Con enorme claridad se lo ha dicho a Núñez Feijóo la portavoz de Junts en el Congreso: si quiere los votos de sus siete parlamentarios, tiene que ir a negociar un posible acuerdo con Carles Puigdemont en su “residencia” de Waterloo. Un intento de humillar al presidente del PP ante la insistencia de este en que apoye su posible moción de censura. Feijóo no debe ir, no puede ir ni le interesa ir. Volvería con el mismo no que tiene ahora y aparecería, a los ojos de sus militantes y votantes, como un dirigente débil y con prisas por echar a Pedro Sánchez del poder.
Míriam Nogueras insiste un día sí y otro también en que el Vox de Santiago Abascal es la toxina que impide cualquier acuerdo con el Partido Popular. Lo dice mientras pide lo mismo que los populares: elecciones generales antes de que termine este año. La diferencia está en que, ahora, abre un camino para el líder del PP: buscar un candidato “externo”, de consenso entre los partidos que desean la cita con las urnas, con un único punto en su programa: disolución de las Cortes y convocatoria electoral inmediata.
A ese hipotético candidato le podrían dar sus votos no solo los 137 parlamentarios del PP y los 33 de Vox, también podrían dárselos los siete de Junts, los cinco del PNV, los dos de Coalición Canaria y Unión del Pueblo Navarro y, puestos a soñar, hasta algunos del propio Partido Socialista que deseen acabar con la etapa de poder de su secretario general.
Un camino tan posible como improbable. Es un simple juego de magia: ahora ves los votos, ahora ya no los tienes. La impaciencia siempre es mala en los negocios y la lucha política se ha convertido en un negocio en el que se compran y venden los apoyos a cambio de puestos de poder, que terminan rápidamente siendo puestos remunerados.
Encontrar un nombre que sea aceptado por una mayoría de las fuerzas políticas, y que él mismo esté dispuesto a cumplir con esa misión de “verdugo” parlamentario, se antoja casi un imposible. No puede ser un técnico; tendría que ser un político ya retirado, con experiencia, credibilidad y compromiso, un auténtico “mirlo blanco” que pudiera sumar los escaños de cinco o seis colores. Para esa búsqueda no se necesita ir a Waterloo.