la tierra prometida del número 10 de Downing Street.Todo iba bien para Cameron hasta que empezó a hablar de economía y enunció las medidas a aplicar para salir de la crisis.

Cameron ha vuelto al mensaje en “político”: “Tenemos un programa moderno y progresista y es la confirmación de que el partido ha cambiado. Hemos vuelto al centro de la política británica y no nos moveremos de aquí”. Esta táctica le puede valer a Cameron frente al laborista Brown, todo un ejemplo de supervivencia, pero sobre el que pesa la losa del desgaste del laborismo en el poder, su escasa brillantez política y su falta de carisma personal.

Sin embargo, Cameron y los conservadores han encontrado con un adversario inesperado, el liberal Nick Clegg, sobre todo a raíz del primer debate entre los tres máximos dirigentes políticos (por primera vez en el Reino Unido). El sistema electoral británico (por distritos en los que the winner takes it all) castiga severamente al Partido Liberal: en las últimas elecciones obtuvo el 22 por ciento de los votos pero sólo el 10 por ciento de los escaños. En elecciones con otro sistema, las municipales, se han alzado con el gobierno de las diez principales ciudades del país con excepción de Londres.

A raíz del primer debate electoral algunas encuestas han situado a Clegg por delante de Brown. Veremos si este “éxito” es flor de un día y la noche del 6 de mayo se desinfla el suflé de Clegg. Pero también podría producirse la gran sorpresa. “Change that works for you” (cambio para tu ayuda), es el lema liberal en esta campaña, que busca el apoyo de los votos de centro izquierda más descontentos con el Partido Laborista. Clegg tiene valentía (ha especificado dónde recortar gastos), inteligencia, una excepcional esposa española y principios. Un anecdótico ejemplo de sus principios liberales: se confiesa ateo pero sus tres hijos reciben educación católica en respeto a que su mujer es creyente y practicante católica.



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