RAUL HERAS

El virus climático infecta la política y convierte en imposibles los pactos de estado

Raúl Heras | Lunes 27 de julio de 2026

Si cambiamos la palabra “cambio” por la de “mutación”, entenderemos mucho mejor lo que está pasando con el clima. La Tierra es un ser vivo que sufre mutaciones sucesivas desde hace milenios. Han desaparecido continentes y han aparecido otros nuevos; han desaparecido océanos y han aparecido desiertos allí donde existían junglas; han desaparecido civilizaciones, imperios, creencias y mitos. Y ese movimiento continuo sigue, sin detenerse. El clima está sujeto a ese vaivén histórico en el que la acción humana es un elemento más. La Tierra no cambia, sufre mutaciones.



Hablar de cambio climático como si fuera un dogma y convertir en herejes a todos los que no están de acuerdo con ese nuevo principio religioso tiene más de Inquisición que de ciencia. Y proyectar ese principio a la acción política —que no es otra cosa que una forma de estructura social evolutiva— es una forma de engaño, de la misma forma que lo fue el intento de alargar el miedo a las mutaciones del virus llamado COVID-19, que perseguía la producción continuada de vacunas para hacer frente a esas variaciones.

Claro que existió el virus, que sigue existiendo de la misma forma que existe el de la gripe, con sus anuales mutaciones que llevan a las vacunaciones obligadas y masivas. Los virus y las bacterias son tan viejos como la vida humana e incluso anteriores a esa forma antropomórfica del evolutivo antropitecus que se puso a caminar a dos patas. La historia de la humanidad es la de su propia e interminable evolución social, económica y política, acuerdos de poder sobre los que edificar los andamios legales imprescindibles para evitar la naturaleza bárbara de la especie y su competencia frente a otras.

Hoy, al igual que ha pasado en los últimos años y volverá a pasar en los que vienen de forma inexorable, los políticos, desde el poder o desde la oposición, insisten en el cambio climático como el gran responsable del desastre que ellos mismos han producido, sin aclarar que los “tiempos” humanos no tienen nada que ver con los “tiempos” de la naturaleza. Dentro de cien o mil años nada será igual a este momento, salvo que el poder representará al grupo que mejor sepa adaptarse a las mutaciones de la sociedad.

El cambio climático es puntual, una pequeña parte de la mutación global. La política es aún más puntual y temporal. El poder político se mueve en escenarios de pocos años. El Gobierno de hoy es la oposición de mañana, y al revés. En España ya estábamos viviendo una gran mutación de los esquemas y normas de la convivencia creados sobre la estructura territorial diseñada en la Constitución y que los propios dirigentes políticos han destruido con enorme constancia. El virus de la destrucción ha infectado todo el sistema y hace, y hará, imposibles los grandes acuerdos, que deberían abarcar varios periodos legislativos y cambios en los colores de los gobiernos. Si se pregunta a los ciudadanos su opinión sobre la necesidad de los pactos, la inmensa mayoría dirá que son necesarios, pero si a esos mismos ciudadanos se les pregunta si los creen posibles, con los mismos porcentajes, asegurarán que los consideran imposibles.

TEMAS RELACIONADOS: