OLGA HERAS

La bicoca de la política

Jueves 02 de octubre de 2014

09/02/10.- Se puede considerar sin error a equivocarse que la política, con los tiempos que corren, se ha convertido en el único refugio laboral capaz de ofrecer estabilidad y una vejez boyante económicamente hablando.



La bicoca que supone ser un cargo público no es nada nuevo, pero en época de vacas flacas y con las listas del Inem creciendo (más de cuatro millones), por mucho que el ministro del ramo, Celestino Corbacho, se empeñe en ver ya el final de tan tenebroso túnel, han colocado los focos de la opinión pública sobre los privilegios y prebendas de que disfruta la clase política.

El “pensionazo”, ese que quiere hacer, con razón o sin ella, que la jubilación llegue a los 67 años, ha tenido la virtud de poner en solfa, por primera vez, las ventajas de que gozan nuestros políticos cuando se retiran del que llaman servicio público, sean estos  cargos municipales, autonómicos, diputados nacionales o altos miembros de la administración.

Tales son los privilegios de los que gozan, que un prestigioso bufete de abogados ha hecho un estudio sobre ellos, poniendo de relieve aspectos tales como que en algunos casos hay políticos que pueden llegar a cobrar hasta tres pensiones y eso cotizando tan sólo entre siete y once años. Así se explica que haya tiros a la hora de confeccionar las listas electorales.

De esa concentración de emolumentos se habló largo y tendido de la secretaria de Organización del PSOE, Leyre Pajín, de la que se dijo que podría llegar a cobrar tres salarios sustanciosos (unos 20.000 euros mensuales) cuando ocupara el escaño de senadora, a saber, el de ex secretaria de Estado, el de secretaria de Organización del PSOE y el del Senado. La número tres del Partido Socialista desmintió las habladurías, pero bien es cierto que éstas pusieron negro sobre blanco una realidad no tan infrecuente en la clase política, baste con recordar al diputado del PP José María Michavila que, aunque finalmente abandonó el Congreso, hacía caja con la cosa pública, en la que eran comidilla sus ausencias, mientras ejercía el pluriempleo en su despacho de abogados y como manager de Alejandro Sanz. Como se ve en todas partes cuecen habas y por eso todos guardan un sepulcral silencio sobre los deslices de los otros.

Pillados in fraganti los partidos han hecho, al menos cara a la galería, acto de contrición y se muestran dispuestos a “estudiar” la forma, que no saben cual puede ser, de apretarse el cinturón. Todo un detalle viniendo de quienes procede, pues si el ciudadano de a pie está obligado a cotizar 35 años para cobrar la pensión máxima, a ellos, y así se pone de manifiesto en el estudio, les basta y sobra con sentar sus reales durante siete años en el Congreso o en el Senado, por citar sólo algunos ejemplos de lo que bien podría calificarse de un plan de pensiones de lujo.

Eso sí, como gustan decir muchos de nuestros políticos, cualquiera de ellos cobraría más en la iniciativa privada que dedicando sus esfuerzos al servicio público, lo que hace inexplicable que haya codazos por obtener un escaño o una silla en el salón de plenos. Debe ser que llevan marcado en los genes el irrefrenable deseo de velar por los ciudadanos, qué otra cosa si no. 

 Sangrante resulta también, corriendo los tiempos que corren descubrir que nuestra ilustre clase política, así al menos se pone de relieve en el informe, no se ve obligada a tributar por un tercio del sueldo que perciben, pues esa parte de su salario se valora como indemnización por los gastos que lleva aparejado el cargo. El resto ya se sabe, a rascarse el bolsillo, aunque como el de Carpanta éste sólo tenga telarañas.

Así las cosas, habría que recomendar a los jóvenes que se caigan de una vez del guindo y sopesen seriamente si les merece la pena clavar los codos para asegurarse un futuro laboral mileurista opositando frente a miles de congéneres por una plaza de auxiliar administrativo  en el Ayuntamiento de Madrid, por poner un ejemplo. Lo más sencillo en estos momentos es salir corriendo hacia la sede de algún partido y solicitar la militancia, después tendrán que cuidarse, si es preciso dedicando horas y horas a tal empeño, en estar en el sitio y en el momento adecuado, para tener la oportunidad de saludar las “ingeniosas” ocurrencias del líder.