Desde el despacho del presidente de Castilla-La Mancha se ven con claridad los cigarrales que se extienden hacia los Montes de Toledo. Fuensalida, antes de convertirse en sede de la presidencia autonómica, fue palacio ocasional para la emperatriz Isabel de Portugal, muerta tras dar a luz al último de sus siete hijos, que también falleció. Antes y tras casarse con el emperador Carlos V, tuvo que ejercer de regente de las coronas de Castilla y Aragón. Amor, poder, negociación y muerte están escritos en sus paredes. Esa es una parte de la vieja historia.
El palacio lo construyó Pedro López de Ayala y Castañeda, al que llamaban “el Sordo” sus contemporáneos, que, por aquellas costumbres del siglo XV, no dudaron en llamar a su sucesor “el Tuerto” por haber perdido un ojo en la batalla de Antequera. Nobles pegados a la Corona que llegaron a sumar hasta ocho títulos nobiliarios entre condes, marqueses y duques, hasta llegar a María de los Ángeles Pérez de Ayala y Becerril, “Cati” para sus amigas, socia del bufete Garrigues y experta en derecho financiero. Está a la espera de que se lo concedan antes que a otro de sus cuatro hermanos. Los títulos tienen tanto peso como largo sea el resultante de la suma del linaje.
Ya en democracia, el primer presidente de Castilla-La Mancha lo rehabilitó como sede oficial y en esa condición sigue tras otros dos “jefes” y una “jefa” que rompió durante cuatro años el poder del socialismo. Tras 45 años, la izquierda ha gobernado la región y el actual mandatario quiere hacerlo durante cuatro años más, por lo menos. De esos cuatro decenios y medio, Emiliano García-Page lleva 38 pegado al poder y aprendiendo de uno de los grandes magos de la política española. Con José Bono subió todos los peldaños de la escalera y está a la espera de que Pedro Sánchez se caiga del último para conseguir lo que no pudo hacer su mentor: convertirse en secretario general del PSOE y luchar por la presidencia del Gobierno de España.
La habilidad de su antecesor para “independizarse” de las batallas de Madrid y buscar una imagen propia dentro del socialismo que le ayude a ganar sus propias elecciones la tiene muy aprendida y la demuestra cada 24 horas. Bono se peleaba con Borrell por Cataluña y García-Page lo hace con Illa por las mismas razones. En ese “revival” interno del socialismo siempre aparece Felipe González. Antes, para que Bono se alejara de Alfonso Guerra; y ahora, para que Page sea el ariete contra Pedro Sánchez. Y los dos “manchegos” comparten gustos turísticos por Marruecos: en la Navidad de 2023, Ceuta les sirvió de ciudad de paso.
Me consta que el que fuera presidente conocía la historia de Fuensalida y los “motes” que les pusieron a los dos primeros condes, a uno por oír mal y al otro por ver con un solo ojo. Son estos tiempos tan revueltos como los que se vivieron bajo los reinados de Carlos I y Felipe II. Hacía falta tener todos los sentidos en alerta, escuchar con atención y no perder de vista el blanco. Otro Carlos y otro Felipe representan hoy la monarquía en la que ha crecido Emiliano García-Page. Buen momento para pensar en los López de Ayala y en la larga historia familiar que les llevó a pactar siempre con la Iglesia y a llevarse mal con las reinas. Fuensalida tuvo su época negra al convertirse en patio de vecindad y cuadra para las caballerías por el abandono en el que lo dejaron.