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La “insumisión” de los alcaldes a Garzón

Jueves 02 de octubre de 2014
Nerviosos, con gesto de circunstancia y en ocasiones esbo-zando una forza-da sonrisa ante la avalancha de cámaras, Jesús Sepúlveda y Ginés López, se enfrentaban la pasada semana al probablemente trago más amargo de toda su carrera política: pisar la Audiencia Nacional para res-ponder a las preguntas del juez Baltasar Garzón acerca de las dádivas obtenidas de Francisco Correa, el principal implicado del “caso Gürtel”. Un affair que no sólo se ha convertido en la peor pesadilla de muchos dirigen-tes del PP madrileño (la comisión de los espías es un problema que se da ya por amortizado), sino también del valenciano y de su presidente Francisco Camps. Sepúlveda y López, ex alcal-des de Pozuelo y Arganda, que han seguido los pasos de otro ya ex regidor, el de Boadilla, Arturo González Panero, prác-ticamente entraron y salieron de la Audiencia Nacional como un rayo, haciendo del silencio su particular muralla para sortear la munición judicial lanzada contra ellos. Los ex regidores populares, incluido Panero, vienen negán-dose a declarar ante Garzón, argumentando que el caso per-manece bajo secreto sumarial, aunque tal se diría que existen razones menos explícitas a la hora de boicotear la labor del magistrado, que enlazan directa-mente con el no reconocimiento de su autoridad jurídica, echan-do así más leña al fuego cruzado desplegado por el PP sobre la posición politizada y partidista del juez estrella. Lo cierto es que la Audien-cia Nacional está siendo una especie de vía crucis para una generación de integrantes de Nuevas Generaciones criados a la sombra de Aznar, bajo cuya tutela y la de un ambicioso joven llamado Alejandro Agag se conjuraron en el llamado “clan de Becerril”. Un grupo de jóvenes promesas, marchitados algunos en el reinado de Rajoy, otros en escalafones de secun-darios, como los consejeros de Aguirre, Lucía Figar o Javier Lasquetty, y unos cuantos más con riesgo de sentarse en el ban-quillo, como el caso de Panero, Ginés López, o el ex consejero y hoy diputado raso Alberto López Viejo. Canterano de Nuevas Genera-ciones es también ese prolífico y obicuo asesor llamado Tomás Martín, que repartía tiempos y esfuerzos entre Boadilla y Arganda, y cuya habilidad le ha ayudado a “evadirse” de la sede judicial sin que nadie, ni fotó-grafos, cámaras y plumillas, le viera cuando ha sido llamado a declarar. Pese a estar imputado, nadie ha logrado hasta el momento arrancar a Martín de su buen remunerado cargo en la EMSV de Boadilla, donde se le ha lle-gado a apodar como “el Roca de Boadilla”, puesto al que se aga-rra con uñas y dientes en espera de ser indemnizado. Una táctica de dilación que también están aplicando otros dos asesores de postín en el Ayuntamiento boadillense; Alfonso Bosch y José Galeote. Martín, según se cuenta, ya apuntaba maneras en las juventudes populares, hasta el punto que el entonces presidente de Nuevas Generaciones, Pedro Pingarrón, parece que puso sobre aviso a Génova del peligro futuro que podría suponer para el partido favorecer su carrera política. Advertencia que como se ve cayó en saco roto pues tras su paso como edil del PP en Getafe, Martín encaró una pro-metedora carrera como preboste de empresas públicas en varios municipios. Todo un espectáculo que tiene sus propios actores invitados, per-sonas con cierta aura en el Partido Popular como es el caso de Ana Mato, a quien los socialistas han intentado colocar bajo sospecha por extensión colateral, es decir por la vinculación matrimonial que tuvo en su día con Jesús Sepúlveda, a lo que la vicesecre-taria de Organización del PP ha respondido anunciando acciones legales contra un Tomás Gómez que ha llegado a compararla con Maite Zaldivar.Un clima político envenenado, que adquiere tintes tóxicos en la Comunidad madrileña, donde el debate político continúa centrán-dose en las supuestas corruptelas de los regidores del PP, los espías y el futuro de Caja Madrid, en el que el líder de los socialistas ha ido paulatinamente dando mar-cha atrás en su inicial apoyo a los estatutos de Aguirre, forzado por la batalla que contra ellos han planteado los sindicatos, espe-cialmente CC.OO, que en más de una ocasión ha pedido cuentas a Tomás Gómez en este tema. De lo demás, de lo que ocu-pa y preocupa a los madrileños, cuya situación laboral y econó-mica se deteriora sin remedio, pocos debates y algunas pala-bras que los políticos se cuidan muy mucho de acompañar con la correspondiente imagen gráfi-ca (ahí están las continuas foto-grafías de Esperanza Aguirre o Tomás Gómez con sindicatos y empresarios) para avalar su “dedicación” a solucionar los problemas de los ciudadanos. Increíble, pero cierto.