El expresidente del Gobierno y el presidente de Castilla-La Mancha aprovechan cualquier escenario para pedir a su compañero Pedro Sánchez que convoque elecciones generales como respuesta a los casos de corrupción y a las condenas que se acumulan en los juzgados.
Felipe González y Emiliano García-Page son conscientes de que una cita con las urnas, en estos momentos, llevaría a la derecha española al poder. Y son conscientes de que lo más probable es que el PSOE se derrumbara y estuviera en la oposición durante al menos dos legislaturas. A ninguno de los dos le gusta Pedro Sánchez y ambos creen que es el culpable de la caótica situación y de la mala imagen global del socialismo español. González se olvida de su pasado y de los escándalos que acompañaron su presidencia; y Page quiere defender su futuro en el Palacio de Fuensalida y hasta su posible llegada a la Secretaría General del PSOE.
Se han convertido en dos enormes piedras dentro de los zapatos del actual presidente del Gobierno. Ningún ataque, ninguna mención a las corrupciones del Partido Popular y, en cambio, una enumeración precisa y sostenida de los casos que debilitan a su partido y colocan a su máximo responsable en una posición crítica, que cada día se agrava.
Creen que lo mejor para España es un cambio de ciclo y que es hora de que el PP regrese al poder de la mano de Núñez Feijóo: el poder que perdió un gallego y que recuperaría otro gallego. Son un peso enorme para Sánchez y se verá en el próximo Comité Federal del PSOE. Tienen más información que el resto de la clase política y defienden sus críticas a Sánchez desde la convicción “informativa” de que lo peor para las siglas del partido que fundara Pablo Iglesias está por llegar.