RAUL HERAS

Sánchez, Feijóo y las matemáticas electorales durante quince años que miran al 29 N

Raúl Heras | Sábado 10 de octubre de 2026

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha elegido a su exvicepresidenta María Jesús Montero como directora de la campaña electoral del PSOE; enfrente tendrá al secretario general del PP, Miguel Tellado, elegido por Alberto Núñez Feijóo para ese mismo cometido. Para conseguir el mismo objetivo, que es la victoria de sus formaciones, parten de líneas de salida muy distintas, y todas las apuestas demoscópicas confirman que, con la inestimable y necesaria ayuda del Vox de Santiago Abascal, la suma de parlamentarios de la derecha en el Congreso estará por encima de los 190 escaños, muy lejos de los 120 que pueden obtener el PSOE y la amalgama que la otra izquierda intenta construir en torno al nuevo nombre de Frente Amplio. Ese agujero electoral y representativo de 70 asientos en el Congreso es prácticamente insalvable.



¿Qué necesita la izquierda para conseguir llegar a la meta de los 176 escaños —la mayoría absoluta en el Congreso— el próximo 29 de noviembre? Lograr que dos factores matemáticos actúen de forma conjunta en las urnas y que se puedan descubrir al analizar los resultados electorales de los últimos quince años, los que van de la última victoria del PSOE en 2008 a sus sucesivas derrotas en 2011, 2015, 2019 y 2023. Factores que se basan en el número de votantes y el nivel de abstención, con un apéndice que contempla la posición del resto de participantes en la carrera.

En 2008, con la abstención en un 26,15%, el PSOE de Rodríguez Zapatero ganó con 169 escaños, mientras que el PP de Mariano Rajoy se quedaba en 154. La Izquierda Unida de Gaspar Llamazares se hundía con dos escaños y la CiU de Artur Mas comenzaba su descenso a los infiernos con tan solo diez representantes. El PNV cumplía con seis y el resto eran pequeñas formaciones que iban desde ERC a Coalición Canaria. Repitió ZP en La Moncloa y se mantuvo tres años en el poder a base de pactos puntuales con otras fuerzas, sobre todo catalanes y vascos.

Tres años más tarde, con elecciones anticipadas por parte del presidente Rodríguez Zapatero, la abstención subía hasta el 31% y el Partido Popular, con Rajoy al frente, ganaba con comodidad y sentaba en el Congreso a 186 de sus candidatos por tan solo 110 del PSOE, que se presentó con Alfredo Pérez Rubalcaba como líder. Los populares llevaron esa mayoría absoluta al Senado con 136 representantes y, tras las elecciones autonómicas y municipales, el nuevo presidente, Mariano Rajoy, se convirtió en el dirigente con más poder territorial de España. Se recuperaba Izquierda Unida con once escaños y aparecía la izquierda radical vasca con siete, que superaba al Partido Nacionalista Vasco en dos escaños. Menor participación en las urnas, mayor movilización en la derecha con prácticamente el mismo número de españoles con derecho a voto.

En 2015 aparece por primera vez Pedro Sánchez como candidato del PSOE frente al PP de Mariano Rajoy. La abstención sube seis puntos y el PP pierde sesenta y tres escaños en el Congreso y doce en el Senado, una situación que no se traduce en mejora para los socialistas, que también pierden en ambas cámaras: veinte asientos en el Congreso y uno en el Senado. Es el gran año del recién nacido Podemos, que llega a los 69 escaños en el Congreso y sueña con el “sorpasso” al PSOE; y los efectos del fin del bipartidismo imperfecto permiten a Ciudadanos y Albert Rivera sentar a cuarenta de los suyos en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo.

Las batallas dentro de Podemos se producen de inmediato y el bloque de profesores universitarios que deseaban cambiar España se agrieta y acaba con una dirección bicéfala en la que Pablo Iglesias e Íñigo Errejón contemplan cómo se marchan, con amargura, quienes fueron sus compañeros. Estamos en 2019 y las diferencias estratégicas de Iglesias y Errejón les llevan a pactar con Izquierda Unida como forma de lograr más representantes en el Congreso. Se equivocaron. La abstención aumentó hasta el 33,7% y el castigo de los ciudadanos no acudiendo a las urnas alcanzó de lleno al PSOE, que se quedó en 117 asientos en el Congreso, tres menos que cuatro años antes, mientras que el PP, con Pablo Casado como candidato, se recuperaba del batacazo anterior y llegaba a los 89 asientos. La alianza de Podemos e IU en torno a la Unidad Popular bajaba a 26 y Santiago Abascal colocaba a 52 parlamentarios de Vox en la Cámara Baja, el mejor resultado de su existencia hasta la fecha en este 2026. ¿Quién se hundió de forma abrupta? Ciudadanos, lo que llevaría al posterior abandono de Rivera de la dirección y a su sustitución por Inés Arrimadas.

Con Pedro Sánchez sentado en el gran sillón de La Moncloa desde junio de 2018, gracias a su victoria en la moción de censura, los comicios de 2023 vuelven a reflejar una gran abstención, muy parecida a la de 2019 y con prácticamente la misma población con derecho a voto. Ese año nace la mayoría absoluta producto de los pactos acordeón del líder del PSOE a su izquierda, a su derecha y con los nacionalistas de todos los colores. Gana el PP de Núñez Feijóo, que llega desde Galicia para transitar por lo que parecía un camino seguro a La Moncloa y contempla cómo sus 137 escaños, más los 33 de Santiago Abascal y los dos de la CC de Cristina Valido y de la UPN de Alberto Catalán, no alcanzan los 176 necesarios para lograr la investidura. La nueva Sumar de Yolanda Díaz baja a 31 escaños, pero consigue que su grupo tenga su vicepresidencia y otros cuatro ministerios. Hasta hoy.

Las encuestas de antes y después de los escándalos de corrupción dentro del PSOE y del estallido de las movilizaciones por el alquiler y la vivienda arrojan una clara y contundente ventaja del PP y Vox, que tendrían en torno a los 200 escaños, mientras que el PSOE podría mantenerse entre los 115 y los 120, pero sin el necesario apoyo a su izquierda de la otra izquierda que, rota en pedazos, no pasaría de los quince representantes en el Congreso, muy lejos de los necesarios e imprescindibles 31 que necesitaría Pedro Sánchez para intentar una nueva coalición transversal que lograra dos cosas: impedir la mayoría absoluta de la doble derecha y negociar una nueva bajo la presión de los nacionalistas a nivel económico y de su otra izquierda a nivel social. Habrá que esperar al 29 de noviembre con demasiados nervios y muchos deseos de tener un sillón durante cuatro años.

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