Jueves 02 de octubre de 2014
El Ayuntamiento de Madrid ha comenzado a prepararse para celebrar el año próximo el centenario de la Gran Vía, cuyas obras se iniciaron el 4 de abril de 2010 en presencia del rey Alfonso XIII.
El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, ha anunciado hoy la futura creación de una Comisión, a cuya presidencia de honor invitará a los Reyes, para definir, organizar y coordinar las actividades que conmemoren ese centenario.
En la comisión estarán representadas las áreas de gobierno de Las Artes, Economía y Empleo, Urbanismo e Infraestructuras, la Junta de Distrito de Centro, y los tres grupos municipales.
También formarán parte la patronal madrileña CEIM, la Cámara Oficial de Comercio e Industria y las asociaciones de Empresarios y de Amigos de la Gran Vía, así como las fundaciones Telefónica, Caja Madrid y Jacinto e Inocencio Guerrero por la importancia en esta avenida del edificio de la empresa de telecomunicaciones, del recién adquirido de la entidad financiera regional y del teatro Coliseum.
Quizá pensando en la reforma de la M-30, la gran obra de su primer mandato, el alcalde ha dicho que este centenario será "una magnífica ocasión para hacer un análisis de la importancia de las transformaciones urbanas que ha emprendido el Ayuntamiento".
Como ha recordado el alcalde, la historia de la Gran Vía se remonta a 1861, cuando la Puerta del Sol "estaba atascada" y el Ayuntamiento de Madrid comenzó a plantearse la necesidad de crear una comunicación adecuada entre el norte y el sur de la ciudad que evitara el paso por el congestionado kilómetro cero.
En 1886 se aprobó el Proyecto de Reforma Interior, redactado por Carlos Velasco, y se realizaron las primeras expropiaciones, aunque dificultades de carácter administrativo y la fuerte oposición de la opinión pública impidieron que el plan prosperara, prolongándose su construcción a lo largo de 64 años.
El primer paso para desbloquear e impulsar el proyecto fue la "Ley de Saneamiento, Reforma y Ensanche Interior", que se promulgó en 1895, declarando la obra de utilidad pública.
Tres años después, el Conde de Romanones, alcalde de Madrid, puso a cargo del proyecto a los arquitectos municipales López Salaberry y Andrés Octavio, y finalmente fue aprobado en 1904, limitado ya a los tres tramos que hoy se conocen.
Tras diversas dificultades económicas y administrativas, el Ayuntamiento decidió asumir la parte más gravosa de la operación -todo lo relativo a las expropiaciones- y adjudicar las obras a través de un concurso.
Fue en el año 1910 cuando el rey Alfonso XIII dio el golpe de piqueta con el que se iniciaría el primer tramo de la Gran Vía, entre la calle Alcalá y la Red de San Luis.
Su construcción, ha recordado Ruiz-Gallardón, fue la obra pública más importante que se realizó en Madrid en el primer tercio del siglo XX.
Se expropiaron 327 edificios en 30 manzanas, entre los que se encontraban algunos tan importantes como el convento de san José y el de Nuestra Señora de la Presentación, o el Teatro Lara.
También desaparecieron total o parcialmente muchas calles, como las de la Reina, San Miguel, Ballesta o Cruz Verde.
La operación afectó a una superficie de 142.647 metros cuadrados y supuso la formación de 32 nuevas manzanas, y de una avenida de casi un kilómetro y medio de longitud.
Las obras se prolongaron hasta 1927, cuando concluyeron las últimas demoliciones del tercer tramo, entre la plaza de Callao y la Plaza de España.
En 1952 se construyó el último edificio de esta larga intervención, el del número 72, que es en la actualidad el Hotel Washington.
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