RAUL HERAS

Felipe VI se pone al frente de la Defensa militar de Ceuta

Raúl Heras | Miércoles 09 de septiembre de 2026
La fotografía y la nota oficial de la reunión del Rey con los mandos militares “ operativos” en el palacio de La Zarzuela, acompañado por la ministra de Defensa es todo un mensaje sobre lo ocurrido en Ceuta.

Felipe VI ya se ha reunido con Pedro Sánchez y con Alberto Núñez Feijóo para analizar el problema de la ciudad española y la cita militar hay que verla en dos dimensiones: una de caracter interno hacia las propias Fuerzas Armadas y la sociedad española; y otra hacia Marruecos y su Rey. Una demostración de unidad y fortaleza que se aleja y mucho del debate que esté mièrcoles se ha mantenido en el Congreso de los Diputados. Serenidad por un lado y tensión política por otro.

Felipe VI ha dado un nuevo paso en su implicación en la crisis de Ceuta al reunir en el Palacio de La Zarzuela a la ministra de Defensa, Margarita Robles, y a algunos de los principales mandos militares españoles para examinar la situación de la ciudad «desde el punto de vista de la defensa», según la escueta nota difundida por la Casa del Rey.

En el encuentro participaron el jefe del Estado Mayor de la Defensa, almirante general Teodoro Esteban López Calderón; el jefe del Mando de Operaciones, teniente general José Antonio Agüero; el jefe del Mando Operativo Terrestre, teniente general Julio Salom, y el comandante general de Ceuta, general de división Luis Jesús Fernández Herrero.

La cita adquiere un significado que va más allá de una reunión ordinaria de carácter militar. Felipe VI ya había analizado la situación de Ceuta con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, además de expresar públicamente su preocupación por lo sucedido y reclamar una respuesta «unida, clara y determinante».

La incorporación ahora de Defensa y de los principales responsables militares completa una secuencia institucional que eleva la crisis de Ceuta a un terreno distinto del estrictamente migratorio.

La cuestión empieza a contemplarse también desde la perspectiva de la seguridad nacional, la defensa y la capacidad del Estado para responder ante situaciones de presión exterior. Y eso modifica sustancialmente la lectura de lo ocurrido desde finales de julio.

La fórmula utilizada por Zarzuela no es menor. Hablar de Ceuta «desde el punto de vista de la defensa» coloca por primera vez de forma expresa el problema en una dimensión que va más allá del control fronterizo, la gestión migratoria o el enfrentamiento político sobre las responsabilidades de lo ocurrido.

La fotografía difundida por Zarzuela admite una doble lectura. La primera mira hacia dentro: hacia las propias Fuerzas Armadas, hacia la sociedad española y especialmente hacia los ciudadanos de Ceuta y Melilla.

El Rey hace visible que la seguridad de ambas ciudades forma parte de las cuestiones que afectan directamente al Estado y que su evolución está siendo seguida desde la máxima representación institucional. Es también una forma de trasladar respaldo y continuidad en un momento en el que la crisis ha generado incertidumbre y una fuerte confrontación política.

La segunda lectura mira inevitablemente hacia Marruecos. La Casa Real no ha presentado la reunión como una advertencia a Rabat y no existe ninguna declaración oficial que permita interpretarla de esa manera, pero resulta difícil separar la imagen del contexto diplomático en el que se produce.

Felipe VI, jefe del Estado y capitán general de las Fuerzas Armadas, aparece rodeado por la ministra de Defensa y por los responsables militares estudiando la situación de una ciudad española cuya soberanía Marruecos no reconoce. El mensaje puede ser sobrio, pero tiene una evidente dimensión exterior.

La presencia de Margarita Robles introduce además otro elemento relevante. La ministra de Defensa ha mantenido durante la crisis un tono más contundente respecto a Marruecos que otros miembros del Ejecutivo, mientras Pedro Sánchez ha insistido en que no existen pruebas suficientes para responsabilizar directamente a Rabat de haber organizado la entrada masiva de inmigrantes.

Ese contraste no implica necesariamente una contradicción dentro del Gobierno, pero sí revela distintos grados de intensidad en la interpretación de lo sucedido.

Defensa ha contemplado desde el principio la crisis desde una perspectiva más amplia que la mera gestión fronteriza, vinculándola también a cuestiones de seguridad y a la necesidad de analizar el comportamiento de Marruecos durante los acontecimientos.

El propio Sánchez ha introducido este miércoles un matiz importante en su discurso. Durante su entrevista en televisión, el presidente reconoció que España debe mejorar su capacidad para hacer frente a posibles «ataques híbridos», una expresión que desplaza parte del debate desde la inmigración hacia la seguridad nacional.

Sánchez sigue rechazando que existan pruebas concluyentes de que Marruecos planificara deliberadamente lo ocurrido en Ceuta, pero admite que el Estado debe estar mejor preparado ante situaciones en las que puedan combinarse presión migratoria, desinformación, presión económica, ciberataques u otros mecanismos de desestabilización.

Ese reconocimiento da todavía más peso a la reunión de Zarzuela. Mientras el Gobierno empieza a hablar de amenazas híbridas y de la necesidad de mejorar la anticipación del Estado, Felipe VI reúne a Defensa y a la cúpula militar para analizar precisamente Ceuta desde una perspectiva defensiva.

El contraste con lo vivido este miércoles en el Congreso de los Diputados resulta evidente. Marruecos y Ceuta volvieron a convertirse en uno de los grandes escenarios de enfrentamiento entre Gobierno y oposición, con acusaciones de dependencia de Rabat, reproches cruzados y un tono especialmente duro entre Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal.

Frente a esa tensión, Zarzuela ha difundido una imagen completamente distinta: el Rey, la ministra de Defensa y los máximos responsables militares sentados alrededor de una mesa estudiando la situación sin declaraciones altisonantes y sin entrar en la confrontación partidista.

Son dos fotografías de una misma crisis. En el Congreso, la batalla política sobre responsabilidades y relaciones con Marruecos. En Zarzuela, una escenificación de unidad institucional y fortaleza del Estado.

Y esa diferencia ayuda también a entender el papel que Felipe VI parece estar asumiendo. No entra en la discusión sobre qué partido tiene razón ni sobre quién debe asumir responsabilidades políticas, sino que intenta situar la cuestión de Ceuta por encima del enfrentamiento partidista.

Las reuniones previas con Sánchez y Feijóo refuerzan además esa lectura. Felipe VI ha escuchado al Gobierno y a la oposición antes de sentarse con Defensa y con los mandos militares.

La secuencia no parece casual: Gobierno, oposición, Fuerzas Armadas y después, previsiblemente, Ceuta y Melilla.

El próximo movimiento puede tener todavía una mayor carga simbólica. Pedro Sánchez ha confirmado que Gobierno y Casa Real trabajan en una próxima visita de Felipe VI a ambas ciudades, una presencia que tendría inevitablemente una doble lectura.

Dentro de España sería una muestra directa de respaldo institucional a sus ciudadanos. Hacia Marruecos supondría también, inevitablemente, una afirmación de la posición española y de la implicación personal del jefe del Estado.

Felipe VI parece haber optado así por una sucesión de gestos medidos y progresivos. Primero, el seguimiento de la crisis; después, las conversaciones con el presidente del Gobierno y el líder de la oposición; posteriormente, el mensaje público de unidad; ahora, el análisis militar de la situación.

Y queda pendiente la visita a Ceuta y Melilla.

Si finalmente se produce, completará una estrategia institucional que busca proyectar serenidad, unidad y fortaleza del Estado frente a una crisis que ha dejado de ser exclusivamente migratoria para entrar de lleno en el terreno de la seguridad, la defensa y las relaciones con Marruecos.

TEMAS RELACIONADOS: