Jueves 02 de octubre de 2014
Todos contra todos en lo que es ya la “melé”, sino definitiva sí definitoria, del PP, cuya supervivencia se tambalea por un duelo titánico de personalismos y poder. La crisis de los espías no ha hecho más que acelerar la lucha cainita, algunas veces larvada pero siempre presente, que subyace en este partido casi desde el minuto uno que el dedo de Aznar se posó sobre Mariano Rajoy para proclamarle sucesor. Los reveses en las urnas y la indefinición del gallego han terminado por activar la espoleta de esa bomba de relojería que dejó cargada el ex presidente del Gobierno, quien, por otra parte, en los últimos meses parece empeñado en sus comparecencias y en sus valoraciones desde las Faes en señalar el tiempo de la voladura de su otrora patrocinado. El Partido Popular se desangra sin que ninguno de sus dirigentes tenga la solvencia suficiente para atajar una guerra focalizada en el territorio madrileño, pero que está lacerando a este partido en todas las comunidades autónomas, como está quedando de manifiesto en las encuestas, incluidas las que se manejan en el propio PP, en las que se señala el retroceso de este partido frente al PSOE en intención de voto, pese a la que está cayendo económicamente. Eso por no hablar de los temores, más o menos hechos públicos, de los dirigentes de esta formación, que comienzan a dar por hecho que el PP “pinchará” en los comicios vascos y gallegos convocados para el uno de marzo, al socaire, dicen, de la fraticida contienda madrileña. Miedos que los barones autonómicos del PP expresaban esta semana a un Rajoy que, ni ante la debacle que se vislumbra, quita ni pone rey en las soliviantadas huestes de su partido (la propia Aguirre le ha instado a que cierre filas entorno a ella en el “affair” mediático de los espías), más proclive el gallego a aplicar esa vieja receta de dejar pasar el tiempo para cicatrizar unas heridas, que algunos ya comparan de forma insistente, y cual aviso a navegantes, con las que en su día provocaron la descomposición de la histórica UCD. Y es que la agonía del PP a día de hoy se antoja de impredecibles resultados, ya que la hipotética caída de la “lideresa” de los populares, que se defiende con uñas y dientes de los ataques, no parece quevaya a dejar indemne tampoco a Mariano Rajoy, aunque él parezca acariciar la idea de que neutralizada Aguirre, y con un Alberto Ruiz Gallardón deseoso de acceder al cetro presidencial de su partido pero sólo por aclamación, su camino estaría algo más despejado a la hora de afianzar, en la medida de lo posible, un liderazgo que a estas alturas no pocos dan por finiquitado. Eso, o que el gallego, dando todo por perdido, quiera hacer su último servicio al partido contribuyendo a sacar del carril a quien lleva tiempo siendo una de sus más feroces críticas, para allanar así el camino a su sucesor. Tanto lo uno como lo otro no pasan de meras conjeturas en el hervidero político en el que se encuentra el PP. Rumores que vuelven a aludir a Rodrigo Rato como la única alternativa viable para acabar con la mala estrella que acompaña a este partido desde el 14-M del 2004. El ex gerente del Fondo Monetario Internacional guarda sepulcral silencio mientras se especula sobre sí sueña o no con regresar a la primera línea de la trinchera política, convertido en el mesiánico líder de un PP hastiado de ver, una y otra vez, como se diluye cual azucarillo cualquier posibilidad de acabar con la presidencia de Zapatero. El PP en caída libre y el PSOE, especialmente el PSM, acariciando el ansiado horizonte de la presidencia del Gobierno de la Comunidad de Madrid, cayendo como fruta madura en las manos de un Tomás Gómez que no parece querer fajarse en exceso con Esperanza Aguirre, aplicando la receta, que tan buenos resultados a dado a este partido, del buen talante. En los partidos hoy en la oposición del Ejecutivo autonómico madrileño, PSOE e IU, se hacen ya las cuentas de la lechera. Los socialistas se ven gobernando en la Real Casa de Correos, mientras que en Izquierda Unida se piensa bajo que premisas se establecería la negociación con el PSM, convencidos de que éstos no obtendrán la mayoría absoluta para gobernar en solitario, dado el techo electoral fidelizado de los populares de más del 30%. Sí este escenario finalmente se dibuja, no es descabellado vaticinar que las negociaciones entre Gómez y la coalición no serán un camino de rosas máxime teniendo en cuenta el alejamiento que viene produciéndose entre ambas formaciones desde el inicio de esta legislatura. IU se lo pondrá difícil al líder del PSM, pero que duda cabe que acuerdo, tarde o temprano, habrá, cristalizando con ello los peores augurios que se ciernen al día de hoy sobre el Partido Popular. Focalizada la vida política en los problemas de las huestes del PP y los supuestos espionajes, poco parece importar que en la Comunidad de Madrid se estén produciendo hechos tan insólitos como es el de la rebelión de los pequeños empresarios, en huelga de hambre unos, otro amenazando con quemarse delante de la puerta de un ayuntamiento, el de Loeches, al haberle llevado a la ruina los impagos municipales. El patrono convertido en punta de lanza de la sublevación contra la crisis, ante la debilidad del gran partido de la oposición y la pasividad de unos sindicatos que por el momento no parecen atreverse a dar el paso de ponerse a la cabeza de las quejas de los grandes perjudicados por esta debacle económica, los trabajadores.